El león no es como lo pintan – Capítulo 7

Capítulo 7: «Los chacoteros sentimentales»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Nota importantísima de Saltamontes: ¡Eeehhh!… bueno, lo que yo quería decirles es que para poder hacer este capítulo hubo que cambiar un poquitín, chiquitito achí, el carácter de uno de los personajes, ¡adivinen de quién!… je, je… sí, él mismo, porque si no, el capítulo no le vendría al nombre o viceversa. En consecuencia y si no les gusta, Kamehas, Masenkos, Energy Has y/u otros los compartiré con Alicel (¿que quién es?, eso se los cuento otro día), que es en parte responsable del soberano desastre de este capítulo, de todos modos yo espero que les guste, así que ¡ahí les va!… y que Dios nos proteja. Por su atención y comprensión, muchas gracias.


En la cocina, Trunks le contaba animadamente a Bulma sus planes para el fin de semana, los que eran muchos, tantos que Bulma comenzó a pensar que para realizarlos necesitarían más de dos semanas. De todos modos ella se sentía muy feliz de que Vegeta compartiera con su hijo todo ese tiempo y decidió que para que fuera más completo, ella aprovecharía de pasar unos días en la playa junto a sus padres.

Con la ayuda de Trunks, Bulma puso la mesa y los tres se sentaron a cenar. Trunks se devoró la comida y faltó poco para que acabara con la de sus padres también. Por fortuna, su precavida madre había preparado aparte un tonel de arroz para casos de emergencia como éste.

Una vez que terminaron, Bulma ordenó a Trunks que se fuera dormir porque al día siguiente tenía clases, pero con lo consentido que estaba esa noche, pidió permiso para quedarse más rato en pie. Era difícil decirle que no, se veía tan tierno con ese pijama en forma de buzo lleno de dibujos de conejitos, con una colita igualita a la de Bugs Bunny e incluso con patitas de ídem que le permitían desplazarse sin pantuflas por toda la casa y que Vegeta odiaba desde lo más profundo de su corazón, porque decía que no era ropa digna del hijo del Príncipe de los Saiyajines, pero por sobre todo, porque se lo había regalado Goku en su cumpleaños.

  • Por favor, mamá, un ratito más –le pedía tirándole el delantal–. Por favor, por favor.

Bulma miró a Vegeta, pero éste se había hecho el desentendido y comía manzanas distraídamente.

  • Está bien, Trunks –accedió Bulma–. Pero sólo hasta que termine de limpiar la cocina y te quedas en tu habitación ¿de acuerdo?

Trunks aceptó muy feliz y para variar se fue corriendo. Bulma se puso a lavar la loza mientras Vegeta terminaba de comer. Pasaron unos minutos, él se levantó a dejar su plato y cuando pasó por detrás de Bulma ésta sintió una suave palmada que la hizo saltar.

  • ¡Vegeta! –se volteó muy sorprendida con un plato en la mano–. ¿Qué, qué fue eso?
  • A mí me pareció muy claro –respondió él tranquilamente.
  • Pero es que tú no acostumbras a hacer esas cosas –siguió Bulma sonrojada–. ¿Qué te dio?
  • Eso fue por querer deshacer nuestro trato –le respondió Vegeta con una pícara sonrisa.
  • ¡Cielos, tú sí que eres una cajita de sorpresas! ¿Así que me estás cobrando?
  • ¡Oh sí!
  • ¿Qué pasaría con tu reputación si alguien te viera actuar así?
  • No viviría para contarlo.

Bulma rió y dio su palabra de cumplir su promesa cuando se desocupara, entonces se volteó para seguir con su quehacer cuando sintió que Vegeta le tocaba el hombro izquierdo. Al girar la cabeza para mirarlo no lo vio, entonces se giró al lado contrario recibiendo en los labios un beso de su Príncipe que lo tenía todo fríamente calculado.

  • ¿Y ahora qué? –preguntó Bulma soltando los platos.
  • Eso fue por querer dejarme sin mi postre.
  • ¡Vaya que eres estricto! ¡Me estás cobrando por todo! –exclamó con las manos en las caderas y mirada divertida–. ¿Se te antoja algo más?
  • Bueno, ya que lo mencionas –dijo Vegeta acercándosele y besando su cuello mientras sus manos recorrían suavemente su cuerpo.

Repentinamente Bulma sintió que estaba haciendo más calor en la cocina. ¿Se habría quedado el horno prendido?

  • ¡Espera! ¡Espera! –lo alejó rápidamente sintiendo que su corazón latía aceleradamente–. Tengo que terminar con la cocina y hacer que Trunks se acueste, así que lo siento mucho, pero tendrás que esperar.

Vegeta se quiso acercar de nuevo sonriendo traviesamente, pero Bulma puso entre los dos la silla más cercana.

  • ¡Ah! ¡Ah! ¡No te me acerques! Ya tendrás tu recompensa, ahora déjame terminar.

Bulma sabía de sobra qué tan peligroso era dejar que se acercara, porque de ese modo nunca terminaría de asear la cocina, ya que uno de los deportes favoritos de Vegeta era ponerla nerviosa y hacía un trabajo excelente. Se quedó justo a su lado mientras ella intentaba enjuagar los platos.

  • ¿No tienes nada mejor que hacer? ¿Entrenar?, ¿ver si está lloviendo? ¡Si quieres te presto un libro!
  • Eeeh… no, gracias.
  • Entonces busca algo en qué entretenerte, ¡pero déjame terminar!
  • Está bien.

Vegeta caminó hasta el medio de la cocina y se puso a meditar en qué podía matar el tiempo mientras miraba fijamente a Bulma, haciendo que ella no pudiera concentrarse en su labor y se pusiera cada vez más nerviosa, cosa que a él le causaba mucha gracia y razón por la cual Bulma siempre le inventaba nuevas máquinas de entrenamiento que ella llamaba juguetitos.

  • ¡¡Ya deja de mirarme!! –exclamó Bulma volteándose hacia él.
  • ¡Pero qué delicada eres!… está bien.

Aburrido de no tener nada que hacer porque la cámara de gravedad estaba hecha un desastre desde esa mañana y no podía entrenar ahí, recordó una pequeña entretención que había venido practicando desde hacía algún tiempo y que le daba excelentes resultados cuando quería conseguir algo de ella, sobre todo con el asunto de la camarita, y el ardid consistía en jugar al tiro al blanco con la vajilla que Bulma iba ordenando luego de secar. «¡Rayos! –pensó Bulma– esta es la quinta vajilla del mes. Si esto continúa así, tendré que comprar platos de cartón y vasos de plástico… ¿Habrá estado viendo películas de vaqueros?… ¡¡Hmm!!.. Ahora que recuerdo, las últimas cuatro veces fueron por… ¡¡Apuesto sobre seguro que otra vez descompuso la cámara de gravedad!!»

  • ¿Sabes que si Trunks te viera aquí jugando a matar mi vajilla te perdería todo el respeto? –preguntó Bulma, pues con Trunks Vegeta se mostraba muy serio y estricto.
  • Afortunadamente tengo buen oído y lo sentiría acercarse –respondió Vegeta, siguiendo con su jueguito.

«¡Y encima tiene respuesta para todo! ¡¡Uff!! –suspiró Bulma–. Cuando se pone así pareciera que en esta casa, en vez de un niño, tengo dos»

  • ¿Qué tal si vas a mirar la luna?
  • ¡Pero si ustedes no tienen luna!
  • ¿Quieres que llame a Goku para que te haga compañía? –preguntó Bulma con una gran sonrisa.
  • ¡¡Pero qué grande y hermosa luna hay esta noche!!… Está bien, me voy, pero no tardes mucho –cedió por fin Vegeta, marchándose.

Bulma continuó con lo que estaba haciendo y una vez que hubo terminado subió al cuarto de Trunks, a quien encontró muy entretenido jugando en su nave espacial.

  • ¡Hola, mamá! ¿La habías visto?
  • No, cariño, no había tenido tiempo –respondió Bulma observando los detalles que la hacían parecer una verdadera nave–. Está muy bonita.

Trunks se dedicó a mostrarle cada parte de la nave con todas sus funciones y estuvieron conversando bastante rato hasta que Bulma vio la hora y decidió que Trunks ya debía estar dormido.

  • Bien, Trunks, ahora sí métete en la cama, porque es muy tarde y mañana tienes clases.
  • Pero mamá…
  • Nada de peros, no quiero que mañana andes con sueño.

Bulma dejó a Trunks en su cama, le dio las buenas noches y salió de la habitación al pasillo, cerrando la puerta. No bien hizo esto, unas manos la atraparon, manos que conocía perfectamente sin necesidad de mirar a su dueño, porque parecía que tenían vida propia.

  • ¡Sorpresa! –escuchó que le susurraban al oído.
  • Tú sí que eres persistente –se rió Bulma suavemente.
  • Bueno, ¿y qué querías? Siempre te quejas de que me paso el día entero entrenando y tú en cambio te has pasado toda la semana encerrada en el laboratorio, y me prometiste que si iba a buscar tu dichoso proyecto valdría la pena, eso sin contar todas las calamidades que sufrí el día de hoy. Creo que merezco una buena compensación –dijo Vegeta besándola.
  • Sí, es verdad, ¡pero Trunks ni siquiera está dormido! –reclamó Bulma en un susurro.

Vegeta sonrió, de ésta no se le iba a escapar, la tomó en brazos y caminó por el pasillo, pero cuando llegaron a su habitación, siguió de largo.

  • ¿Adónde vamos? –preguntó Bulma con curiosidad.

Pero Vegeta no respondió, él simplemente siguió hasta que llegaron donde se guardaban las naves. Había dos; una de ellas era en la que Vegeta había viajado en busca de Goku cuando éste quiso quedarse entrenando en el espacio luego de la pelea con Freezer y la otra era una más nueva que Bulma y su padre habían construido hacía poco. A esta última la llevó Vegeta. La nave por dentro era muy parecida a la otra, llena de controles, fría y poco acogedora.

  • ¿Nos vamos a quedar aquí? –preguntó Bulma decepcionada.
  • Activación del programa uno –fue lo único que dijo Vegeta aún con Bulma en sus brazos.

Al instante la puerta de entrada se cerró herméticamente, las luces se atenuaron, los controles desaparecieron tras unos paneles, una alfombra cubrió el piso, apareció un pequeño panel de control y una suave música de fondo completó la ambientación.

  • ¡¡Wow!! –exclamó Bulma– ¡Cómo ha cambiado esta nave! ¿Y tú? –preguntó mirándolo– ¿cómo? ¿dónde? ¿cuándo?
  • Para que veas que sí tengo bien entrenadas mis neuronas –le respondió, haciéndola recordar la discusión por teléfono.
  • ¡Y vaya que sí las entrenaste!

Bulma sabía que su padre tenía que haberle ayudado en lo técnico, pero que toda la idea era completamente de Vegeta, era su firma.

  • Y hay más –dijo Vegeta, bajándola para presionar algunos botones del panel.

Del medio de la habitación se abrió una compuerta de la cual apareció una cama formada de pieles, tal como se usaba en los tiempos de guerreros legendarios, con una hermosa bandeja en medio que contenía una rosa roja y dos copas del mejor vino a la temperatura adecuada.

  • ¡Es la mesa más extraña que he visto en mi vida! –exclamó Bulma traviesamente, lo que no causó ninguna gracia al saiya.
  • ¡Veo que estás de muy buen humor… ahora! –dijo Vegeta al darse cuenta que su mujer estaba de un humor muy cambiante desde que llegó.
  • Estamos a mano –respondió Bulma vengándose por la pérdida de su vajilla recién comprada.
  • Toma, esto es tuyo –le dijo Vegeta ya un poco molesto, extendiéndole una caja.

Bulma abrió la caja, sacó unos papeles que cubrían el contenido y sonrió mientras del interior sacaba un hermoso vestido de fiesta color azul que hacía juego con ¿adivinen qué?… ¡Bingo!, sus ojos.

  • Tienes un gusto exquisito –y luego recapacitó–. Bueno, si estás conmigo es prueba de ello, pero dime ¿por qué me regalas esto? ¡Si tú no sales conmigo ni para los temblores, Vegeta!

«¡Paciencia! ¡Paciencia!» se repetía Vegeta, él trataba de mantener un ambiente romántico y ella insistía en hacer lo contrario, pero no desistiría y le entregó una invitación para dos personas a una fiesta de Gala con ocasión del año nuevo que en poco tiempo sería celebrado, acompañada de una anotación al margen que decía ¡Pero no te acostumbres!. Bueno, esto le demostraba cuánto la quería, pues si por él fuera, hubiera preferido pasar el año nuevo hasta con Goku que tener que ir a esa fiesta, pero sabía que a ella esas cosas le agradaban. Luego Bulma quiso probarse el vestido, para lo cual pidió a Vegeta que se volteara.

  • ¿Pero para qué? –le preguntó él con franca inocencia.
  • ¡Para darte la sorpresa de cómo me queda! –respondió Bulma un tanto molesta.
  • Aaahhh!, bueno –y Vegeta se volteó, mirándola de todos modos a través del reflejo del panel de control «je,je»

De más está decir que le quedó perfecto, pues como era ajustado dejaba ver su muy bien delineada figura.

  • Déjame ver –dijo Vegeta observándola con aire crítico–. Camina para allá… ahora para acá… gira…
  • ¿Y bien? –preguntó Bulma que ya se sentía como muñequita a cuerda.
  • Hmm… Sí, digna de un príncipe como yo –concluyó satisfecho.
  • ¡Oh! Muchas gracias, su majestad, no esperaba menos de usted –dijo ella haciendo una pequeña reverencia y luego tomando su postura normal añadió–. ¡Ahora ayúdame a quitarmelo, mira que está apretadísimo!

Bien, esa era la mejor parte, porque además el vestido venía con un pequeño detalle. Vegeta se puso frente a ella, la rodeó delicadamente con sus brazos y con uno de sus dedos presionó uno de los botones que abrochaba el vestido a su espalda, convirtiendo éste en una pequeña cápsula y dejando a Bulma sólo en sus prendas más íntimas.

  • ¿No te fascina hasta dónde ha llegado la tecnología de la Corporación Cápsula?, si quieres te doy la dirección –le preguntó con picardía, aún con ella entre sus brazos.
  • Definitivamente eres una cajita de monerías –dijo ella con resignación–. En realidad, mi príncipe, me doy cuenta que no te lo pasas las 24 horas del día entrenando.
  • En realidad sí lo hago, pero no sólo técnicas de combate.

Estuvieron intercambiando tiernas miradas, en las que se decían todo lo que se amaban, hasta que Vegeta tomó la palabra.

  • Me asalta una duda –dijo con cara de pregunta.
  • ¿Cuál? –preguntó Bulma extrañada.
  • ¿Vamos a conversar toda la noche? Si no para cambiar el vino por café y las galletitas que tu madre le dejó a Trunks –dijo haciendo que Bulma riera a carcajadas.

«Pensar que todos juran que Vegeta siempre es seriote, duro y cascarrabias… ¡supieran! ¡Bueno, yo también pensé lo mismo por un tiempo!, pero creo que soy la única persona en el mundo que ha llegado a conocer esta otra parte de su carácter. Realmente el león no es como lo pintan» –pensaba Bulma mientras él la miraba con cara de… «bueno, ¿y?»

Entonces ella respondió rodeando con sus brazos el cuello del guerrero mientras sus labios se posaban sobre los de él tierna y apasionadamente, respuesta que él pensaba nunca llegaría. Y como decía más o menos Harrison Ford en una de sus películas, el cielo se abrió, los ángeles cantaron, el tiempo voló y voló… y más tarde ambos yacían recostados sobre la cama de pieles; ella plácidamente acomodada en el poderoso brazo de su príncipe mientras acariciaba su pecho desnudo y bien formado por el duro entrenamiento y él tendido de espalda con la cabeza apoyada en su otro brazo. Estaban muy cómodos entregados al dulce descanso cuando un pensamiento se apoderó de Bulma.

  • Oye, Veggie –dijo llamando su atención.
  • ¿Hmm? ¿Te vas a quejar? –fingió Vegeta volteando su rostro hacia ella con cara de horror.
  • ¡No empieces! –reclamó ella molesta.
  • No te enojes, dime –la aplacó Vegeta acariciando suavemente su mejilla.
  • ¿Y estas pieles? –preguntó Bulma con curiosidad.
  • Te podría contar la historia de cada una de ellas –respondió el muy pícaro.
  • ¿A qué te refieres con eso? –preguntó Bulma abriendo tamaños ojos.
  • Hmm… bueno, si quieres saber puedo contarte –comenzó a decir Vegeta a quien ya se le había ocurrido una idea–, pero necesito una buena motivación para recordar.
  • ¿¿QUÉ?? ¿De qué tipo de motivación estamos hablando? –preguntó Bulma desconfiadamente.
  • No te preocupes, no es mucho lo que necesito –le dijo haciéndose el bueno, pensando para sus adentros que había muchas peleterías en la ciudad y él poseía una gran imaginación para cuando se le acabaran las reales. Además aprovecharía pedirle el arreglo de su apreciada cámara de gravedad, pues la última vez que la descompuso, Bulma le advirtió que no la compondría nuevamente.
  • No tienes remedio… ¡Bueno, ya! ¡Desembucha!

Luego de un largo silencio en que él trataba de recordar alguna palabra relacionada en cualquier idioma que conociera concluyó con un tímido «¿qué?»

  • Habla, cuenta, cuenta –dijo ella a modo de explicación.
  • ¡Aah!… Muy bien, elige –dijo Vegeta sentándose y señalando las pieles.

Bulma escogió una de las más grandes, suaves y bonitas.

  • ¿Y bien? –preguntó al ver que no le informaban nada.
  • Es que… la motivación depende del tipo de piel –dijo Vegeta con expresión traviesa besándola rápidamente en lo labios para que no protestara.

Y justamente en ese momento que el asunto se estaba poniendo interesante, se sintió la voz de Trunks desde afuera, que después de haber abierto y revisado cada rincón de la casa llegó al único lugar que le faltaba por revisar.

  • ¡¡Mamá!! ¡¡Mami!! ¡mami, mami, mami, mami! ¿Estás ahí, mamá? Esta cosa no se abre –reclamaba Trunks golpeando la puerta.

Mientras tanto, papá pensaba «Ésa es exactamente la idea», al tiempo que mamá pensaba «Es increíble que sea tan inoportuno», y luego, posando un dedo sobre los labios de Vegeta, Bulma le susurró –Shhhh, lo conozco. Si es realmente importante seguirá llamando, si no, se irá –concluyó frente a la cara de asombro del saiyajin.

«Bueno, papá debe estar adentro porque no tiene cámara y no hay nadie en la otra nave» –pensó el niño y luego dijo en voz alta– ¡¡Mamá!! ¡¡Papá!! Si están ahí, ya me bañé, tomé desayuno, me lavé los dientes y me voy a la escuela –y añadió como su madre le decía todas las mañanas–. ¡Chao! ¡Pórtense bien! –a lo cual sus padres apenas podían sofocar la risa.

Y así Trunks partió mochila al hombro pensando inocentemente «¿Para qué se encerrarán tan herméticamente? ¿Estarán haciendo algún tipo de experimento?»

  • ¡Hola Trunks! –lo saludó Goten junto a Gohan, quienes estaban esperándolo en la nube voladora–. ¿Y tu mamá?
  • No sé, parece que estaba con mi papá en la nave. Siempre se encierran en alguna parte –protestó Trunks–. ¿Y tu papá? ¿Por qué no vino hoy a buscarnos?
  • No sé, también estaba encerrado con mi mamá.
  • ¡Qué raro! ¿Qué es lo que harán?

«¡Ah, no! ¡Eso sí que no! –pensó Gohan–. No soy yo el que se los va a explicar. Bastante me costó a mí recibir una buena explicación. Yamcha y Krilin lo intentaron, pero aún no sé qué tienen que ver los pájaros y las abejas. Todavía no me queda claro, el Sr. Piccoro no me pudo explicar mucho, mi papá no estaba, mi mamá no me habló en una semana y Bulma me mandó a hablar con Vegeta que en realidad es una fuente de información rica y variada… ¡Sí!, es un trabajo para él, es todo un maestro en la materia»

  • Bien, chicos, ¡arriba! ¡arriba! No tengo toda la mañana, yo también tengo clases. ¿Hicieron las tareas? ¿Se lavaron los dientes? ¿Se lavaron las orejas? A ver esas manos, ¡mira cómo traes esas uñas! –hablaba Gohan como ametralladora mientras emprendían el vuelo rumbo a la escuela.
  • Oye, Trunks –dijo Goten–. Qué bueno que no estés enojado conmigo.
  • ¿Por qué? –preguntó Trunks intrigado.
  • Por lo que pasó ayer. No sabes en los problemas que me metí entre lo de tu papá y la escuela, y ahora estoy castigado.
  • ¿Castigado? –y Trunks recordó el triste episodio del día anterior–. ¡Ah, sí! Ahora que me acuerdo, Goten, por tu culpa mi papá me dio una paliza que todavía me duele ¡¡ASÍ QUE NI ME HABLES!! –le gritó Trunks dándole la espalda.

Esto hizo que el camino a la escuela fuera bastante silencioso, cosa que a Gohan le pareció muy bien. Y mientras tanto, dentro de la nave.

  • Parece que ya se fueron –susurró Bulma.
  • Sí –asintió Vegeta al sentir el ki de los chicos que se alejaban y luego añadió–. ¿Y nosotros en qué estabamos?… ¡Ah, sí! Ya recordé…

Bueno y nuevamente el cielo se abrió, los ángeles cantaron, etc. etc. y colorín colorado El león no es como lo pintan aquí se ha terminado.

 

F I N


Notas: ¿Más todavía?

  • Sí. Bien chicos, si este fic les ha gustado (bueno, aunque yo creo que si llegaron hasta aquí, así debe ser, no creo que sean masoquistas), quería avisarles que (si los Webmaster tienen la paciencia de seguir soportándome) este fic tiene una continuación de lo que pasó ese fin de semana entre Trunks, su papi y Cía.Nota (¡otra más!, pero ahora mía, de Mister Satan): Y esa continuación pueden hallarla en esta misma página   😉
  • Para los que no sepan lo que significa Chacota, dícese de jarana, algazara, jolgorio, alegría, sandunga, alborozo, o sea… ¡chacota!, más o menos Saltamontes y Cía. Ltda. Bueno y si aún así no les queda claro, remítanse al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española o les diría que vieran El Chacotero Sentimental, pero ni yo la he visto todavía.

 

 


El león no es como lo pintan – Capítulo 6

Capítulo 6: «No hay mal que por bien no venga»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Cuando Vegeta entró la habitación, estaba solamente iluminada por la luz del jardín que entraba por la ventana. Aún así pudo divisar un pequeño bulto que en ese momento se movía bajo las mantas de la cama. –¿Trunks? –lo llamó suavemente, pero no hubo respuesta. Se acercó entonces sin hacer ruido y encendió la luz de la lámpara que estaba sobre la mesita de noche. –¿Trunks? –repitió corriendo suavemente el cabello que caía sobre el rostro del niño, que cansado por el llanto había cedido al sueño y al escuchar su nombre emitió un pequeño gemido. Vegeta se sentó al borde de la cama observándolo dormir. Realmente se sentía un canalla por lo ocurrido, pero sobre todo por no haber creído en su hijo, que a pesar de ser tan travieso siempre hacía de todo para que él se sintiera orgulloso de ser su padre y difícilmente le mentía.

Trunks comenzó a despertar cuando sintió que alguien estaba acariciando su cabeza. En un principio pensó que era su mamá, pero luego se dio cuenta que no, ésta era una mano más grande, más fuerte, ésta era la misma mano que… Abrió los ojos para cerciorarse, y al ver a su padre dio un respingo apartando bruscamente la mano de Vegeta y corriéndose al otro extremo de la cama, donde se quedó sentado, cruzado de brazos y el ceño bien fruncido. Trunks adoraba a más no poder a su padre, pero en ese momento no quería nada con él y mientras más lejos estuviera, mejor. «Esto va a ser más difícil de lo que creí», pensó Vegeta, que ya de por sí le costaba disculparse.

  • Escúchame, Trunks. Verás, yo… lo siento mucho, fui muy injusto contigo –dijo Vegeta tratando de mantener su orgullo lo más aplacado posible.

Hubo un silencio muy tenso. Trunks no articulaba palabra, solamente lo miraba de reojo y con resentimiento. Después de todo, de qué servía ahora que él lo sintiera.

  • ¿No vas a decir nada?
  • ¿Para qué si no me vas a escuchar? –respondió Trunks con enojo.
  • Ya te dije que lo siento, ¿qué más quieres?

Pero la cosa no era tan sencilla. Si Vegeta creía que lo iba a perdonar así de fácil, estaba muy equivocado, pensaba Trunks que había heredado gran parte del carácter y orgullo de su padre. Se sentía gravemente ofendido y quería desquitarse, aunque fuera un poco.

  • No me dejaste explicarte, no me creíste –dijo Trunks alterándose–. ¡Y me trataste de mentiroso!
  • Pero yo no sabía que…
  • ¡Y de rata cobarde!
  • Sí, lo sé, pero…
  • ¡Y encima de todo me pegaste!
  • Sí, pero…
  • ¡¡Y todavía me duele!!
  • No me lo harás nada fácil, ¿verdad? –dijo Vegeta poniendo la mano en sus ojos mientras movía la cabeza tratando de mantener la paciencia.
  • ¡NO! –respondió Trunks en forma tajante.

Vegeta se quedó pensando un momento qué podía hacer para compensar a Trunks y se le ocurrió una idea como si hubiera sentido una inspiración divina.

  • Escúchame, Trunks, tengo una idea –le dijo tratando de terminar definitivamente el asunto.
  • ¡¡NO ME INTERESA!! –replicó Trunks obstinadamente.
  • ¡¡MUCHO CUIDADO CÓMO TE DIRIGES A MÍ, MUCHACHITO INSOLENTE!! ¡¡RECUERDA MUY BIEN CON QUIÉN ESTÁS HABLANDO O YO ME ENCARGARÉ QUE NUNCA LO OLVIDES, PORQUE ENTONCES SÍ QUE TE LAS VOY A DAR!! –lo reprendió severamente Vegeta, que estirándose alcanzó a Trunks y lo alzó del pijama.
  • ¡Sí, sí, papá! –se apresuró a responder Trunks muy asustado comprendiendo que se le había pasado la mano en su pequeña venganza.

Vegeta lo arrojó nuevamente en la cama y se levantó para retirarse bastante fastidiado. «¡Eso me busco por disculparme con un infante!». Había dado unos pasos, pero Trunks reaccionó sobre lo que había hecho y corrió a detenerlo.

  • ¡Espera, papá, por favor no te vayas! –le pidió sumiso colocándose delante de él mientras lo detenía por la cintura y mirándolo directo a los ojos con sus ojitos llenos de arrepentimiento (Snifff!!). –Discúlpame, es que estaba muy enojado y perdí la cabeza, pero nunca más volveré a hablarte así, palabra.

Vegeta lo observó por un instante viendo que era sincero, entonces volvió a sentarse recuperando la calma. Pensándolo bien, Trunks siempre se dirigía a él con mucho respeto y era muy posible que en esta ocasión su sangre de saiyajin, su orgullo y los genes heredados de su madre y de él, le hubieran jugado una mala pasada. Como decimos aquí en mi Tierra, ¡se le paró la pluma! o para ir más ad-hoc con la serie, ¡le dieron los monos!

  • ¿Qué ibas a decirme? –preguntó Trunks más animado pensando que a lo mejor la propuesta era buena y que había estado tonteando al hacerse de rogar. Por lo mismo tenía el brazo de su papá bien agarrado para que no se fuera antes de comunicarle su plan.

Vegeta sabía que a Trunks le gustaba mucho pasar tiempo con él, y como a la semana siguiente saldría de vacaciones de medio año, le propuso lo siguiente: que él olvidaría el ojo morado que le había dejado en la mañana, como también el asunto de la mochila en el que casi se rompe el cuello, y por su parte Trunks lo disculparía por haberlo castigado siendo inocente. Además, si no le daba problemas el resto de la semana, le prometió que pasarían todo el fin de semana juntos, incluyendo el día lunes que era el primer día de vacaciones y la mejor parte es que el pequeño podría hacer su voluntad durante todo ese tiempo.

El rostro de Trunks comenzó a iluminarse, sus ruegos habían sido escuchados, su papá iba a dedicarle todo ese tiempo y sin prohibiciones… ¡¡¡¡HURRAAAA!!!! Se puso tan feliz y con una cara de tener tan grandes planes que Vegeta se empezó a preocupar seriamente pensando si había sido buena idea haberle dado tan amplia libertad, pero ni hablar, la promesa ya estaba hecha y tenía que cumplirla. A Vegeta se le podía acusar de muchas cosas, pero cumplía sus promesas o hacía lo posible por hacerlo.

  • ¿En serio, papá? –preguntó Trunks–. ¿De verdad podré hacer todo lo que yo quiera?
  • Eeeeh… sí –respondió Vegeta con una gota corriéndole por la sien.
  • ¿Y vas a jugar conmigo? –preguntó Trunks todo ilusionado–. ¿Y me podré acostar más tarde? ¿Y podremos…?
  • Sí, sí –respondió Vegeta cada vez más preocupado. «¡Oh, demonios, en qué lío me metí!»

Entonces Trunks comenzó a brincar de alegría por toda la cama, gritando a todo pulmón ¡¡VIVA!!, ¡¡BRAVO!!, ¡¡HURRA!! Y en ese arranque de alegría tomó desprevenido a Vegeta echándole los brazos al cuello en un abrazo tan fuerte que casi lo ahoga, lo cual era muy extraño, pues ya hemos dicho que Trunks se parecía mucho a Vegeta y no era dado a tales demostraciones de afecto, aunque existía la posibilidad que lo hiciera porque no había testigos… sí, yo creo que fue eso. El hecho es que lo abrazaba y le decía que era el mejor papá del mundo y que lo quería mucho y etc., etc., lo cual hizo mucha gracia a Vegeta, quien pensó que los niños eran personitas bastantes volubles. Minutos atrás Trunks lo había acusado prácticamente de monstruo malvado y ahora resulta que era el mejor papá del mundo. «¿Quién entiende a estos niños?». Y ya que Trunks seguía agarrado a su cuello sin intenciones de soltarlo, Vegeta terminó por abrazarlo también.

  • Ya, hombre, ya, si no es para tanto –dijo dándole suaves palmaditas en la espalda. «O por lo menos eso espero», pensaba tratando de imaginar qué grandes ideas estarían pasando por la mente de su hijo. Por otro lado estaba la tendencia de Trunks a meterse en problemas–. Además, Trunks, recuerda que para que yo cumpla mi parte del trato, primero tú debes cumplir la tuya, ¿está claro?
  • Sí –respondió el niño, disfrutando del momento.

Y esa bonita escena habría continuado si no hubiese sido porque el estómago de Trunks comenzó a reclamar comida estridentemente.

  • Mejor baja a comer algo –le dijo Vegeta–. Tu mamá está en la cocina preparando la cena.

Y qué le dijeron a Trunks, le faltaban piernas para correr y casi pasa por encima de su padre sin ninguna consideración, ya que el pobrecito no había comido prácticamente nada en todo el día, mas cuando llegó a la puerta, se detuvo en forma repentina.

  • A propósito, papá –dijo volteándose hacia Vegeta con una pícara sonrisa–. Ya que esta vez me castigaste injustamente, pues toma este castigo como adelantado para la próxima vez que sí me lo merezca.

Y no bien dijo esto, se hizo humo antes que su padre pudiera objetar algo, dejándolo boquiabierto.

¡Vaya! –pensó Vegeta divertido una vez que hubo reaccionado–. Este chiquillo es igual a su madre, de todas no se le escapa una… Bueno, por algo dice el refrán: de tal palo… –y se levantó para salir de la habitación.


El león no es como lo pintan – Capítulo 5

Capítulo 5: «Entuertos y desentuertos»

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La casa estaba hecha un desastre: Trunks lloraba en su cuarto y Vegeta trataba de calmarse cuando llegó Bulma, que habiendo sentido los gritos desde la calle se había apresurado a llegar a la casa. Al entrar casi se desmaya. «¿Pero qué fue lo que pasó aquí?», preguntó casi sin aliento al observar lo que alguna vez fue la sala. Vegeta estaba de espaldas a ella, entonces se le acercó preocupada. «Vegeta, ¿qué…?», pero no alcanzó a terminar la frase, Vegeta se había volteado hacia ella y «¡¡¡…JAJAJAJAJAJA!!! ¿¿Qué te pasó, Vegeta, dónde fue el carnaval que no me invitaste??», reía Bulma estrepitosamente sin poderse contener, lo cual no hizo ninguna gracia al Príncipe, que sentía cómo le hervía la sangre y despedía rayos por todo el cuerpo.

  • ¡¡Calla, mujer, que no hay razón para reír!! –gritó Vegeta– ¡¡Todo esto es tu culpa!! ¡¡Si no consintieras tanto a ese chiquillo, nada de esto hubiera ocurrido!!, pero desde ahora las cosas van a cambiar, ese niño necesita disciplina y yo me voy a encargar de dársela y ni tú ni nadie van a impedir que…
  • Ya cálmate, Vegeta –lo interrumpió Bulma haciendo grandes esfuerzos por contener la risa–. No entiendo nada, por favor explícame, ¿qué te pasó en la cara? Te ves tan chistoso… ¡¡¡JAJAJAJAJA…!!! –comenzó a reír de nuevo apoyando una mano en el hombro de Vegeta, mientras se doblaba tomándose el estómago con la otra y con lágrimas que corrían por sus mejillas a causa del ataque de risa.
  • ¡¡¡YA BASTA!!! –Vegeta estaba indignado– ¿Cómo te atreves a burlarte así de mí? –rugió agarrándola por los hombros. Su mirada era fulminante y Bulma se detuvo de inmediato.
  • Bueno, hombre, ya tranquilízate –le dijo–. Mira, ¿por qué no vamos a nuestro cuarto y ahí me explicas todo? Porque… aún tenemos cuarto, ¿verdad?
  • Sí, no te preocupes por eso.

Vegeta le contó su versión de los hechos a Bulma, de todas las desventuras que había pasado en su viaje al centro de la ciudad, de lo humillado que se sentía y que además no podía quitarse la maldita pintura.

  • Lo que pasa es que esa tinta es para pizarra, así que no sale con agua, pero sí con alcohol. Cuesta un poco, pero sale –dijo Bulma sacando el botiquín de primeros auxilios–. No te desesperes, yo te quitaré eso de la cara y de paso curaré bien esas heridas. Lo que me parece extraño es el asunto de Trunks.
  • Ya te dije que tienes demasiado consentido a ese hijo tuyo.

Esa última frase hizo saltar a Bulma como un resorte.

  • ¡Un momento! –exclamó Bulma–. ¿Qué quisiste decir con eso de «ese hijo tuyo»? Hasta donde yo sé, tú también participaste para concebir a Trunks.
  • Yo no niego eso, pero no es por mí que se está comportando de ese modo.

Bulma quedó boquiabierta, pero de inmediato la ira comenzó a reflejarse en sus ojos.

  • ¡Vaya! –dijo sarcásticamente– me estás acusando que toda la culpa es mía. No tenía idea de que los sayajines tuvieran la capacidad de programar sus genes para que sus hijos hereden de ellos solamente lo perfecto. Me parece por demás extraño, ya que no fueron ni siquiera capaces de salvar su planeta.

Ése había sido un golpe bajo. Vegeta cerró los ojos tratando de no alterarse, porque cuando Bulma quería podía volverse realmente insoportable y él ya tenía una jaqueca espantosa como para seguirle la discusión. Además, generalmente la dejaba gritar sin hacerle mucho caso.

  • Ustedes las mujeres todo lo enredan. Estoy diciendo que has estado malcriando a tu hijo, eso es todo.
  • ¡Todos los hombres son iguales! Cuando el niño se porta bien, se destaca en el colegio y gana torneos, entonces sí es TU hijo, pero cuando hace algo indebido entonces es MI hijo… ¡Habráse visto semejante desfachatez!

Y Bulma le plantó directo en la herida un algodón empapado en alcohol.

  • ¡¡¡AAAYYY!!! –gritó Vegeta apartándose rápidamente–. ¿¿Qué demonio se apoderó de ti, mujer??
  • ¡Tú empezaste!
  • ¡¡Se acabó!! ¡Entre tú y tu… Trunks me han hecho el día miserable y ya no estoy para aguantar más estupideces! –exclamó Vegeta con la intención de retirarse.
  • Espera, Vegeta –dijo Bulma recuperando la calma–. Mira, yo también tuve un día muy pesado y supongo que eso también me alteró el ánimo, ¡pero es que me molesté mucho cuando hablaste así! Además, tú sabes muy bien que Trunks, por muy travieso que sea, no te faltaría el respeto de ese modo y todavía más, conociéndote no se habría atrevido. Quizás sí fue Goten.
  • ¡Imposible! ¡Goten ni siquiera estuvo aquí!
  • ¿Estás seguro?
  • ¡Por supuesto que estoy seguro! –respondió Vegeta, ofendido.
  • Hmm, pues yo no –dijo Bulma pensativa–. En fin, primero terminemos con lo de tu cara y ya veremos lo otro.

Cuando Bulma terminó, guardó el botiquín y se encaminó al cuarto de su hijo, pero cuando estaba abriendo la puerta, Vegeta la detuvo.

  • Por cierto, Bulma –le dijo con una irónica sonrisa–. ¿Sabes dónde fue que encontré a Trunks?

Bulma se detuvo y volteó hacia Vegeta con cara de pregunta.

  • ¿No lo sabes? –continuó él–. El angelito estaba en tu la-bo-ra-to-rio… y sin tu consentimiento.

Bulma apretó la chapa de la puerta, inspiró profundo, pero no dijo nada y se retiró con rumbo al cuarto de su hijo para saber de su boca lo sucedido. Si algo sabía hacer Vegeta, era dejarla callada con dos palabras.


Gohan había llegado a su casa y se había retirado a su habitación que compartía con Goten, donde el pequeño le contó los acontecimientos del día con todos los pormenores y que estaba preocupado por no haber podido advertir a su amigo. Gohan compartió su preocupación «¿¿QUE HICISTE QUÉ?? ¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO? ¿ACASO QUIERES QUE NOS HAGAN POLVO A TODOS?» Supuso que las cosas podrían estar color de hormiga en la Corporación y podrían estarlo para ellos también. Resolvió que tenía que comunicárselo a Goku de inmediato y se encaminó a la puerta cuando el susodicho entró para darles las buenas noches.

  • ¿Qué les pasa? –preguntó cuando les vio las caras– ¿Quién se murió?
  • Espero que nadie todavía –dijo Goten.
  • Papá –le dijo Gohan–, tenemos un pequeño problemita, verás…

Y le contaron toda la historia a Goku, que recién ahora venía a entender la extraña apariencia de Vegeta, por decirlo de alguna forma.

  • ¡Pero hijo! ¿Cómo se te ocurrió semejante idea? –le preguntó Goku a su pequeño.

Goten le explicó que esa idea le vino a la mente cuando vio a Vegeta dormido y recordó la conversación sobre las caricaturas del colegio y que él sólo quería hacerlos felices a todos, en especial a Trunks. Goku sabía que Goten era muy ingenuo y comprendió que había actuado sin mala intención, pero le explicó que esas cosas sólo pasaban en la televisión y que no podía creerlas.

  • Pero y ¿cómo las esferas del dragón sí existen aunque parecen cuentos? Ni siquiera Videl podía creer en ellas hasta que vio a Sheng Long –reclamó Goten.
  • Ése es un buen punto, papá –opinó Gohan.
  • No me ayudes tanto, hijo mío –le dijo Goku con cara de odio.

Bulma abrió lentamente la puerta del cuarto de Trunks. La lámpara estaba encendida y encontró al pequeño bajo las mantas de su cama, todavía sollozando. Entró y se sentó al borde de la cama mientras lo acariciaba.

  • Mi chiquito –le dijo cariñosamente secando sus lágrimas–. Tu papá me dijo que te habías portado muy mal, ¿por qué?
  • Yo no fui, mamá –se defendió Trunks refregándose los ojos–. Yo no hice nada, Goten tuvo toda la culpa, pero mi papá no me cree, ¡es muy injusto!
  • ¿Seguro que no hiciste absolutamente nada, Trunks? –Bulma estaba probando a su hijo, mirándolo directo a los ojos. Si admitía lo del laboratorio, podría confiar en su palabra.

Trunks bajó la vista recordando que tan inocente no era; había quebrantado una prohibición que ella le había impuesto.

  • ¿Y bien, Trunks? ¿Qué pasa? ¿Por qué no me contestas?
  • Mamá –dijo Trunks tímidamente haciendo chocar los dedos índices– ¿sabes?, este, yo, bueno, eehh… je, je, pues yo… entré al laboratorio.
  • ¿Y se puede saber por qué, si te lo tengo prohibido? –preguntó Bulma muy seria.
  • Es que quería encontrar el radar del dragón. No te enojes, por favor.
  • Está bien, mi niño –le dijo Bulma acariciando su carita–, pero no vuelvas a entrar ahí sin mi permiso porque es un lugar muy peligroso.
  • Sí, ya me di cuenta –Trunks recordó el frasco de ácido–, y además no encontré el radar.
  • Porque lo tengo yo. ¿Ves cómo las cosas no son tan injustas como uno cree?
  • ¡¡Pero es que fue Goten el que le hizo eso a mi papá, no yo, y él me castigó a mí!! ¿Por qué nadie me cree? –y Trunks se largó a llorar de nuevo.
  • Pero si tu papá dice que Goten no estuvo aquí hoy.
  • Sí estuvo, nos vinimos juntos de la escuela y estuvimos aquí toda la tarde. Si no me crees, pregúntale al Sr. Goku; él vino a buscarlo.
  • ¿Y por qué no se lo dijiste?
  • Traté, pero no quiso escucharme, cuando le dije que había sido Goten se puso más furioso y me trató de cobarde y mentiroso.
  • Ya veo… Bueno, mi amor, ya no llores, te prometo que todo se va a solucionar. Ahora descansa, ha sido un día difícil para todos.

Bulma lo besó en la frente, lo arropó y partió de vuelta a su cuarto donde Vegeta la estaba esperando. Le confirmó lo que Trunks había dicho desde el principio, pero él no estaba del todo convencido.

  • Pues bien –dijo Bulma– hay una sola forma de averiguarlo: llamaré a casa de Milk.

Goku seguía hablando con Goten tratando de hacerle entender cuándo una idea es buena o cuándo puede resultar catastrófica. En eso sonó el teléfono y minutos más tarde se escuchó a Milk gritando como sargento de caballería: «¡¡GOKU, VEN A LA SALA!!»

  • ¡Uy!, aquí va a arder Troya –aseguró Gohan.

Y efectivamente así fue. Como Milk contestó la llamada, Bulma le contó lo ocurrido y luego pidió hablar con Goku que a su vez ordenó a Goten que no se moviera de su cuarto, por su propia seguridad.

  • Está bien, Bulma. No te preocupes, voy para allá –dijo Goku colgando el teléfono.

Milk por su parte juraba que su hijo era un rebelde sin causa y muchas cosas más y prometió darle un castigo ejemplar y no dejarlo volver a ver esos terribles dibujos animados norteamericanos que les llenaban de tonterías y violencia la mente a los niños.


  • Goku viene para acá –comunicó Bulma a Vegeta–, y me confirmó la versión de Trunks.

En ese momento apareció Goku frente a Vegeta, quien se encontraba sentado al borde de la cama y al verlo se incorporó rápidamente para tomarlo por el pecho.

  • ¡¡Kakaroto, maldito canalla!!
  • Espera, Vegeta…
  • ¡¡No sabes por todo lo que pasé!!
  • Es que…
  • ¡¡No te lo voy a perdonar!!
  • Pero Veg…
  • ¿¿Cómo no me advertiste??
  • ¡Lo hubiera hecho!, pero ¿cuándo escuchas a alguien? –terminó por fin Goku, soltándose.
  • 30/15 –dijo Bulma
  • Grrr… –refunfuñó Vegeta. Era cierto, él no lo había escuchado– ¿Y dónde está ese miserable clon tuyo?
  • No te preocupes por él, Milk se va a encargar.

Con eso era suficiente. Vegeta sabía de sobra que a Goten le caerían todas las penas del infierno o en otras palabras que el infierno sería un paraíso comparado con lo que le esperaba.

Goku les explicó toda la historia según lo que Goten le había contado, luego se despidió y se teletransportó a su casa. Bulma, por su parte, ordenó a Vegeta que se disculpara con Trunks, ya que el niño no había tenido nada que ver en el asunto, pero el príncipe se negó rotundamente. ¿Cómo él iba pedirle disculpas a un infante? En realidad sabía que era lo justo, pero su orgullo se interponía. Finalmente accedió hacerlo al día siguiente.

  • ¡Nada de eso! ¡Vas ahora mismo! Y mientras lo haces, yo iré a preparar la cena.
  • ¡Ja! Tú no puede obligarme –sentenció Vegeta orgullosamente, cruzando los brazos.
  • ¿Ah, sí? Pues muy bien –respondió Bulma muy manos en cadera–. Si no vas, puedes olvidarte del trato que hicimos esta tarde y te quedarás sin postre por el resto del mes –le dijo con una mirada que significaba «¡Y no me refiero a duraznos con crema!».

Ése fue otro golpe bajo, él ya había cumplido su parte del trato y ella se estaba negando a cumplir la suya y encima le quitaba su postre.

  • No te atreverías –le dijo Vegeta con cara de preocupación.
  • Prueba –dijo Bulma tranquilamente.

Acto seguido, Vegeta iba llegando al cuarto de Trunks murmurando infinidad de juramentos.


El león no es como lo pintan – Capítulo 4

Capítulo 4: «Las duras lecciones de la vida»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Habíamos dejado a Vegeta como un volcán en erupción. Emprendió el vuelo de vuelta a la Corporación a toda velocidad casi convertido en un SSJ X al cuadrado con todas las intenciones de destripar al insolente mocoso que había osado dejarlo en semejante estado. «¡¡¡ESTO SÍ QUE NO SE LO PERDONO!!! ¡¡¡YO, EL PRÍNCIPE DE LOS SAYAJINES, CONVERTIDO EN EL REY DE LOS PAYASOS!!!… ¡¡Cuando le ponga las manos encima…!!»

Mientras el Príncipe volaba a su hogar con esos dulces pensamientos, los niños ya se habían aburrido de jugar y estaban buscando alguna nueva entretención, pero no se les ocurría nada.

  • Podía pasar algo emocionante –decía Trunks con la mano apoyada en la cara mientras miraba por la ventana hacia el jardín.
  • Sí, ¿pero qué podría pasar? Habría que ser mago para que aconteciera algo interesante –le respondió Goten que estaba al lado de su amigo en la misma posición.

Hubo un momento de silencio y luego giraron lentamente la cabeza para mirarse mutuamente con cara de ¡¡no se necesita un mago!! Y exclamaron al unísono «¡¡Las Esferas del Dragón!!»

Sólo había que buscar el radar y se pusieron a revolver toda la casa para encontrarlo, pero no lo hicieron y comenzaron a pensar en dónde lo habría puesto Bulma, hasta que Trunks recordó que aún faltaba revisar el laboratorio.

  • Pero tu mamá te tiene prohibido entrar –le advirtió Goten.
  • Sí, pero ella no se tiene por qué enterar.
  • ¿Y si llega alguien mientras estamos en el laboratorio?

Eso era un problema, pero Trunks lo solucionó rápido: dejó a Goten vigilando por la ventana de la habitación mientras él buscaba el radar y, si alguien llegaba, él correría a avisarle. Concretado el plan de acción, Trunks corrió al laboratorio.

Habían pasado unos minutos cuando Goten vio la figura de Vegeta que venía acercándose y despidiendo rayos por los ojos y el resto del cuerpo. Al ver su rostro, vino a su memoria el episodio que había protagonizado hacía unas horas. Tenía que avisarle a Trunks, pero asustado como estaba, las piernas no le respondían y más aún cuando sintió un tremendo Ki que venía acercándose cada vez más. ¿Por qué Trunks no lo sintió?, bueno, es fácil, estaba más preocupado de encontrar el radar.

Cuando Vegeta estaba llegando a la habitación, Goten logró mover sus piernas y se escondió junto con su ki debajo de la cama.

  • ¡¡¡TRUNKS, DÓNDE DEMONIOS ESTÁS!!! –entró Vegeta completamente furioso abriendo la puerta de un golpe, pero ni luces de Trunks– ¡¡¡SAL DE DONDE ESTÉS AHORA MISMO!!! –nadie respondía– ¿¿Dónde diablos se metió este mocoso?? –rugía Vegeta mientras salía del dormitorio mirando para todos lados.

Finalmente se fue al baño de su propio cuarto para ver cómo quitarse esa horrible careta.

Goten sintió que Vegeta se había alejado definitivamente, pero se quedó un poco más en su escondite por si volvía. Cuando se sintió más seguro, abandonó la cama para advertir a Trunks, pero frente a él apareció Goku con la teletransportación.

  • ¡Papá! ¿Qué haces aquí? –le preguntó muy asombrado.
  • Hola, Goten. Oye, me costó mucho encontrar tu ki… Bueno, pero no hay mucho tiempo, debemos irnos ya. Mamá nos está esperando y está furiosa.
  • ¿Por qué?
  • Estuvo hablando con tu profesora –le respondió Goku muy serio– y no le gustó nada lo que le dijo, así que toma tus cosas y ven conmigo.
  • Pero papá… Trunks… tengo que…

Sin decir más, Goku tomó la mano de su hijo, con la otra se puso al hombro la mochila que reconoció como la del niño y se teletransportó donde estaba Trunks a quien encontraron con las manos en la masa, o sea, registrando los cajones del laboratorio de su madre que si lo hubiese visto lo castiga el año entero, pero como Goku no sabía que tenía tal prohibición, no le dio ninguna importancia.

  • ¡Hola, Trunks! –saludó Goku con su habitual cordialidad.
  • ¡¡Señor!! –saltó Trunks casi quedando pegado al techo– ¿Qué, qué está haciendo aquí?
  • Oye, Trunks –continuó Goku tranquilamente– tengo que llevarme a Goten, así que otro día siguen jugando, ¿sí?
  • Pe…, pero papá –trataba de explicar Goten– tengo algo muy importante que decirle a Trunks…
  • Se lo dices mañana –respondió Goku terminantemente–. Hasta luego, Trunks, salúdame a tu mamá –y acto seguido, desapareció junto con Goten.

En ese preciso momento se abrió la puerta del laboratorio, apareciendo Vegeta. Había sentido el poderoso Ki de Goku y fue hasta él para reclamarle por no haberle advertido sobre su aspecto cuando se encontraron en la tienda, sin querer admitir que Goku lo intentó, pero que él lo dejó con las palabras a medio decir. Aún permanecía con la cara manchada; intentó quitarse la pintura con agua, pero no hubo caso, no salía ni un poquito y estaba indignadísimo.

Como dije antes, Vegeta abrió la puerta en el momento que Goku se teletransportó y por consiguiente se encontró frente a frente con Trunks.

  • Así que aquí estabas –dijo Vegeta cruzando los brazos y esbozando una sonrisa que se traducía como «Ahora vas a saber quién es el Príncipe de los Sayajines»

Trunks quedó boquiabierto y luego lo miró pálido y espantado. Por una parte estaba en terreno prohibido, pero al parecer eso era lo de menos. De lo que sí se estaba dando cuenta es que su padre creía que él había cometido esa fechoría.

  • Papá… no creerás que yo… –empezó a decir Trunks tragando saliva y caminando lentamente hacia atrás chocando con un mesón y botando un frasco de ácido que traspasó el material de la mesa.
  • Yo no creo nada –respondió Vegeta empuñando las manos y caminando con una mirada aterradora hacia su hijo que se había protegido detrás del mesón–. ¡Esta vez sobrepasaste todos los límites, mocoso insolente!, pero yo te voy a enseñar a respetar a tu padre para que nunca más se te ocurra volver a jugarme otra broma –añadió con una voz demasiado suave y tranquila, que era más aterradora que cualquier grito.
  • Pero papá, yo nunca haría algo así, te lo juro –se defendía el pobrecito Trunks temblando de miedo, ya alguna vez había probado la mano de su papá, pero nunca en la vida lo había visto así, en toda la extensión de la palabra.
  • ¿Ah, sí? ¿Entonces quién hizo esto? ¿el hombre invisible, acaso? –preguntó irónicamente.
  • No, pero… –A Trunks le vino a la memoria la conversación que tuvo con Goten en la escuela y se le aclaró toda la película–. ¡Ya sé quién fue, papá, fue Goten… sí, él fue!

Si hubo alguna oportunidad de que Vegeta lo hubiera perdonado, esta respuesta había acabado con toda esperanza. De hecho fue la gota que rebalsó el vaso. No era posible que aparte de cometer semejante abuso, encima tuviera la desvergüenza de culpar a su mejor amigo que ni siquiera había estado en la casa, o por lo menos eso creía Vegeta, porque si recuerdan en ningún momento vio ni escuchó a Goten.

  • ¿¿¿CÓMO ES POSIBLE??? –estalló Vegeta abriendo tremendos ojos con las venas en su máxima extensión, tomándose la cabeza y sin poder creer lo que había oído– ¡¡¡Pensé que estaba educando a un hombre con el suficiente valor de enfrentar las consecuencias de sus actos y no a una rata mentirosa y cobarde!!!… ¡¡VEN ACÁ PARA DARTE TU MERECIDO!! –le ordenó corriendo el mesón que los separaba.
  • «Ni que estuviera loco» –pensó Trunks arrancando por una puerta lateral.

Mientras esto ocurría, en casa de Goten había otro problema. La profesora de Goten se había comunicado con Milk para informarle que Goten se había estado sacando malas calificaciones y que por tal motivo estaba condicional, es decir que podía reprobar el año, así que hasta no subir esas malas notas no podría seguir participando en actividades extraprogramáticas.

Milk estaba terriblemente furiosa. Goten había ocultado los exámenes y le aseguraba que todo estaba bien y ahora resulta que podía repetir. Milk regañó muy duramente a Goten tal como lo hacía con Gohan cuando niño, sólo que a Gohan siempre le iba bien. Goku sólo miraba la escena, no podía defender al niño puesto que había actuado mal, pero aún así pensaba que el asunto era solucionable.

  • Milk, ya déjalo –le dijo a su esposa– creo que Goten ya entendió, sólo es cosa que se ponga al día.
  • ¡Tú siempre lo estás defendiendo! –le gritó Milk–. Tu hijo es un irresponsable y a ti no te importa nada, ¿no te das cuenta de lo que ocurrirá en el futuro?. Nuestro hijo se convertirá en un rebelde sin causa, terminando en las calles, transformándose en un delincuente buscado por toda la policía y un día cualquiera podríamos encontrarlo muerto en algún lugar del planeta –lloraba Milk amargamente pasándose todas esas películas en Tecnicolor ante la mirada atónita de su esposo e hijo. Luego secó sus lágrimas y dijo en tono determinado– Pero yo no permitiré que eso pase… ¡Goten!, ¡Vete inmediatamente a estudiar! Pasarás el resto de la semana y las vacaciones de medio año sólo estudiando. De tu cuarto saldrás sólo para ir a la escuela y de allá te vendrás derecho a la casa hasta que subas esas terribles calificaciones, ¿te quedó claro?
  • Sí, mamá –respondió el pequeño con la cabeza gacha.
  • Ahora vete a tu cuarto –le ordenó tajantemente.

Goten se acordó que antes debía contarle a Goku lo que había sucedido en la Corporación e intentó hablar, pero cada vez que habría la boca para decir algo, Milk lo hacía callar y lo mandaba a su dormitorio, así que no tuvo más opción que obedecer y hablar con Goku cuando fuera posible.


Y en la otra casa, Trunks y Vegeta estaban jugando al corre-que-te-pillo, haciendo un recorrido turístico por toda la Corporación y convirtiendo el desastre de Namek en una simple remodelación. En cuestión de minutos, Trunks había aprendido todas las técnicas de escape posibles, incluso en una oportunidad se escabulló por entremedio de las piernas de su padre. Sin embargo, cuando llegaron a la sala quedó atrapado en un rincón, viendo cómo Vegeta se acercaba implacable hacia él. Entonces puso carita de Bugs Bunny a punto de ser comido, es decir, de «¡pobre de mí!», abriendo tiernamente sus ojitos llenos de lágrimas y encomendándose a Kami Sama. Esa táctica lo había salvado muchas veces en que había hecho alguna maldad muy, pero muy grande y su padre pretendía castigarlo como ahora, pero que al verlo así desistía. Sin embargo, esta vez el asunto era demasiado serio para Vegeta y no se conmovió.

  • Papá, déjame que te explique –le pidió Trunks, pero nada.

Al ver que el plan no le estaba dando resultado, intentó huir volando, pero fue atrapado en el aire e inmobilizado por el fuerte brazo de su padre mientras con la otra mano le propinaba severos golpes, lógicamente midiendo su fuerza y en zonas que al pequeño solamente le causaran dolor, pero ningún daño.

Para Trunks fue terrible, era la primera vez en su vida que su papá le daba una verdadera paliza. Vegeta no solía castigarlo físicamente y de hacerlo era un golpe y relativamente suave. Por lo general solamente lo amenazaba y regañaba, y si de castigos se trataba, le quitaba sus privilegios o no lo dejaba entrenar en la cámara de gravedad, que tanto le gustaba.

Trunks pensó, con toda razón, que era muy injusto lo que le estaba sucediendo. Se sentía muy humillado, incomprendido y traicionado por su mejor amigo, así que entre la pena, la rabia, la impotencia y la golpiza no aguantó y se puso a llorar.

«Suficiente», pensó Vegeta al oír el llanto de Trunks y de inmediato lo soltó, esperando en su interior no haberle dado demasiado duro al pequeño, porque hasta en los entrenamientos tenía cuidado de no golpearlo demasiado fuerte.

  • Espero que con esto haya aprendido que con su padre no se juega –le dijo muy serio, cruzándose de brazos.
  • ¡Pero si yo no fui! –lloraba Trunks amargamente– Goten es el culpable.
  • ¿¿TODAVIA CON ESO?? –preguntó Vegeta enojado– ¿Es que todavía no aprendes la lección, chiquillo mentiroso? ¡Vete inmediatamente a la cama! –le ordenó– Esta noche no habrá cena para ti.
  • ¿¿¿QUÉEE??? –gritó espantado el pobre de Trunks ante la sola idea de quedarse sin comer.

Hay que recordar que durante el día sólo había comido un sandwich y algunos dulces, porque Bulma no había preparado almuerzo; y un sayajin sin comida, pues es algo inimaginable, ¿no creen?

  • ¡No me puedes hacer eso! –reclamó Trunks.
  • ¡No me contestes y haz lo que te digo ahora mismo o tendré que ordenártelo de otra manera! –le advirtió Vegeta.
  • ¡¡Qué malo eres papá, eres muy malo, muy malo!! –le gritó Trunks corriendo hacia su dormitorio.

El león no es como lo pintan – Capítulo 3

Capítulo 3: «Aunque el mono se vista de seda…»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Como dijimos anteriormente, Vegeta se dirigió a la escuela de Trunks, que se encontraba en el centro de la ciudad; y debía apresurarse para llegar antes que Haruko se fuera. Durante el trayecto esperaba no tener que encontrarse con ninguno de los amigos de su mujer, ya era suficiente fastidio tener que salir de casa y tener que rozarse con seres humanos tan inferiores a él. Aunque por otro lado, no podía quejarse; había elegido una humana para compartir su vida formando una familia, cosa que él jamás imaginó que ocurriría. Ciertamente, en un principio no fue nada fácil, pero conforme el tiempo pasaba, ella y su pequeño hijo se habían ido ganando su duro corazón de algún extraño modo que él no comprendía considerando la vida que había llevado, ese pasado tan oscuro de muerte y destrucción, donde no existía más que la ley del más fuerte y siempre tenía que estar cuidándose las espaldas; y un buen día una simple humana (aunque ni tan simple, recordemos que es una genio) y algunos de quienes la rodeaban, le enseñaron que existía otro camino, uno que ni siquiera sabía que existía, ése que se llama amor y que abre todas las puertas. Así pues, le era casi imposible negarle algo, aveces se resistía, gritaba y pataleaba, pero al final, aún a regañadientes, accedía.

Estaba sumido en estos pensamientos cuando llegó a la ciudad en el tiempo calculado, pero no recordaba bien dónde quedaba la famosa escuela. Estuvo volando en círculos y finalmente decidió bajar. Había tres escuelas cerca, así que buscaría en las tres cuál era la correcta.

Lo primero que encontró al llegar a una de ellas, fue un grupo de niños de pre-kinder que se acercaron corriendo hacia él, riendo y jugando. Se le colgaban de los brazos y se le pegaban a las piernas. Más de alguno lo pisó y querían que los tomara en brazos. Además hablaban tan enredado que no les entendía, «Mida, un padacito», «indo padacito».

  • ¿¿Qué diablos les pasa a estos enanos?? –exclamaba Vegeta tratando de desembarazarse de los pequeños– ¡Suéltenme!, ¡suéltenme!, ¡ya déjenme en paz!

De partida, esa no era la escuela. Ésta era sólo para niños de pre-kinder.

Sin querer empujó a una pequeñita, la cual cayó al piso poniéndose a llorar. Se le acercó para ver si no la había lastimado y se agachó, entonces otros pequeños comenzaron a trepársele para agarrar la coronita que Goten le había puesto en la punta del pelo, y como no la alcanzaban algunos le agarraron las orejas y el pelo, lo cual exasperó al Príncipe, que no se destacaba precisamente por su paciencia y se levantó bruscamente exclamando muy enojado –¡¡Ya basta, déjenme en paz, mocosos insolentes!! Esa fue una mala idea, los niños se asustaron y empezaron a llorar en coro, y muy estridente por cierto.

  • ¡¡¡BUAAA!!! –lloraban los niños.
  • ¡¡Ya cállense!! –exclamaba Vegeta cubriéndose los oídos con ambas manos.

Pero los niños no paraban de llorar y su llanto iba de grave a agudo. Aparecieron entonces varias señoras que pudieron ser mamás o profesoras y que entre gritos de amenazas llegaron hasta él y comenzaron a darle de carterazos o con lo que tuvieran a mano; incluso alguna le tiró una corchetera.

  • ¡¡MAL HOMBRE!! –le gritaba una.
  • ¡¡PAYASO FARSANTE!! –le gritaba otra– ¡¡Cómo te atreves a maltratar a los niños!!

El león no es como lo pintan – Capítulo 2

Capítulo 2: «Hogar, dulce hogar»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Pasó algún tiempo antes que Vegeta despertara, ya más repuesto, pero aún con dolor de cabeza, sobre todo en la frente.

«¡Rayos!» –gruñó tocándose la herida– «Debo tener más cuidado, esas chatarras resultaron más rápidas y fuertes de lo que imaginé».

Se levantó con algunas dificultades con la intención de ir a su cuarto, pero cuando estaba llegando a la puerta de la sala se tropezó con algo y… «¡¡¡AAAHHH!!!» –cayó bruscamente hacia delante golpeándose en todo lo que se llama cara, quedando cual bulldog estampado en la pared– ¡¿¡¿¡¿?!?!?! –exclamó el Príncipe de los Sayajines acordándose de todos sus parientes. Se mantuvo de rodillas en el piso por un momento con una mano en el rostro y con la otra tanteando el piso buscando la razón de su tropiezo y se encontró con… ¡ella! la mochila de Trunks, justo en la pasada –»¡Mocoso endemoniado!»– exclamó aún sobándose la cara –»¡le he repetido hasta el cansancio que no deje sus porquerías tiradas en cualquier parte! Pero ésta… ésta es la última vez» –agregó en tono amenazante. Tomó la mochila, avanzó un paso para salir de la sala y… «¡¡¡AAAHHH!!!» –no se fijó en los plumones que Goten dejó en la alfombra y rodó hacia atrás quedando tirado cuan largo era y con un dolor de cabeza que iba hacia una jaqueca fabulosa.

Se quedó ahí tendido por un rato, contemplando el techo de la sala mientras se lamentaba con un suspiro –»Yo y mis grandiosas ideas de venir a conquistar la Tierra… ¡¡Y más encima quedarme!!»– terminó regañándose a sí mismo.

Entretanto, en la planta alta todo era felicidad. El abuelito de Trunks era muy consentidor y siempre le estaba construyendo nuevos y fascinantes regalos. Ahora había hecho una extensión del cuarto de Trunks, en el cual construyó una habitación con forma de nave espacial que era increíble, había todo lo que un niño pudiera desear. En un rincón se encontraba un panel con botones que decían DULCES, CHOCOLATES, GALLETAS y REFRESCOS; al presionar un botón aparecía un submenú para escoger el sabor y hecho esto se abría una compuerta de la cual salía una bandeja con lo requerido. El único detallito es que el Dr. Brief no leyó las etiquetas e instaló «Chocolates LAXANTES».

Había instalado también computador, video juegos, máquinas de ejercicios diseñadas especialmente para los niños, una biblioteca comprimida al más puro estilo Corp. Cápsula, un escritorio con sus dos respectivas sillas y muchas cosas más.

Los peques estaban fascinados apretando botones para ver qué pasaba, y en eso Goten sintió repentinos deseos de ir al baño porque se había comido casi todos los chocolates de la nave.

  • ¡Oye, Trunks! –le dijo Goten algo apremiado tomándose el estómago.
  • ¿Sí, qué quieres? –preguntó Trunks sin prestarle mayor atención y observando un acuario.
  • ¿Crees que haya un baño aquí también?… ¡Necesito uno rápido! –exclamó Goten cruzando las piernas.
  • No sé… ¿a ver? –Trunks empezó a buscar, de pronto encontró una puerta oculta– ¡aquí está el ba…!

Pero no alcanzó a terminar porque Goten se apresuró a entrar empujando a Trunks quien quedó sentado en el piso mientras le gritaba –¡De nada!

Como ustedes comprenderán, el pobrecito Goten no tenía tiempo de dar las gracias; tenía que entrar y lo hizo en el momento justo, desapareciendo por un buen rato.

Por su parte, Vegeta venía echando chispitas por el pasillo, mochila en mano y dispuesto a dar un buen castigo a su desobediente heredero, pero al asomarse a la puerta del cuarto de su hijo lo vio tan feliz con su regalo, corriendo de un lado para otro presionando botones, impresionado con lo que aparecía y con sus ojitos que le brillaban hasta decir basta, que se quedó observándolo un momento pensando que no lo veía tan dichoso desde la vez que él, cumpliendo su promesa, lo llevó al parque de diversiones porque el pequeño había logrado rozarle la cara en un entrenamiento. De esto hacía ya bastante tiempo. Debido a su propio entrenamiento, poco veía a su hijo, a veces en las comidas, antes o después de la escuela o bien cuando él lo entrenaba; y como también le permitían quedarse en casa de Goten, lo veía tarde, mal y nunca. Decidió no imponerle un castigo, pero sí darle una buena reprimenda.

Cruzó los brazos dejando colgar la mochila de uno de sus brazos y frunció más el ceño (¿más todavía?… sí, más) aunque ya sabemos que estaba completamente cubierto por la pintura.

  • ¡¡TRUNKS!! –lo llamó desde la puerta con voz severa– ¡¡Ven acá inmediatamente!!

Trunks paró en seco lo que hacía. «¿Qué habré hecho ahora?»– pensó dirigiéndose a su padre mirando al piso mientras trataba de hacer memoria. Cuando llegó hasta él, vio la mochila colgando y tragó saliva; siempre le decían lo peligroso que era dejar las cosas en el paso de la gente, pero siempre lo olvidaba y cuando llegaba de la escuela iba regando sus pertenencias por toda la casa. «¡Uy!, así que era eso… Escúchanos, Kamisama, te rogamos» –imploró el pequeño.

  • ¿Se puede saber qué hacía esto en el piso de la sala, jovencito? –lo increpó duramente su padre mostrándole el arma del delito.
  • Esteee…
  • ¿Sabes que casi me rompo el cuello por causa de esta maldita cosa y de tus plumones que estaban por todas partes?

«¿Plumones? De eso no me acordaba… ¡Ups!, ahora sí que me hacen sushi», pensó Trunks y luego respondió sin levantar la mirada en acto de sumisión.

  • Lo siento mucho, papá.
  • ¿Cuántas veces te he repetido que mantengas en orden tus cosas? –continuó Vegeta en el mismo tono.
  • Muchas veces.
  • Bueno, ¿y entonces?
  • Es que… se me olvida –respondió Trunks tímidamente.
  • Pues muy bien, ésta es la última vez que te lo digo. La próxima, atente a las consecuencias –concluyó entregándole la mochila– espero que me hayas entendido.
  • Sí, papá, te prometo que esta vez no se me va a olvidar –respondió Trunks y levantó la cabeza para agregar algo, pero su padre se había volteado y ya iba rumbo a su habitación mientras en el camino le advertía:
  • ¡Y espero que no me des más problemas por hoy!
  • ¡Sí, señor! –respondió Trunks y luego pensó– «¡Uff!, de la que me salvé. Gracias, Kamisama, por favor concedido» y volvió a lo suyo.

Vegeta llegó a su cuarto y tomó un espejo con mango que estaba encima de un mueble, para ver su frente que aún le molestaba, y cuando lo estaba levantando hacia su rostro… ¡¡¡RING!!!, sonó el teléfono que estaba en la mesita de noche, justo al otro lado de la habitación, así que fue a contestar llevando el espejo con él.

Era Bulma; estaba en una reunión que se había alargado más de la cuenta y no alcanzaría a recoger el proyecto de un experimento muy importante que tenía que entregar al día siguiente y, para colmo de males, la persona que debía entregárselo salía de la ciudad esa misma tarde, así que, ¿adivinen qué?

  • ¡NO Y DEFINITIVAMENTE NO! ¿Quién te crees que soy, tu mandadero? –gritaba Vegeta accionando con la mano que sostenía el espejo.
  • Pero Vegeta –insistió Bulma–, ya te dije que es un asunto de extrema importancia.
  • Bueno, si es tan importante ve tú misma o manda un junior.
  • Ya te dije que no puedo, estoy en plena reunión. Además, son papeles de tipo confidencial; no puedo pedírselo a cualquiera.
  • Tú siempre exageras las cosas. Además estoy muy ocupado para tus tonterías –le respondió Vegeta muy tranquilamente mientras jugaba con el espejito, girándolo por el mango, observando los dibujitos que tenía en la parte de atrás.
  • ¡¡NO SON TONTERÍAS!! –le gritó Bulma perdiendo la paciencia– ¡¡ERES UN PERFECTO IDIOTA!!

*Click*

(momento de silencio)

¡¡¡ R I N G !!!

  • ¿Diga? –preguntó Vegeta con su tono más cortés.
  • ¡¡No te atrevas a colgarme de nuevo!!

*Click*

«¡Diablos! –pensó Bulma– esto no está funcionando, creo que tendré que usar el plan B».

¡¡¡ R I N G !!!

  • ¿Diga? –En el mismo tono anterior.
  • Antes de que me cuelgues, Vegeta –dijo tratando de calmarse– ¿A ver?, dime ¿qué es eso tan importante que tienes que hacer que no me puedes ayudar?
  • Entrenar –respondió Vegeta manteniendo el espejito en equilibrio en la punta del dedo.
  • ¡¡Entrenar, entrenar, es todo lo que sabes hacer!! –exclamó exasperada– ¿Acaso no te das cuenta que hay otras cosas en la vida, como por ejemplo TRABAJAR? Pero qué vas a saber tú de lo que estoy hablando, si es gracias a mí que tienes casa, comida y máquinas que hago especialmente para ti. –Y agregó en tono sarcástico–. Pero claro, el Príncipe de los Sayajines sólo debe preocuparse de su entrenamiento… ¡¡A VER SI TE DECIDES ENTRENAR LAS NEURONAS, AUNQUE SEA UNA VEZ EN LA VIDA!! ¡Claro, si alguna vez tuviste alguna! ¡Así dejarías de ser el estúpido egoísta y malagradecido que siempre has sido y…

*Click*

«¡Demonios, me volvió a colgar! Esto se está tornando monótono… Bien, sin pánico… Bulma, debes tranquilizarte –se dijo a sí misma–. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas y ya no tengo tiempo que perder. Necesito ese proyecto a como dé lugar, así que… usaré el plan de emergencia Z1.

¡¡¡ R I N G !!!

  • ¡Vegeta, no me cuelgues, por favor! –rogó Bulma.
  • Pensé que se te habían acabado las monedas, cariño –respondió Vegeta en el más irónico de los tonos.
  • ¡Ay, Vegeta, discúlpame! –dijo Bulma humildemente–. No debí hablarte de ese modo tan grosero.

«¿Vegeta, discúlpame? Esto me huele raro» –pensó el aludido.

  • ¿Estás segura que estás hablando conmigo? –preguntó intrigado.
  • ¡Claro! –continuó Bulma como una seda–. Lo que sucede es que mi trabajo es tan importante para mí que perdí la cabeza, si no, no te pediría ayuda, pero eres la única persona en que puedo confiar, de otro modo no te molestaría –luego añadió con voz de niña buena– ¿verdad que me perdonas?
  • Hmmm… está bien –murmuró Vegeta todavía incrédulo.
  • ¡Ya sabía que lo harías, si eres tan bueno, eres un sol! –igual que un niño al que le levantan un castigo.
  • Sí, claro, ¡pero ni creas que voy a ir! –exclamó Vegeta muy convencido.

«Eso es lo que tú crees –pensó Bulma–. Segunda parte del plan, darle por su lado».

  • Sé lo importante que es tu entrenamiento. Tanto, que si no fuera por ello posiblemente yo ni siquiera estaría viva. Goku es muy fuerte, pero sin tu ayuda no hubiera podido destruir a Boo y todo eso gracias a tu fuerza natural y el duro entrenamiento. Por favor, Vegeta, sólo te pido unos minutos de tu valioso tiempo, ¿sí? ¿Verdad que vas a ir?

«Listo, espero que con esto sea suficiente» –pensó Bulma y no estaba del todo errada; Vegeta empezó a titubear rascándose la cabeza con el espejo.

  • Eee… bueno, pero, ¿adónde tendría que ir? –con voz indecisa.
  • No es tan lejos. Si llegas a la escuela de Trunks antes de las 7pm podrás encontrar allí a Haruko; ella te entregará el proyecto. En caso contrario tendrás que ir a su casa –le explicó Bulma animadamente.
  • ¡¡Pero eso queda a otro lado de la ciudad!! –exclamó Vegeta echando pie atrás.
  • Por eso te digo que te apresures y sólo tendrás que ir al centro, que es donde está la escuela. –Y agregó con voz de niña consentida–. Por favor, Veggie, ¿verdad que harás eso por mí?
  • Pues yo… –aún indeciso.

«Bien. Plan de emergencia Z2. De ésta no se escapa» –pensó Bulma.

  • Si haces eso por mí, yo sabré compensarte con creces cuando llegue a casa –con una voz de lo más coquetona y una risita pícara–. ¿Qué me dices?

Vegeta terminó accediendo. ¿Cómo iba a decir que no ante semejante oferta?

Siempre era lo mismo. Él se negaba rotundamente y Bulma se las arreglaba para convencerlo que hiciera exactamente lo que ella quería, ya sea con un ataque cuerpo a cuerpo a base de arrumacos y miraditas tristes o bien, como lo hacía ahora, a través del teléfono. ¡Cómo la odiaba cuando le hacía eso!

  • Grrr… está bien, está bien, iré. ¡Siempre consigues lo que quieres!… Eres muy tramposa, ¿lo sabías?
  • Pero lo valgo… ¿o no? –Bulma reía pícaramente– Bueno, ahora te dejo porque tengo que volver a la reunión, ¡nos vemos! *Click*

«Está bien –pensó Vegeta con una sonrisa maliciosa cuando colgó– pero después no te quejes porque me cobraré muy caro esta noche… je, je. –Luego cambió la expresión a una más seria; tenía que cumplir su parte del trato–. Veamos, me dijo que hasta las siete y de aquí hasta allá, volando a toda velocidad son veinte minutos y son las… –mira el reloj de la pared– ¡¡¡SEIS TREINTA Y CINCO!!! –tirando el espejo–. ¡Demonios, tengo que apurarme o no alcanzaré a llegar. ¿¿DÓNDE DEJÉ LAS LLAVES??» –buscando desesperado. Por fin las encontró y de paso tomó la tarjeta de crédito, ya que aprovecharía de hacer algunas compras. Pasó rápidamente por fuera del cuarto de Trunks.

  • ¡Trunks, tengo que salir, volveré pronto!
  • ¡Bien, papá! –se escuchó la voz del niño desde adentro.

Y dicho esto, Vegeta emprendió el viaje.


El león no es como lo pintan – Capítulo 1

Capítulo 1: «Cambio de look»

Fanfic: El león no es como lo pintan


Como todos sabemos, Trunks y Goten están unidos por un lazo de amistad tan grande como el que existe entre los hermanos y se comportaban como tales, ya que prácticamente se han criado juntos. Así pues, van a la misma escuela y se podría decir que cada uno tiene dos hogares, así que comparten sus estudios, sus juguetes, sus amigos e incluso a veces… los castigos, porque este par de angelitos se la pasa metiendo en problemas. Generalmente el de las geniales ideas es Trunks, que siempre se las arregla para convencer a Goten que lo ayude a concretarlas; si no, recuerden el episodio de Mighty Mask en el torneo de las artes marciales. Sin embargo, existen ocasiones en que es Goten el que mete en problemas a Trunks, como lo fue en esta ocasión.

Todo comenzó un día que estaban en la escuela y durante el recreo se instalaron a comer su lunch a la sombra de un árbol. Un poco más allá había otros niños jugando. Cuando se cansaron fueron a sentarse en un tronco cercano al de los pequeños sayas entablando la siguiente conversación:

Niño 1: ¡Oigan, chicos! ¿Vieron ayer las caricaturas de la tarde?

Niño 2: ¡Sí! Me gustó la de Bugs Bunny donde les caían sombreros, ¡fue super buena!

Niña 3: ¡Ay, yo no la vi! ¿De qué se trató?

Niño 2: Ah, bueno, resulta que Elmer estaba persiguiendo a Bugs y en eso pasó un camión al que se le cayeron todos los sombreros, entonces cada vez que a Elmer o al conejo le caía uno en la cabeza, ellos tomaban la personalidad del sombrero que les caía y al final terminan de novios porque a Bugs le cae un sombrero de copa y a Elmer una mantilla de novia.

Los niños siguieron conversando animadamente mientras un poco más allá Goten los escuchaba con mucha atención.

  • ¡Oye, Trunks! –dijo Goten dándole un codazo–, ¿tú crees que eso pueda ser posible?
  • ¿Cómo crees, Goten? Eso sólo pasa en las caricaturas, ¿cómo puedes ser tan ingenuo? Si sigues así te vas a terminar metiendo en muchos problemas –concluyó Trunks en tono de advertencia, comiendo tranquilamente su sandwich.

Siguió el día sin mayores contratiempos. Incluso Trunks estaba feliz porque le habían entregado un examen en que sacó la máxima calificación; no así Goten, que había reprobado.

  • No te preocupes, Goten, a la próxima te va mejor –lo animó su amigo–. Además, acuérdate que mi abuelito me prometió que hoy, antes de irse con mi abuelita a la playa, nos dejaría un regalo en casa.
  • ¡Cierto! –exclamó Goten saltando feliz y olvidando el regaño que Milk le daría.

Mientras tanto, en la cámara de gravedad de la Corporación, Vegeta se entrenaba como todos los días: primero ejercicios de precalentamiento y elongación, luego aumentó la gravedad y comenzó con abdominales, flexiones y todo tipo de ejercicios para tonificar y fortalecer su cuerpo. Luego inició el entrenamiento propio de las artes marciales con puntapiés, golpes de puño, formas y finalmente decidió probar unos robots nuevos especialmente diseñados por Bulma para su entrenamiento. Presionó uno de los botones del panel de control y varias compuertas se abrieron en diferentes puntos de la sala apareciendo unos robots muy parecidos a los que siempre usaba.

«¡Bah! –refunfuñó– ¡Estas chatarras ambulantes se ven iguales a las otras, no me darán ninguna dificultad!».

Pero en esto se equivocaba, porque apenas presionó el botón para comenzar, ya estaban sobre él atacándolo de todas direcciones, y siempre que evitaba el golpe de uno mientras bloqueaba con brazos y piernas a otros, lo atacaba algún robot que no había alcanzado a ver, recibiendo fieros golpes ya sea en el estómago, cabeza e incluso entre las piernas y fue precisamente este último golpe el que lo hizo caer pesadamente al suelo sin poder moverse del dolor. Sin embargo, como las máquinas no sienten compasión, una de ellas lo elevó tomándolo de las piernas dejándolo colgar cabeza abajo mientras otra lo abrazaba por la espalda y una tercera le daba terribles golpes en el estómago y cara. Vegeta entonces de transformó en SSJ, reunió una gran cantidad de Ki y lo expulsó todo de una vez lanzando a dos robots y destruyendo al otro, pero ya otros cuatro lo tenían rodeado y habían reunido toda su energía para lanzársela simultáneamente, ataque el cual no pudo eludir, recibiendo todo el impacto. Mientras tanto, los robots que había derrotado antes ya estaban de vuelta y todos juntos lanzaban rayos que el sayajin apenas si alcanzaba a desviar. Por fin consiguió crear un pequeño campo de protección que hizo rebotar los ataques de las máquinas, pero que al ir a parar al panel de control lo hicieron explotar junto con los robots, poniendo de este modo fin al entrenamiento.

Vegeta se dirigió algo tambaleante hacia la casa; le dolía terriblemente la cabeza y al poner su mano en la frente notó que de ella brotaba sangre, así que fue al baño para asearse y limpiar sus heridas.

  • «Se ve bastante mal –pensó mirándose al espejo– y creo que se verá peor» –agregó sin sospechar cuanta razón tenía.

Luego observó su ojo derecho, lo tenía amoratado; pero esto no había sido causado por los robots, el causante había sido Trunks. Esa mañana, antes de irse a la escuela, Goten y Trunks habían estado jugando Baseball en el patio. Goten lanzó la pelota, Trunks bateó con todas sus fuerzas y… ¡¡Home Run!! en el ojo de Vegeta. Afortunadamente para ellos, el sayajin andaba de buen humor así que solamente los regañó un poco y los mandó desaparecer de su adolorida vista.

Después de recordar ese doloroso episodio, Vegeta se dirigió a la cocina a practicar el segundo deporte favorito de los sayajines: comer; y luego de este delicioso deporte se tumbó en un sofá quedándose profundamente dormido.

A eso de las tres de la tarde llegaron los niños, pero Vegeta no los sintió. Como siempre, entraron por la cocina. Generalmente Bulma estaba en ese horario para servirles algo, pero hoy no la encontraron.

  • ¡Ya llegamos! –llamó Trunks– ¿Mamá? –>Silencio>– parece que no hay nadie.
  • Aquí hay una nota –dijo Goten tomándola de la mesa– dice que llegará tarde y que tendremos que conformarnos con frutas hasta que llegue porque no alcanzó a prepararnos el almuerzo.
  • Bueno, qué le vamos a hacer –murmuró Trunks desanimado– ¿Y mi papá? ¿Tampoco estará?
  • Vamos a dar un vistazo.

Los niños se dividieron para buscarlo, hasta que uno lo encontró.

  • ¡Oye, Trunks, aquí está tu papá! –avisó Goten desde la sala– parece que está dormido.

Trunks llegó hasta la sala y se acercó a él.

  • ¿Papá? –trató de despertarlo jalándole el brazo, pero nada.

Los niños se empezaron a preocupar y lo zamarrearon entero, pero no despertaba.

  • ¡Calma! ¡Sin entrar en pánico! –exclamó Trunks intentando tranquilizarse.

Rápidamente se quitó su mochila para accionar mejor y la tiró sin mirar dónde caía. Luego revisó los signos vitales de su padre tal como Bulma le había enseñado.

  • ¡Uf! Está bien, sólo está dormido –respiró aliviado– ¡Pero qué sueño tan pesado agarró hoy!

Goten, por su parte, observaba atentamente a Vegeta.

  • Qué distinto se ve cuando duerme –dijo por fin.
  • ¿Por qué?
  • Bueno, mira su cara –dijo Goten apuntando a Vegeta con el dedo.

Trunks acercó su cara a la de su padre para observarlo mejor.

  • Bueno, está algo machucada, ¿y qué?
  • ¡No, tonto, me refiero a su mirada! ¿Ves? –dijo Goten acercándose a Trunks.
  • ¿Qué tiene?
  • Se ve mucho más… cómo explicarte… no con la cara de asesino que siempre pone.
  • ¡¡OYE, GOTEN!! –gritó Trunks agarrando del pecho a su compañero– ¡¡No hables así de mi papá o te irá muy mal!! ¿ENTENDISTE?
  • ¡Suéltame! ¡No te pongas así! –exclamó Goten arrancando la mano de Trunks de su pecho– me refiero a que se ve más pacífico. Míralo bien, si hasta parece que está feliz.
  • ¿¿A ver??

Los dos niños acercaron mucho sus rostros al de Vegeta y abrieron los ojos muy sorprendidos al ver que efectivamente esbozaba una ligera sonrisa, lo cual significaba un sueño muy agradable.

  • ¿Qué crees que esté soñando, Trunks?
  • ¿Quién sabe? –respondió el chico encogiéndose de hombros– pero mejor lo dejamos así, porque si lo despertamo se puede enojar.
  • Sí, tienes razón, y otra vez pondría cara de ogro.
  • ¡¡¡GOTEN!!!
  • Bueno, bueno… pero no puedes negar que sería más agradable si siempre se viera así.
  • Bueno, sí, eso no lo niego –respondió Trunks rascándose la cabeza con una mano mientras empuñaba la otra en la cintura– ¡Pero eso es imposible! ¿Sabes?, mejor vamos a ver lo del regalo.

Y dicho esto Trunks salió corriendo de la sala con dirección a su dormitorio, pero Goten no se movió, seguía observando a su casi-padrino. Cruzó los brazos, luego levantó el derecho y apoyó su mentón sobre la mano, señal de que algo estaba tramando. «Hmm… quizá no sea tan imposible».

Goten sacó de su mochila algunas cosas y se puso a trabajar con mucho entusiasmo.

  • ¡Oye, Goten, ven a ver esto! –se escuchó la voz de Trunks desde el segundo piso.
  • ¡Ya voy, ahora estoy ocupado! –respondió el pequeño Goten sin dejar de trabajar.

«¡Listo!» –pensó mirando su labor terminada.

Había hecho una coronita de papel, la cual colocó en la cabeza en la cabeza de Vegeta y se quedó observándolo con carita pensativa.

«No, no, con eso no cambiará. Cuando despierte va a poner la misma cara… ¡Ah, ya sé!».

Goten volvió a buscar en su mochila, pero como no encontró lo que necesitaba, se acomodó sobre la alfombra para hurgar en la mochila de Trunks, que se encontraba ahí.

«¡Sí, perfecto, justo lo que necesitaba!».

Había sacado plumones de distintos colores, eligió algunos de tintes llamativos y el resto quedó regado en la alfombra. Luego tomó asiento sobre el pecho del guerrero y como era pequeño, liviano y además Vegeta dormía tan profundamente, no fue siquiera percibido por este último.

«Veamos –pensó Goten mordiendo la parte superior de un plumón negro– ¡Ah, sí!.. de ese modo siempre estará contento y no se volverá a enojar, además será más divertido; yo creo que estará perfecto».

Y decidido, comenzó a dibujar sobre el rostro de Vegeta una gran, gran, pero gran sonrisa que casi le llegaba de un extremo al otro de la cara y luego la enmarcó con un plumón de color rojo. «Así está mejor… ¡Ay! pero ese ceño fruncido no le viene para nada», así que le hizo dos grandes círculos alrededor de los ojos y los rellenó de color morado para que se vieran los dos ojos del mismo color y de paso borrar la mirada típica de Vegeta. Ahora el problema eran las contusiones de la frente… No podía cubrirlas, así que las dejó tal cual y le pintó en las mejillas un círculo rojo para que le hicieran juego.

«Creo que con eso será suficiente –pensó Goten admirando su obra– por lo menos se ve más decente y será más alegre y esto hará más feliz a Trunks».

Vegeta se veía como un payaso de lo más mono con todo y coronita. En un principio Goten estaba de lo más entusiasmado con los resultados, pero luego se quedó pensando. «¿Y si no funciona?»; esta idea lo preocupó sobre todo por las consecuencias, y se asustó aún más cuando Vegeta se movió para acomodarse. Goten se quedó muy quieto, casi sin respirar y, cuando se convenció que aún seguía dormido, se bajó rápidamente para buscar su pañuelo pensando «Mejor le quito la pintura», pero cuál sería su sorpresa al descubrir que esa pintura no salía por más que le refregaba la cara con el pañuelo. «¿Y ahora qué hago?», se preguntaba bastante preocupado, pero en ese momento llegó Trunks jadeando al borde de la puerta.

  • ¡Goten! –lo llamó saltando y haciéndole señas con las manos como todos los niños cuando están emocionados–. ¡Ven a ver la sorpresa que dejó mi abuelito, también es para ti!
  • ¡Oye, Trunks! Es que… ¿sabes? –Goten quería explicarle el problema pero, Trunks lo interrumpió.
  • ¡También hay dulces y chocolates!
  • ¿Dulces? –preguntó Goten, quedando como hipnotizado.
  • ¡Sí, y si no vienes luego me los voy a comer todos yo solo!

Y dicho esto, Trunks partió corriendo de vuelta a su habitación.

  • ¡No, eso no es justo, yo también quiero! –gritó Goten muy enojado y, tomando su mochila para poder guardar la mayor cantidad de dulces, partió corriendo tras de su amigo, olvidando por completo el detallito de Vegeta, ya que para Goten las golosinas eran un asunto de importancia nacional.

Por supuesto que Trunks no alcanzó a ver la obra de Goten, porque de haberlo hecho se habría muerto en tres tiempos.


Papá por Siempre – Capítulo 5

Capítulo 5: «Un vuelo problemático»

Fanfic: Papá por Siempre


La última vez dejamos a Vegeta a punto de irse de compras con Trunks. Lo que no sabemos es qué pasará…
Vegeta surcaba el cielo a gran velocidad, pero no iba a mucha, porque como llevaba colgado a Trunks del canguro a la altura de su vientre, eso podría ser peligroso. A Vegeta se le notaba bastante enfadado y fastidiado. En cambio, Trunks parecía que estaba soñando, por la amplia sonrisa que iluminaba su pequeño rostro. Era la primera vez que el pequeño volaba de esa manera, y no es porque no lo hubiera hecho antes, ya que Bulma lo había llevado volando, pero por supuesto en alguna nave o avión… nunca así, con el viento cayendo en su rostro y ver pasar las nubes como copos de algodón, tan cerca, que uno querría tocarlas.

Trunks comenzó a gimotear y reír de contento, moviendo sus manitos, como si fueran alas. Tanto se movía, que a Vegeta comenzó a dificultarle la maniobrabilidad de movimientos y le dijo molesto:

  • VG : ¡¡Ya deja de moverte tanto, mocoso!! –dijo disminuyendo la velocidad– ¡¡Y ni pienses que te voy a llevar siempre así, porque apenas tengas edad, lo primero que haré será enseñarte a volar para que no molestes a nadie, y menos a mí, para ir de un lugar a otro!!
  • TR : ¿Aah?…ag…ga… jijiji… ¡¡ahh!! –lo miró sonriente y continuó moviendo sus bracitos sin prestarle atención al comentario de su papá.
  • VG : ¡¡Ay… rayos!!… para qué me esfuerzo en hablarle si no me va a entender… sigh… –se dijo a sí mismo con una expresión de resignación en su rostro y, sacudiendo la cabeza, continuó volando con la velocidad que llevaba antes, mientras murmuraba– Sólo espero que nadie me vea en esta situación tan ridícula y con este niño… eso sería demasiado humillante… Así que mejor me mantendré a esta altura volando por encima de las nubes, pero la única desventaja es que no podré encontrar ese maldito lugar desde donde estoy, aunque todavía falta mucho para llegar… mejor me apresuro…

Y terminando de decirlo, aumentó un poco la velocidad y Trunks volvió a entusiasmarse al sentir esa sensación, y cerrando sus ojitos se agarró a las correas de los laterales del canguro que lo sujetaban, e inconsientemente comenzó a tirar de ellas. Vegeta no se percató de lo que su hijo estaba haciendo, porque estaba concentrado en el camino y… de pronto… las correas que sujetaban a Trunks se soltaron (seguramente porque Vegeta no las había amarrado, y sobre todo, asegurado bien) y el niño se precipitó al vacío, pero increíblemente no estaba para nada asustado, al contrario, estiró sus bracitos como un extraño paracaidista y comenzó a reír pensando que lograría volar como lo estaba haciendo su papá. Mientras tanto, Vegeta no pudo dejar de sentir que de pronto se encontraba muy ligero y murmuró extrañado:

  • VG : Uhmm… qué raro… de pronto siento como si no estuviera cargando nada y voy más rápido que antes… –y cuando se le ocurrió echarle un vistazo a su hijo, no lo vio, y como si nada miró de nuevo hacia el frente– Ahora entiendo… me siento más ligero porque el mocoso no está… –al instante, después de medio segundo en que tardó en reaccionar, se detuvo de golpe y gritó– ¡¡¿¿QUÉEE??!!… ¡¡PERO QUÉ DIABLOS!!… ¡¡TRUNKS!!… ¡¡¿¿EN DÓNDE ESTÁ??!!

Vegeta estaba bastante alterado, y al ver las correas sueltas del canguro, entró en pánico, y como una exhalación regresó sobre sus pasos muy nervioso, mirando a todos lados e intentando sentir el ki de su bebé, que al ser mitad saiyajin, tendría que ser fácil de notar. Mientras tanto, Trunks seguía cayendo; no se mató gracias a que había estado volando con su papá a mucha altura anteriormente, para su fortuna. Él estaba todavía con la idea de que lograría volar al estirar los brazos y no se dio cuenta que unos cientos de metros más abajo se encontraba volando un enorme avión de pasajeros que justo, por coincidencia, pasaría por donde se estaba precipitando Trunks.

Aún sin comprenderlo muy bien, el pequeño notó que ese enorme avión de juguete (para él) se estaba haciendo muy grande conforme se acercaba a él y no le gustó verlo tan cerca, sobre todo con el sol iluminando la superficie metálica del avión. El brillo lastimó sus ojitos y de golpe arrancó a llorar mientras caía sin remedio…

  • TR : ¡¡¡¡BUUUAAAA!!!! –gritó de rabia y miedo, e inconscientemente, emitió un pequeño destello de ki… que no pasó inadvertido para su padre.
  • VG : ¡¡¿¿EHHH??!! –gritó Vegeta al sentir la presencia de su hijo– ¡¡ESA PRESENCIA ES DE…!! ¡¡¡ALLÍ ESTÁ!!!

Usando su máxima velocidad, Vegeta voló hacia donde había sentido a Trunks, y vio con horror que se encontraba a unos cuantos metros del enorme avión. Rápidamente le dio alcance cuando Trunks estaba pasando en su caída junto a unas de las alas del avión, y lo pescó de una pierna con décimas de segundo antes de que fuera aspirado y destrozado por una de las turbinas del ala. Luego de eso, el príncipe de los saiyas se sentó en el ala del avión para tomar aliento, llevando a Trunks bajo un brazo. Luego de eso le gritó furioso:

  • VG : ¡¡¡MALDITO NIÑO!!! –le gritó fuera de sí– ¡¡¿¿TE HAS DADO CUENTA DE LO QUE TE PUDO HABER PASADO SI YO NO HUBIERA LLEGADO A TIEMPO??!! ¡¡PUDISTE HABERTE MATADO!! ¡¡¡PIENSO QUE MEJOR HUBIERA SIDO HABERTE DEJADO MORIR PARA ASÍ EVITAR QUE ME CAUSES MÁS PROBLEMAS!!!
  • TR : …mm…gg… –lo miró sin comprender, aún asustado por el incidente anterior y volvió a llorar– ¡¡¡BUUAAAA!!!
  • VG : ¡¡¡Ya está bien de gritos!!! ¡¡Cálmate!! –dijo tratando de calmarse, a sí mismo más que todo, porque aunque él lo niegue, no sabía lo que habría hecho si le hubiera pasado algo a su hijo, eso no podía concebirlo en su cabeza. Luego, sin soltar a Trunks, fijó la vista en el arnés que aún llevaba del canguro y lo examinó para ver qué había pasado– Qué extraño… esta cosa no está rota, pero las correas se soltaron a causa de algo –luego miró a Trunks y añadió– Seguramente este enano las zafó al tirar de ellas… grrr… aunque lo odie, debo reconocer que parte de la culpa es mía al no haberlas asegurado bien, porque no creo que un mocoso de un año tenga tanta fuerza como para hacerlo… aunque quién sabe… mmhh… de todas maneras es un saiyajin y también mi hijo… no tendría porqué extrañarme…

Trunks, al escucharlo, dejó de llorar y comenzó a calmarse y a sonreír, pero Vegeta no le prestó ninguna atención, y sin incorporarse centró su atención en atar las correas con mayor cuidado para que el incidente anterior no se volviera a repetir…

Mientras tanto, dentro del avión, los pasajeros estaban ajenos a lo que había sucedido y disfrutaban su viaje sin preocuparse. Una pareja, al parecer esposos, se encontraban sentados justo a la altura del ala en donde se encontraban Vegeta y Trunks, pero no los habían visto. La mujer estaba sentada en la ventanilla muy ocupada en arreglarse las uñas, y cuando puso su mano contra la ventana para observarla, al retirarla pudo ver al saiya sentado en el ala metálica, ocupado en arreglar las correas del canguro, con Trunks entre sus piernas, para evitar que saliera despedido por las corrientes de aire. Abrió la boca asombrada y aterrada, porque para una persona normal, no es común ver gente viajando en las alas de los aviones… ¡¡y sobre todo con bebés!! La mujer, nerviosa, sin dejar de ver a Vegeta, llamó a su esposo, que estaba absorto mirando las noticias en el periódico…

  • SRA : Querido… qu…querido… –dijo tartamudeando un poco, mientras lo sacudía– No me lo vas a creer… pe…pero estoy viendo a un hombre se…sentado en el ala del a…avión… ¿me estás escuchando?
  • SR : ¿Ah, sí?… ¿un hombre? –dijo sin dejar de leer el diario– Y dime, querida… ¿cómo es ese «hombre» que me dices?
  • SRA : Bueno… tiene el pelo de punta, eh… es musculoso… viste un traje negro ceñido al cuerpo y una camisa sin mangas del mismo color… botas y guantes blancos… ¡¡oh, Dios mío!!… yyy… tiene un bebé entre sus piernas con un gorrito muy chistoso…
  • SR : ¿Con un bebé?… uhm… qué interesante… –dijo sin prestarle atención– ¿Y qué más?

Mientras tanto, regresando con Vegeta, ya había terminado de arreglar el canguro, y luego de asegurárselo a su cuerpo, cargó a Trunks y también comenzó a asegurarlo, pero de una manera casi exagerada, porque le dio varias vueltas a las correas alrededor del cuerpecito del niño, pero sin apretarlo demasiado, por supuesto.

Trunks lo miraba confuso, y Vegeta, al darse cuenta de su escutrinio, le dijo con su tono de voz normal:

  • VG : ¡¡Esta vez me aseguraré de que no te vayas a soltar ni a caerte como antes, así que deja de mirarme con esa cara!! –dijo terminando de anudar las correas varias veces.

El pequeño Trunks casi parecía una momia, a no ser porque Vegeta le había dejado los brazos y piernas libres para que no se sofocara y estuviera cómodo. Así que una vez hecho esto, se puso de pie, con Trunks sujeto a él.

En el avión, la mujer seguía insistiendo en que su esposo le prestara atención y confirmara lo que ella estaba mirando…

  • SRA : ¡¡Hazme caso, por favor, querido!! –dijo molesta– ¡¡No te estoy mintiendo, te lo digo en serio!! ¡¡Mira por la ventana y lo confirmarás!!
  • SR : Querida… ¡ya basta! –dijo mirándola– ¿Te has dado cuenta que es absurdo lo que me estás diciendo?… aunque debo reconocer que tienes una mente muy imaginativa para describirme a tu «supuesto hombre» y al bebé… Si quisieras, podrías escribir una historia… tal vez tus memorias… o a tu hombre ideal, cuando hablas de que sea musculoso y con ropa ceñida…
  • SRA : ¡¡No me hables como si yo estuviera loca!!… ¡¡es cierto, créeme!! –y al asomarse por la ventana pudo ver al saiya de pie, terminando de asegurar al niño y volvió a reaccionar casi histérica– ¡¡QUERIDO!!… ¡¡EL HOMBRE SE HA PUESTO DE PIE!! ¡¡MIRA!!… ¡¡Y TIENE AL BEBÉ COLGADO DE UN CANGURO PARA NIÑOS!!

Mientras la mujer gritaba desaforadamente a su esposo, afuera, con el rostro al viento y el cabello ondeando, Vegeta dijo:

  • VG : Bueno… ya estamos listos… –dijo sin mucho ánimo– ¡¡VAMOS, NIÑO!! –y terminando de decirlo levitó un poco, separándose del avión y dejando que siguiera su camino.

Volviendo a la pareja de esposos, el marido por fin había accedido a la petición de su mujer y miró por la ventana…

  • SR : ¡¡Ya está bien, deja de gritar de esa manera, que la gente nos mira!!… –pero al no ver nada encima del ala le preguntó irónico a su esposa– ¿Y bien?… ¿dónde está ese hombre de pelo de punta?… ¡ah, me olvidaba!.. ¿y también dónde está el bebé?
  • SRA : Ehh… no… no puede ser… –dijo alterada– Hace unos instantes estaban parados en el ala… ¡¡Te lo juro!!
  • SR : Sí… claro… seguramente en tu imaginación… ¿pero acaso no me dijiste que estaban sentados? –dijo mirándola burlón.
  • SRA : ¡¡¿¿Acaso piensas que estoy loca??!!… –dijo aún más alterada– ¡¡ELLOS ESTABAN ALLÍ!! ¡¡LO JURO POR DIOS!! ¡¡YO LOS VÍ!!
  • SR : Ya bueno… –dijo volviendo a retomar la lectura en su periódico– Me parece, querida, que esas pastillas que tomas por cientos para adelgazar, te están haciendo daño… en cuanto lleguemos a la Capital del Centro, hablaremos con el médico sobre esto… ¡bah!… un hombre y un bebé volando por los cielos… qué tontería… eso es imposible.

Unos kilómetros más atrás…

Vegeta continuaba volando por encima de las nubes, con Trunks a cuestas, el cual se encontraba muy calmado. Habían perdido mucho tiempo en el incidente con el avión y tenían que recuperar el tiempo perdido. Se habían alejado mucho de donde tenían que ir y Vegeta frunció el ceño en fastidio:

  • VG : ¡¡Rayos!!… He perdido mucho tiempo valioso que podría haber empleado muy bien en entrenar… pero nooo… primero el mocoso antes que nada.. –dijo en tono sarcástico– ¡¡¡Por culpa de tus tonterías y de esta ridícula cosa que llevo puesta para llevarte, perdí MI tiempo!!!… ¡¡¡LO ÚNICO QUE SABES HACER HASTA AHORA ES SOLAMENTE CAUSARME PROBLEMAS!!!
  • TR : ¿Aaa?… mm… ggg… –comenzó a gemir y a llenársele de lágrimas sus ojitos. Vegeta se percató y trató de anticipársele en calmarlo… ahora no estaba para aguantar llantos…
  • VG : ¡¡Ya, ya!!… Olvida lo que dije, ¿de acuerdo?… –dijo sin mirarlo con su voz normal, aunque algo más suave– Sólo estoy cansado de esto y quiero llegar a ese lugar donde venden tu comida para que regresemos a casa… pero para eso quiero que te calmes y estés tranquilo para hacer las cosas rápido y sin problemas… tú no eres el único que tiene hambre, ¿lo entendiste, enano?

Trunks lo miró y sonrió a sus palabras, calmándose, y centrando su atención de nuevo en los copos de nubes a su alrededor. Vegeta se sonrió levemente a sí mismo, mientras pensaba:

  • VG : ¡¡Vaya!!… lo logré… –pensaba– Pude evitar que este niño estallara en llantos sin gritarle siquiera… únicamente hablándole… uhm… tal vez, SÓLO tal vez, Bulma y su madre tengan razón al decir que no es difícil lidiar con niños pequeños… sólo hay que conocerlos un poco… ¡¡pero bueno, ahora debo dejar de pensar en esas tonterías y concentrarme en lo que tengo que hacer!! –dijo frunciendo el ceño de nuevo y continuó– A ver… veamos… ya debo de estar sobre la ciudad, pero para encontrar ese centro comecial, obligatoriamente tendré que bajar y ubicarlo visualmente… bueno, ni modo… sólo espero que ningún air-car me vea…

Lentamente comenzó a descender, atravesando el techo de nubes para algarabía de Trunks, que trataba de atrapar las nubes en sus manitos como copos de nieve, para luego visualizar la ciudad entera bajo sus pies.

Trunks soltó unos ruidos como de sorpresa al ver tan maravilloso espectáculo, de miles de juguetes debajo de él, yendo y viniendo como hormiguitas. Comenzó a aplaudir contento y estiró sus manitos hacia ellos con la idea de tocarlos. Vegeta, sin prestarle mayor atención, continuó con su camino volando sobre la ciudad que se abría a sus pies. Mientras tanto, su hijo continuaba entretenido, tanto que ya se le había olvidado que tenía hambre. De pronto, Trunks estiró sus manitos como si fuera un avión y comenzó a reír, mientras emitía unos sonidos, como si imitara al motor de un avión…

  • TR : Aaa… zumm… zummm… rggg… zumm… jijii… zumm –jugaba entusiasmado y mirando hacia abajo.

Vegeta lo miró extrañado por lo que estaba haciendo, y al comprender lo que trataba de hacer, sonrió irónico:

  • VG : Así que ya quieres aprender a volar, ¿no, niño?… No te preocupes, que muy pronto podrás volar tú solo y harás mejores cosas de las que un estúpido avión podría hacer… –dijo con una mirada casi traviesa.

Luego de decirlo, Vegeta giró sobre sí mismo como un tornillo mientras avanzaba, se elevó y bajó en picada a toda velocidad, luego dio una vuelta loop y volvió a elevarse, deteniéndose de golpe. Vegeta no sabía, ni se explicaba, porqué estaba haciendo esto, él no era de hacer esas cosas, era casi como si… jugara con su hijo… estaba muy sorprendido por sus acciones. En cambio, Trunks estaba feliz, porque nunca había dado un paseo tan divertido, ni siquiera en avión. Movía sus brazos y piernas emocionado, riendo ruidosamente.

Vegeta lo miró aún confundido, pero al ver tan contento a Trunks, y todavía que fuera él mismo quien le había dado esa alegría al niño… lo hizo pensar de nuevo sobre lo de aprender a ser padre, y al mismo tiempo una leve sonrisa comenzó a aparecer en su rostro, y se hubiera hecho más grande, de no ser porque un air-car comenzó a tocar repetidamente el cláxon a sus espaldas…

Vegeta salió bruscamente de sus pensamientos, y al ver a su alrededor, vio con enfado y verguenza que un gran número de personas en sus coches lo estaban mirando asombrados al verlo levitar en el aire como si nada. Trunks también los vio y les sonrió moviendo sus manitos, a lo que algunos conductores, aún sin saber lo que pasaba, le contestaron nerviosamente. Vegeta trataba de contener su ira y las ganas de destrozar a todos esos estúpidos humanos en ese instante… pero afortunadamente se contuvo y salió volando a toda velocidad, dejando a conductores y peatones pasmados.

Ya lejos de ese alboroto, Vegeta continuaba buscando el centro comercial, aún avergonzado por lo que le había pasado recientemente. Mientras los rojos colores abandonaban su cara, murmuró molesto:

  • VG : ¡¡Eso me pasa por comportarme de esa manera tan idiota y no sé porqué demonios lo hice!!… ¡¡Humanos estúpidos, ya me estoy pareciendo a ellos!! Eso era justo lo que no quería que sucediera… llamar la atención… todo por culpa de este niño… grrr… ¡¡al diablo con humanos!!
  • TR : ¿Aaah?… a…ga…? –balbuceó mirándolo extrañado.
  • VG : ¡¡No te preocupes, que la cosa no es contigo!!… ¡¡así que no te metas!!… –dijo tratando de calmarse un poco y continuó– ¡¡Ya dejémonos de idioteces y acabemos con esto de una vez!!… rayos… ya debería haber llegado al centro comercial… –murmuró mirando a su alrededor mientras volaba– estoy seguro que era por aquí, lo recuerdo… vine con Bulma un par de veces… prácticamente obligado por ella… y creo recordar el camino… no puedo equivocarme… ¡¡Ajá!!… ¡¡Lo sabía, ahí es!! –dijo al encontrarlo.

El centro comercial era enorme y tenía varios niveles en donde uno podía encontrar de todo, desde ropa hasta comida y los más variados artículos. Pero lo que le interesaba a Vegeta era encontrar el centro de venta de comestibles. El supermercado, en otras palabras. Y al dar con él, que estaba en uno de los sectores del centro comercial, dijo en voz alta:

  • VG : Bien… al fin llegamos… ahora descenderé para no llamar la atención y evitar causar un posible escándalo si alguien nos llega a ver… –y terminando de decirlo, bajó rápidamente por una de las esquinas del establecimiento, tan rápido, que nadie lo notó, y lo tomaron como una ligera brisa. Trunks lo miraba curioso y, al notarlo, Vegeta le dijo seriamente– Primero que nada, no pienso entrar a ese sitio llevándote colgado de esta cosa absurda –dijo refiriéndose al canguro–, así que me desharé de él y te llevaré cargado… ¡eso es preferible a hacer el ridículo!

Terminando de decirlo, se desembarazó del canguro, pero sufrió un buen rato desatando las correas que sujetaban a Trunks. Tal parece que a Vegeta se le había pasado la mano en asegurarlas, porque al final el niño terminó en una especie de telaraña. Vegeta perdió la paciencia, y apuntando su mano contra la maraña de correas, concentró su ki y las desintegró en un instante, pero sin dañar para nada a su hijo, ni la ropita que llevaba. Había calculado la energía necesaria para esto. Luego cargó a Trunks y, acomodándolo en su brazo, le dijo frunciendo el ceño:

  • VG : ¿Recuerdas el trato que hicimos antes de salir, mocoso?… éste será el plan: no quiero llantos, ni gritos, no toques ni rompas nada y no me molestes en ninguna situación… en otras palabras… quiero que actúes como si no me conocieras, es decir, no me conoces, no me dirijas la palabra… nunca me has visto en tu vida… somos dos perfectos desconocidos… ¡¿me entendiste, enano?!

Esto último se lo dijo acercando su rostro al de Trunks, que lo miró confundido como en otras veces, frunció su pequeño ceño como imitando a su papá y, unos instantes después, pescó con su manito la nariz de Vegeta de golpe, mientras reía; en cambio, esto no le hizo nada de gracia al saiya, que reaccionó con enojo:

  • VG : ¡¡TE DIJE QUE NO ME TOCARAS, NIÑO!!… ¡¡SUELTA MI NARIZ, SUÉLTAME TE DIGO!!! –gritó librándose del agarro de Trunks, que a pesar de haberlo apartado bruscamente, continuaba mirándolo sonriente y divertido– ¡¡Ya es la segunda vez que te pasas de irrespetuoso conmigo, mocoso!!… –dijo bastante molesto y restregándose su nariz– ¡¡Pero te advierto que no voy a tolerar esto de nuevo y la próxima vez me enojaré de verdad!!… volviendo a lo que te dije antes… ¿lo harás, sí o no?
  • TR : Aa… ga… jijii… gga… –dijo aplaudiendo.
  • VG : …eeh… creo tomaré eso como un sí… –dijo con una expresión confusa y luego añadió– De acuerdo… ahora acabemos con esto de una buena vez… y sobre todo… que sea RÁPIDO…

Y una vez acordado, Vegeta comenzó a caminar con Trunks en brazos, rumbo al centro comercial para cumplir con su objetivo…
¿Podrá Vegeta hacer las compras sin problemas?… ¿Cumplirá Trunks con su parte del trato?


Papá por Siempre – Capítulo 4

Capítulo 4: «Un nuevo contratiempo»

Fanfic: Papá por Siempre


La última vez dejamos a Vegeta y al pequeño Trunks en la cámara de gravedad. Nos preguntamos si podría seguir todo así de tranquilo…

Ya eran más de las dos de la tarde y hacía bastante calor en la capital de oeste. Era la hora en que todas las personas salían de sus trabajos para almorzar en sus casas o en alguna otra parte. Todo estaba muy tranquilo, incluyendo en la Capsule Corp., en donde no se escuchaba nada… excepto en la cámara de gravedad…

Vegeta seguía entrenando sin importarle la hora que era, y ahora se encontraba totalmente concentrado levitando en medio de la cámara con el traje de entrenamiento que había fabricado con las pesas. Estaba dando vueltas sobre un mismo sitio como si imitara las manecillas de un reloj. Tenía los ojos cerrados y, mientras hacía esto, algunos objetos de la cámara, como pesas, mancuernas y otras cosas, comenzaron a levitar a su alrededor. Vegeta había estado practicando esto en los últimos días, tratando de mejorar su concentración, pero al juzgar por las gotas de sudor corriendo por su rostro, era un ejercicio que necesitaba de mucho esfuerzo y dedicación por parte suya, y Vegeta, cuando hacía algo, se dedicaba de lleno a eso…

  • VG : Vamos… kkk… así está muy bien… –murmuraba en voz baja mientras los objetos comenzaron a girar en torno suyo y la velocidad iba en aumento– sólo me falta un poco más para dominar esto… grrr… ya casi… nada puede salir mal…
  • TR : ¡¡¡¡BUUUUAAAAAAA!!!! –gritó Trunks de golpe, provocando un fuerte eco en toda la cámara.
  • VG : ¡¡¿¿QUÉ??!!… ¡¡¡AAHHHH!!! –gritó Vegeta al perder la concentración por el susto y caer pesadamente al suelo, al igual que todos los objetos que levitaban con él.

Sin darle importancia a la caída de su papá, Trunks continuó llorando más fuerte, mientras Vegeta se levantaba y por lo que se veía en su rostro, estaba TERRIBLEMENTE furioso y se dijo a sí mismo:

  • VG : El príncipe de los saiyajins… el guerrero más poderoso del universo… asustado por el llanto de un infante… no puedo creerlo… ayy… –dijo mientras se sobaba el golpe– Esta vez… ¡¡este mocoso me las pagará!!

Vegeta se acercó a su hijo con una terrible expresión en su cara. Trunks, que seguía llorando, no se molestó en mirarlo y sujetó con fuerza su biberón… que se encontraba vacío…

  • VG : ¡¿QUÉ DIABLOS TE OCURRE, NIÑO?! –le dijo muy molesto– ¡¡¡POR TU CULPA SE ARRUINÓ LO QUE ESTABA HACIENDO Y NO SÉ SI RECUERDES LO QUE TE DIJE QUE TE HARÍA SI ME VOLVÍAS A MOLESTAR!!!… –le gritó amenazante, a lo que Trunks paró de llorar, pero luego siguió llorando arrojando su biberón contra los barrotes de su corral cerca de donde estaba Vegeta, que no pudo hacer otra cosa que cubrirse los oídos, mientras pensaba apretando los dientes– «¿Ahora qué le pasará a este mocoso? Tengo que encontrar la manera de callarlo antes de que me vuelva loco»
  • TR : ¡¡BUUUUAAAAA!!!! –siguió el llanto.
  • VG : ¡¡Ya, cállate!! –dijo mientras se cruzaba de brazos– A ver… hace un rato estaba muy tranquilo… ¿qué estuve haciendo en ese momento?…
  • TR : ¡¡BUUUUAAAAA!!!! –volvió a llorar.
  • VG : ¡¡Que te calles!!!… Ah, demonios… qué niño tan molesto… mmh… ahora que recuerdo… mientras estuve haciendo mis ejercicios acrobáticos, estuvo muy callado y entretenido… a menos que llore porque ya se aburrió y quiere verme saltar de nuevo… –se colocó de frente a él y le dijo– ¡¡Escúchame, niño!! Si ya te aburriste de estar aquí, pues lo siento mucho… ¡¡Porque yo no voy a ser tu payaso personal, ni voy a hacer acrobacias sólo para que te entretengas cada vez que quieras!!… ¡¡Así que ten eso muy claro!!
  • TR : ¡¡¡¡BUUUUAAAAA!!!! –continuó el llanto.
  • VG : Argg… no, no creo que sea por eso… –pensó– éste empezó a llorar de la nada… ¿qué rayos puede ser?… yo no sé nada de psicología de bebés, ni tampoco lo necesito saber… todo es por culpa de Bulma por dejarme al mocoso… –comenzó a caminar en círculos– Este niño no se calla con nada… tengo que recordar lo que dijo mi suegra cuando vino… ¿qué me dijo en caso de llanto?… Primero dijo algo de estar solo… pero no creo que sea eso, si ha estado conmigo todo este tiempo… ¿qué otra cosa más dijo?… ¡ay,no!… espero que no sea lo que estoy pensando… –dijo lo último con desagrado.

Respirando profundamente, Vegeta cargó con cuidado a Trunks que seguía llorando… y quitándose uno de sus guantes, tocó el pañal del niño previa vacilación y al cabo de unos segundos sopló con alivio…

  • VG : ¡¡¡Uffff!!!… afortunadamente no era eso… pero entonces, ¿qué más puede ser? –dijo mientras sostenía a Trunks, que no había dejado de llorar, en su brazo. Ya estaba a punto de dejarlo de nuevo en el corral, cuando en un instante, Trunks pescó el dedo de la mano de Vegeta con fuerza y se lo introdujo en la boca, sorprendiendo al saiya– ¿¿Qué??… Pero… ¡¿qué haces, niño?!… ¡¡suéltame!! –gritó ensanchando los ojos.

Vegeta tenía una expresión, más que confundida, nerviosa, porque Trunks nunca había hecho eso con él antes. No sabía qué hacer, y de pronto sintió que su hijo le estaba succionando el dedo, que justo era en la mano desenguantada, y cerraba los ojos, calmándose. En eso recordó algo más que le había dicho la Sra. Briefs:

«…simplemente puede tener hambre y quiere comer…»

  • VG : ¡¡Hambre!!… ¡¡así que todo el escándalo de este infante era por eso!!… tiene hambre… demonios… debí haberlo sospechado antes cuando tiró el biberón… –dijo sin entusiasmo, y luego, frunciendo el ceño, dijo extrañado– Pero… que yo recuerde, esa mujer tan ruidosa lo había dejado con bastante leche en su biberón cuando se fue hace unas horas… pero, ahora que lo pienso… estamos hablando de un bebé saiyajin y por supuesto eso no pudo ser suficiente alimento para él… y justo se le ocurre tener hambre en este momento… ¡bah!… ¡que no moleste!… yo tampoco he comido y no me quejo. Además, tengo otras cosas más importantes que hacer… ¡Ya basta, niño!… ¡¡deja mi dedo, que me lo vas a arrugar!! –dijo librándose del agarro de Trunks con brusquedad y dejándolo en su corral, haciéndolo llorar de nuevo…
  • TR : ¡¡BUUAAAAA!!!!! –gritó bastante malgeniado.
  • VG : ¡¡Ya no me molestes, niño caprichoso!!… –gritó exasperado– ¡¡¡NO ME VOY A MOVER DE AQUÍ Y DEJAR MI ENTRENAMIENTO SÓLO PORQUE TÚ TIENES HAMBRE, Y POR NADA DEL MUNDO ME VAS A CONVENCER!!!

Minutos después…

Se escuchó abrirse la puerta principal de la Capsule Corp., para dar paso a Vegeta, caminando muy molesto con su traje normal, ya que se había quitado el pesado traje de entrenamiento de hacía un rato, y llevaba a Trunks bajo uno de sus brazos, con rumbo a la cocina. Al llegar, dejó a su hijo sobre la mesa, mientras murmuraba…

  • VG : …por nada del mundo me va a convencer… sí, cómo no… –dijo irónico, repitiendo sus palabras anteriores– ¡¡Ah, qué demonios!!… –luego lo miró y gruñó– ¡¡¡Pero ni se te ocurra pensar que va a ser así siempre, ni que me has ganado!!!… ¡¿Entendiste, mocoso?!

Trunks lo miró y sonrió aplaudiendo, a lo que Vegeta bajó la cabeza resignado… Realmente, lidiar con un bebé de un año era la prueba más difícil que le había tocado. Apretando los labios de rabia, volteó hacia los estantes y mientras los abría se decía…

  • VG : ¿En dónde diablos guardará Bulma la comida del niño?… y ahora que lo menciono… ¿qué es lo que le da de comer?… –en eso recibió un golpe en la cabeza de algún objeto y volteó molesto, ya sabiendo quien se lo había lanzado– ¡¡Oye, tú!!… ¡¡¿sigues con el estúpido juego de tirarme cosas, eh?!!… ¡¿qué es esto?!

Luego de decirlo, se fijó en el objeto que había caído en el suelo, un frasquito de vidrio vacío que decía comida para bebés… sorprendido miró a su hijo, que lo observaba con una sonrisa en su pequeño rostro. Lo vuelvo a repetir: para su edad, era un chico muy listo. Finalmente, Vegeta dijo:

  • VG : Así que esto es lo que comes… ¿no, niño? –dijo sin mucho interés y con su típica expresión– …umph… no creo que uno solo te sea suficiente… por lo menos debes de comer unos tres o más… pero, en fin… este frasco está vacío, así que no sirve de nada… ¿dónde estarán los demás?

En eso, Vegeta se percató de un papel escrito que estaba pegado en uno de los estantes. Tomándolo, lo leyó:

  • VG : ¿Quién habrá dejado este papel aquí?… A ver… qué dice: «Busca en el primer estante, superior, extremo derecho…» –leyó extrañado–. No comprendo… pero, veamos qué hay… –y siguiendo lo que decía la nota, abrió el estante indicado y allí encontró otro papel colocado a propósito, y un poco más molesto, dijo– ¿Qué?… ¿otro papel?… ¿Quién habrá querido hacerme caer en este juego estúpido?… Lo más seguro es que haya sido Bulma… vaya manera tonta de hacerme perder el tiempo –y tomándolo, leyó el nuevo papel–. «Se acabó la comida para bebés, tendrás que ir al centro comercial a comprar más»… ¡¡¿¿A COMPRAR MÁS??!!… ¡¡¿¿ACASO SE HA VUELTO LOCA??!!… ¡¡PEDIRME A MÍ QUE HAGA ESO!!!… ¡¡AH, NO, ESO NI LOCO LO VOY A HACER!! –gritó totalmente furioso.
  • TR : ¡¡¡BUUUAAAA!!! –volvió a llorar de nuevo, asustado por los gritos de su papá.
  • VG : ¡¡TÚ, CÁLLATE!! –se volteó irritado– ¡¡¡NO ME PONGAS MÁS FURIOSO DE LO QUE ESTOY, PORQUE NO LA CUENTAS!!!… ¡¡¡Y NO ME INTERESA QUE NO TENGAS ESA COMIDA!!!… ¡¡¡COMERÁS LO QUE HALLA!!!

Sin prestarle atención a los llantos de su hijo, Vegeta abrió la nevera con la intención de buscar algo de leche para darle…. pero ante sus ojos y enojo, apareció otro papelito escrito…

  • VG : ¡Oh, no!… ¡¡otro más!!… ¿ahora qué dirá esta vez?… «Tampoco hay leche… tendrás que comprarla» GRRRrrrrr….. –al parecer, la Sra. Briefs le había dado al niño la última leche que quedaba. Vegeta comenzó a ponerse muy rojo, como un volcán a punto de explotar, y gritó retumbando la casa– ¡¡¡¡¡¡ARRRGGG!!!!!!… ¡¡¡MALDITA SEA!!!

Trunks siguió llorando, a lo que Vegeta, que estaba al borde de un colapso nervioso, se cubrió los oídos y apoyó su frente contra la pared, mientras trataba de calmarse. Estaba a punto de volverse histérico, esto no podía estar pasándole, y pensaba si tal vez hubiera sido mejor quedarse en cama hoy…

  • VG : ¡¡Mierda!!… esto no puede estar sucediéndome… –se decía a sí mismo con un tono de voz furioso– ¡¡Maldición, Bulma!!… ¡¿qué he hecho para que te vengues así de mí?!… qué haré… qué haré… si lo escucho llorar una vez más, no sé lo que sea capaz de hacerle… ¿pero qué diablos estoy diciendo?… este mocoso engreído no va a ganarme y no tengo porqué ponerme así… éste no es problema mío… así que simplemente no le haré caso y punto… ahora me iré despacio, y nada tiene porqué importarme…
  • TR : ¡¡¡¡BUUUAAAAA!!!! –gritó al ver que Vegeta dejaba la cocina.
  • VG : Ay… ¡¡ya no lo aguanto!!… –dijo deteniéndose en seco– me van a reventar los oídos si sigo así… ¡¡no iré a ese lugar a comprarte comida!!… ¡¿ME OÍSTE, NIÑO?!… ¡¡NO VOY A IR!! –dijo apretando los puños.
  • TR : nnnh…mmm… –gimió y reanudó el llanto– ¡¡¡¡BUUUAAAAA!!!!

Trunks estaba muerto de hambre y su llanto era la única manera de expresar cómo se sentía. Pasó bastante rato y el pequeño no dejaba de llorar… y esto le había producido hipo por el esfuerzo. Sus ojitos estaban muy rojos, pero a pesar de todo seguía llorando. Vegeta no se había movido de donde estaba, parado contemplando la puerta, y pensaba:

  • VG : Qué niño más necio… –pensaba con algo de incomodidad– Pensaba que se iba a callar rápido, pero ya veo que no es un capricho… quizás de verdad tenga mucha hambre… pero, ¿qué puedo hacer yo?… no tengo porqué ir a comprarle comida, sobre todo porque detesto ese sitio… grrrr… –volteó a mirar a su hijo, que ya le había pasado el hipo, pero seguía llorando, aunque menos fuerte… y apretando los dientes, dijo en voz alta– …¡ESTÁ BIEN!… ¡ESTÁ BIEN!… ¡¡IRÉ A ESE LUGAR A BUSCAR TU COMIDA, AUNQUE TENGA QUE ARREPENTIRME DESPUÉS!!…

Trunks dejó de llorar al escuchar a su papá, comenzó a calmarse mientras su respiración se normalizaba y, al verlo acercarse, sonrió aún con lágrimas en sus azules ojos. Vegeta lo miró, sin cambiar su acostumbrada expresión y le dijo:

  • VG : Que ésta sea la última vez que te hago un favor… y no lo hago porque quiera ni me guste… sólo que si sigues llorando de esa manera, te puedes hacer daño… –dijo con un tono de voz más suave, pero luego pensó unos instantes y de inmediato añadió frunciendo el ceño– …¡¡y si te pasa algo, toda la culpa caerá sobre mí, así que no me causes problemas!!

Luego de dejarlo en su corral, Vegeta se dio media vuelta con rumbo a la puerta de salida, y cuando iba a recoger las llaves de una mesita de centro, observó otro papel colocado debajo de ellas a propósito, y la leyó:

  • VG : ¿Otra nota más?… esto ya se está volviendo monótono… a ver… qué dice… «Buena elección… aquí te dejo la tarjeta de crédito. Que pases un buen día. Te amo… Bulma» –luego de leerla, sonrió irónico y se dijo– Tal parece que ella lo tenía todo planeado… y yo que me preguntaba dónde estaría la tarjeta de crédito… es como si Bulma hubiera viajado en el tiempo y se hubiera enterado de lo que iba a pasar… bueno, qué diablos… ya ajustaré cuentas con ella después… mejor me voy antes que este enano vuelva a llorar de nuevo… –y diciéndolo, tomó la tarjeta y se dispuso a irse.
  • TR : ¡¡¡BUUAAAAA!!! –volvió a llorar desde su corral, apoyándose en el barandal.
  • VG : ¿¿Por qué lloras ahora??… –dijo acercándose a él, a lo que Trunks dejó de llorar– Ya te dije que voy a ir… así que espérate tranquilo… –al verlo calmado de nuevo, volvió a irse.
  • TR : ¡¡¡BUUAAA!!! –lloró otra vez y Vegeta le gritó fuertemente desde donde estaba…
  • VG : ¡¡¿¿Quieres hacer que pierda la paciencia y me desanime de ir por tu comida, mocoso??!! –iba a gritarle más cosas, cuando recordó algo y pensó– «Ahora que recuerdo… este llanto ocurrió en la mañana y era porque… no quería quedarse solo… demonios… ¡¡es cierto!!… no puedo dejarlo solo, porque podría causar un estropicio y hacerse daño si rompe algo como la vez anterior… uno nunca sabe de lo que es capaz un bebé saiyajin… pero tampoco quiero llevarlo conmigo… ¡¡si no quiero ir solo, menos voy a querer ir con él!!… pero si no voy, otra vez comenzará el concierto de llantos, y no lo soportaré… mmmhh…» –cuentas de sudor comenzaron a correr por su frente, y dándole la espalda le dijo con dureza– ¡¡SI ES QUE VOY A IR… IRÉ SOLO!!!… ¿¿COMPRENDES??… ¡¡¡ASÍ QUE NI PIENSES EN VENIR CONMIGO!!!
  • TR : ¿Aah?… mmm… ¡¡¡¡BUAAAAA!!!! –volvió a llorar, a lo que Vegeta gritó golpeando el muro, pero sin romperlo, y dándose vuelta le gritó:
  • VG : ¡¡¡BASTA YA!!!… ¡¡NO QUIERO ESCUCHARTE GRITAR MÁS!!… ¡¡ESTÁ BIEN!!… ¡¡VENDRÁS CONMIGO!!… ¡¡¡PERO YA NO LLORES!!! –le gritó de golpe totalmente ofuscado y con los ojos muy abiertos.

Trunks cesó de llorar, volviendo a sonreír, y estiró sus manitos al ver a su papá acercándose. Vegeta lo cargó y le dijo mirándolo a los ojos:

  • VG : Escúchame bien, niño… éste va a ser el trato para que vengas conmigo… no quiero escucharte llorar ni una sola vez, ni tampoco quiero que me dejes en ridículo y sobre todo… ¡¡Que no me molestes!!… ¡¿quedó claro, sí o no?!

Esto último lo dijo acercando a Trunks a su rostro y mirándolo con su expresión enojada, a lo que Trunks puso una carita de extrañeza… y de golpe se agarró a las mejillas de su papá, riendo. Vegeta se sorprendió por lo que su hijo estaba haciendo y trató de alejarlo de su rostro…

  • VG : ¡¡YA, DÉJATE DE HACER ESO, QUE ME MOLESTA!! ¡¡SUELTA!! –tiró de Trunks hasta que lo soltó y le dijo mientras se sobaba la mejilla– Y la última cosa antes de ir… ¡¡no vuelvas a tocarme ni a hacerme esas cosas tontas!!… eres muy irrespetuoso con tus mayores, ¿lo sabías?

Trunks rió de nuevo y Vegeta suspiró resignado, porque sabiendo que no le iba a entender, era inútil que lo amenazara. Entonces se dispuso a irse con Trunks de compras. Pero en la puerta se detuvo y murmuró:

  • VG : ¿Y ahora cómo voy a llevarlo?… podría hacerlo volando… sería más rápido, pero al tener que cargarlo me quitaría maniobrabilidad de movimientos… y además sería muy incómodo…
  • TR : aga…ga…aaa –balbuceó Trunks, señalando algo que estaba colgado en la pared.
  • VG : ¿Qué cosa?… ¿ehh?… ¿qué quieres? –al ver que se agarraba al objeto de correas rojas, al percatarse de que era un canguro para cargar bebés y llevarlos sostenidos por adelante, recordó cómo había visto a Bulma usarlo para llevar a Trunks algunas veces. Vegeta lo miró con cara de espanto y dijo molestándose –¡¡Ah, no!!… ¡¡eso no!!… ¡¡¡NO VOY A PONERME ESA COSA TAN RIDÍCULA PARA LLEVARTE, AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA EN ESTA VIDA!!!

Al cabo de un buen rato, Vegeta salió de su casa con Trunks… sólo que lo tenía cargado del canguro que traía puesto… y al ver su rostro enrojecido, a Vegeta se le notaba bastante avergonzado y dijo nuevamente en tono irónico:

  • VG : …lo último que haga en esta vida… grrr… –dijo muy molesto, mientras Trunks, que estaba colgado a la altura de su abdomen y de espaldas a él, movía sus bracitos divertido– …umph… si hubiera sabido que iba a terminar así, hubiera preferido seguir siendo mercenario en el espacio… pero, bueno, qué más da… tengo que seguir… –luego miró a su hijo y dijo– ¡¡Oye, enano!!… ¡¡más te vale que te sujetes bien, porque iremos muy rápido!!

Y terminando de decirlo, el príncipe de los saiyajins partió volando a toda velocidad con su hijo a cuestas, y se perdieron luego de dejar una estela de polvo que se disipó lentamente…
¿Cómo se imaginan que serán esas compras?… no se pierdan el próximo capítulo…


Papá por Siempre – Capítulo 3

Capítulo 3: «Entrenamientos precoces»

Fanfic: Papá por Siempre


Vegeta ya estaba resignado a quedarse con el niño por el resto del día, a pesar que ya había comprobado anteriormente que cuidar a un bebé no era tarea fácil…

Luego que la Sr. Briefs se retiró, Vegeta se quedó solo con su hijo, que estaba bastante ocupado en terminar con su desayuno, es decir, su biberón de leche. Lo miró un rato y, suspirando, se acercó al corralillo que estaba en medio del salón y lo dejó allí. Luego se dirigió a su habitación con la intención de asearse para luego desayunar.

  • VG : ¿Ahora qué diablos haré con este niño?… –pensaba mientras se afeitaba– Bueno, ya me ocuparé de eso más tarde… pero primero comeré algo, que ayer, por culpa de Bulma, no pude cenar.

Luego que terminó, se cambió de ropa y bajó a desayunar. Se había puesto su traje habitual de entrenamiento, es decir, camiseta sin mangas y un par de pantalones con sus acostumbrados guantes y botas blancas, sólo que a diferencia del traje del día anterior, éste era de color negro en lugar de azul. Tal parece que Vegeta nunca se decidiría a remodelar su guardarropa.

Se acercó a la nevera y, luego de husmear un rato, tomó lo que le apetecía y cerró el aparato, dirigiéndose a la mesa con tal cantidad de comida en sus brazos, que hubiera bastado para alimentar a un regimiento completo. Afortunadamente, Bulma le había dejado comida sólo para calentar, así que en ese aspecto no tendría que preocuparse.

Trunks lo miraba con una expresión de sorpresa en su pequeño rostro, dejando caer su biberón por toda la comida que veía. Vegeta, al darse cuenta de su escutrinio, le dijo:

  • VG : ¡¿Y tú qué me miras con esa cara de idiota, enano?! –le dijo preparándose para comer– ¡Que no te sorprenda esto, porque tú también comerás así cuando seas más grande! –y terminando de decirlo comenzó a devorar toda la comida que tenía en frente ante la mirada atenta de su hijo, que imitándolo, continuó tomando su leche que había dejado a medias.

Luego que terminó de comer, Vegeta no se molestó en recoger nada, como era su costumbre, y se sentó pesadamente en un sillón de la sala para descansar a cierta distancia de Trunks. Al igual que Goku, su digestión duraba poco tiempo, ya que el metabolismo de los saiyas era muy rápido. En unos minutos estaría listo para entrenar. Se quedó sentado un rato, viendo cómo Trunks estaba muy entretenido con sus muñecos de peluche y los juguetes que tenía en el corral y, por su parte, trató de encontrar algo bueno que ver en la televisión para distraerse.

Luego de 15 minutos, ya estaba totalmente aburrido y, dado su carácter, estaba harto de tener que estar allí sentado sin hacer nada. Se levantó apagando el aparato y dijo en voz alta:

  • VG : ¡¡Ya no aguanto el tener que estar aquí metido, cuando podría estar desde hace rato entrenando!! –dijo molesto– ¡¡Me voy a entrenar como debe ser, y nada ni nadie me lo impedirá!! –Ya estaba a punto de marcharse por la puerta, cuando…
  • TR : ¡¡¡¡¡BUAAAAA!!!!! –gritó Trunks con voz potente.
  • VG : ¡¡Ay… diablos!! –se detuvo en la puerta y se dio vuelta– ¿¿Y ahora qué??

Con paso rápido se dirigió hacia Trunks, que paró de llorar al verlo y lo miró curioso…

  • VG : ¡¿Qué tienes, niño?!… ¿eh? –pero al ver que se había quedado calmado de nuevo y le estaba sonriendo, murmuró molesto– De seguro fue una falsa alarma de parte tuya para fastidiarme… –y diciendo esto, otra vez se dirigió a la puerta.
  • TR : ¡¡¡BUUUAAAAA!!! –volvió a gritar al verlo irse, pero cuando regresó, volvió a callarse.
  • VG : ¿¿Y ahora qué te pasa??… ¡¡Te advierto que este jueguito tuyo no me está haciendo ninguna gracia y terminaré enfadándome en serio!! –y de nuevo cuando ya estaba a mitad de camino…
  • TR : ¡¡¡BUUUUAAAAA!!! –lloró de nuevo. Pero esta vez Vegeta se le acercó totalmente furioso y le gritó fuertemente:
  • VG : ¡¡¡¡YA BASTA!!!! ¡¡¿¿ACASO QUIERES BURLARTE DE MÍ,MOCOSO IDIOTA??!! –le gritó molesto– ¡¡¡LLORAS CADA VEZ QUE ME VOY!!!… ¡¡¡TE CALLAS CUANDO REGRESO!!! ¡¡QUÉ ES LO QUE…!! –no terminó la frase, porque en ese momento le vino a la memoria unas palabras que le escuchó decir a su suegra anteriormente:

«…si en caso llorara puede ser porque: está solo y quiere compañía…»

Vegeta trató de calmarse un poco y, al ver a Trunks, se sorprendió que no estuviera llorando ni asustado a pesar de todo lo que le había gritado… tal parece que el niño ya se estaba acostumbrando a su carácter…

  • VG : Así que no quieres quedarte solo… –sonrió irónico– Tal parece que tu madre te tiene demasiado consentido… ¡¡Pues escúchame bien, mocoso!! ¡¡Yo no voy a sacrificarme ni a quedarme encerrado sólo por un capricho tuyo!!… ¡¡Así que puedes llorar todo lo que quieras, porque no te haré caso y ahora mismo me voy!!

Al ver que su papá se iba de nuevo, Trunks volvió a llorar, pero esta vez Vegeta no se detuvo. En su frustración, el pequeño se incorporó sosteniéndose de los barandales del corral y logró alcanzar uno de los extremos del mantel de una mesa de centro que tenía a su lado, y tiró de él con rabia con la intención de colgarse e ir tras él (para tener un año, era muy inteligente), haciendo que unos adornos de cristal que tenían extremos aguzados y unos jarrones comenzaran a temblar encima de él.

Vegeta escuchó el repiqueteo de los objetos, y al voltear vio con horror que estaba a punto de caer sobre su hijo. Usando su gran velocidad, llegó a su lado deteniendo los jarrones y objetos de cristal a escasos centímetros de Trunks.

  • VG : ¡¿QUÉ INTENTABAS HACER, NIÑO?! –dijo respirando aliviado, pero a la vez molesto– ¡¡¿¿MATARTE Y LUEGO HACER QUE ME MATEN A MÍ SI TU MADRE SE ENTERARA??!! –Trunks lo miraba sin comprender, y Vegeta, al ver su incomprensión en sus ojos azules, suspiró y acomodó los objetos en donde estaban. Luego de apartar el corralillo lejos de los objetos, se apoyó en la pared pensando– «¡¡Demonios!!… No puedo dejar solo a este niño, porque a parte de reventarme los oídos con sus llantos, podría causar un gran destrozo aquí y hacerse daño para luego meterme en problemas a mí… ¡¡pero no puedo quedarme aquí para siempre, rayos!!… si pudiera vigilarlo y al mismo tiempo entrenar… a menos que… ¡¡No!!… ¡¡Eso no!!» –luego miró a Trunks, que no le quitaba la vista de encima, y apretando los dientes le gritó– GRRR… ¡¡ESTÁ BIEN… LO HARÉ!!

Luego de un rato, Vegeta salió de la Capsule Corp. con rumbo a su cámara de gravedad. Llevaba a Trunks bajo un brazo, y por la expresión en su rostro, se le notaba enfadado. El pequeño miraba interrogante a su papá cuando lo vio apretar unos botones en la puerta de esa extraña casa y luego girar una enorme manija para abrirla. Al entrar miró el interior, que era muy grande, con curiosidad y había un juguete muy grande en el centro de la sala. Vegeta le dijo mientras sacaba una cápsula de su bolsillo:

  • VG : Por si no la conocías, ésta es la cámara de gravedad –dijo con su tono habitual de voz– Pensaba traerte más adelante, pero creo que hubo un cambio de planes inesperado y sólo lo he hecho para que no te metas en problemas… ¡¡y que me dejes en paz para entrenar!! –luego de activar la cápsula, la expandió y apareció un corralillo en donde dejó a Trunks y luego le dijo apuntándolo con el dedo y cerca a él– ¡¡Ahora escúchame bien… no quiero que me molestes y no quiero gritos… tienes tus juguetes y demás tonterías, así que no tienes ningún motivo para fastidiarme!!

Trunks lo miró extrañado, y sonriendo atrapó el dedo enguantado de su papá en su pequeña mano, riéndose, para sorpresa de Vegeta…

  • VG : ¡¡Ya, niño!!… ¡¡Suéltame!! –logró soltarse del agarro de su hijo y murmuró mientras se acercaba a la máquina que controlaba la gravedad– Este mocoso es fuerte… bueno, eso no está mal… siendo mi hijo, tiene que ser así… pero ahora debo olvidarme de eso y comenzar a entrenar… uhmm… creo que comenzaré con gravedad 200 y luego la seguiré aumentando.

Vegeta programó la máquina, colocándose luego en posición para comenzar su entrenamiento. Comenzó a sentir los efectos de la gravedad y miró a su hijo, desviando la mirada después… unos segundos después, sus ojos se ensancharon al recordar algo. Rápidamente saltó hacia la máquina y la apagó de un golpe. No habían pasado ni diez segundos, pero si hubiera corrido más tiempo, Trunks podría haber muerto aplastado por tan enorme gravedad…

  • VG : ¡¡¡Maldición!!! –dijo sudando– Me había olvidado de que el mocoso estaba también aquí… con él no podré subir la gravedad ni un punto. Bueno… ¡¡Qué más da!!… Tendré que entrenar sin gravedad… grrr… ¡¡Este niño me va a volver loco!!

Vegeta comenzó a entrenar sin gravedad por espacio de quince minutos y Trunks lo miraba con curiosidad, pero luego los muñecos que estaban junto a él atrajeron su atención y comenzó a jugar con ellos en lugar de seguir mirando las monótonas lagartijas que desde hacía rato estaba haciendo su papá…

  • VG : 544… 545… 546… 547… ¡¡Demonios!!… ¡¡Esto es demasiado fácil!! –dijo con rabia y parando de hacer su serie de lagartijas, que al parecer no le costaban ningún esfuerzo, a pesar que las hacía con una sola mano– Esto no es un entrenamiento… ni siquiera he transpirado como cuando entreno con gravedad… pero con este niño no puedo hacer nada… si hubiera alguna manera de ganar más peso… –comenzó a caminar por la sala pensando en eso cuando su vista se posó en unas pesas que estaban en una esquina de la cámara– Eso… tal vez podría funcionar… esas pesas son de alrededor de 300 kilos más o menos en conjunto… creo que no me queda otra…

Vegeta puso en plan su idea, y luego de un momento comenzó su serie de lagartijas nuevamente, sólo que esta vez las hacía de cabeza, soportando todo su peso en sus brazos mientras que con sus pies sostenía la pesa, cuya barra se apoyaba en las plantas de sus pies y mantenía el equilibrio de ambos extremos. Al parecer esto había hecho efecto, porque le costaba algo más de esfuerzo hacer su ejercicio.

Trunks desvió su atención hacia su papá y sonrió al verlo en esa posición tan graciosa para él. Estiró sus manitos mientras emitía sonidos parecidos a risitas y brincaba entretenido por lo que hacía su papá. Vegeta se dio cuenta de esto y pensaba molesto:

  • VG : Este mocoso piensa que estoy haciendo esto para su diversión… qué rayos… será mejor ignorarlo…

Ya iba a continuar cuando sintió que algo golpeó su cara, casi haciéndole perder el equilibrio. Miró hacia el suelo y descubrió que era una pelota de pequeño tamaño; volvió a sentir otro golpe y esta vez era un sonajero. Vegeta no estaba muy lejos del corralillo de su hijo, que a pesar de ser pequeño, era un saiyajin, y por lo tanto podía lanzar cosas con una fuerza superior a la de un niño normal. Trunks, por jugar, le estaba lanzando juguetes a su papá y esto estaba irritando tremendamente a Vegeta, que luego de sentir otro juguete golpearle, le gritó amenazándole con un puño y apoyándose en la otra mano…

  • VG : ¡¡¡YA DEJA DE TIRARME COSAS, NIÑO TONTO!!! ¡¡¡Y DE UNA BUENA VEZ QUITA ESA IDEA DE TU CABEZA DE QUE LO QUE HAGO ES SÓLO PARA QUE TE DIVIERTAS!!! –le dijo muy molesto.

Trunks calló al escucharlo, pero cuando Vegeta trató de apoyarse en ambas manos, sin querer lo hizo sobre una pelotita que le había lanzado su hijo anteriormente, obligándole a perder el equilibrio y caer de bruces al suelo, seguido de la pesa, que aterrizó en su cabeza. Al ver esto, Trunks estalló en risas, aplaudiendo y brincando apoyado en el barandal de su collarillo, mientras Vegeta se levantaba sobándose el golpe y murmurando palabras indecibles, tanto en idioma terrícola como en su idioma saiya natal…

  • VG : ¡¡¡Aaayyy!!!… ¡¡Mierda!!… No me percaté de dónde me apoyé… –luego se dirigió furioso hacia su hijo y le gritó– ¡¡MALDITO MOCOSO!!… ¡¡TE VOY A…!!! –Vegeta lo amenazó con su puño, lanzándole una aterradora mirada que calaría los huesos a cualquiera.

Trunks lo miró extrañado y puso una carita inocente de… «¿Qué hice?», clavando sus tiernos ojos azules en los azabaches de su padre, que luego de mirarlo unos instantes, apretó los labios, respirando ruidosamente por la nariz, con la cara muy roja por la rabia, y al final dijo, luego de un profundo soplido, bajando el puño…

  • VG : mmmhhh… ¡¡¡AAAHHH… BAH!!!… ¡¡Demonios!! –respiró profundamente y agachándose le habló apoyándose en el barandal del corralillo– Nunca… jamás se te ocurra volver a hacerme eso, porque te juro que la próxima vez no la cuentas… ¡¡¿¿ENTENDISTE??!!

Trunks sonrió y estiró sus manitos hacia su papá, sonriendo. Vegeta frunció el ceño y, levantándose, murmuró en voz alta:

  • VG : Tiene que haber otra manera de que pueda entrenar sin contratiempo ni golpes PROVOCADOS –mientras lo decía, miró a Trunks, y al ver su sonrisa, desvió la mirada– grrrr… a ver qué se me ocurre… ¡¡Ah!!… ¡¡ya lo tengo!!… pero necesitaré unas cosas… –con esta idea se dirigió a la puerta de salida, pero antes de eso pasó junto a Trunks y le dijo– ¡¡¡Quédate aquí y no hagas ni toques nada, porque si no, te irá muy mal!!!… ¡¡Y ni se te ocurra llorar!!… Ya regreso… –y salió de la cámara ante la mirada confusa de su hijo.

Al cabo de un buen rato, Vegeta se encontraba entrenando haciendo acrobacias alrededor de toda la cámara y lanzando poderosos golpes y patadas en complicadas llaves. Al parecer los movimientos que hacía le pesaban como si estuviera con gravedad, y además estaba entrenando con su armadura de combate. Paró un momento y, levitando, dijo satisfecho:

  • VG : No fue mala idea usar las pesas por separado unidas a la armadura, y también las pequeñas pesas de las mancuernas con las muñequeras y canilleras que pude fabricar… creo que usaré esta vestimenta en los siguientes entrenamientos con mayor gravedad, será algo muy útil… creo que el mocoso tiene algo de crédito por esto… –pensó un rato mirando a su hijo, pero luego sacudió su cabeza– Bah, tonterías…

Volvió a concentrarse y continuó con sus ejercicios acrobáticos. Trunks lo miraba con la boca abierta extasiado e impresionado. Nunca había visto a su papá moverse así de rápido y eso lo entretenía. Vegeta paró de hacer acrobacias y continuó con series de golpes rápidos y patadas contra un enemigo imaginario. No había sacado los robots de entrenamiento, porque sería muy peligroso para su hijo, así que lo hacía de esa manera.

Trunks no perdía de vista sus movimientos y, apoyándose en los barrotes del corral, se puso de pie frente a un muñeco grande de peluche. Frunciendo su pequeño ceño al igual que su papá, trató de patearlo sin soltarse del varandal. Al principio no pudo hacerlo, pero como también tenía su orgullo como su papá, seguía intentándolo. Al patear el muñeco, le gritaba como lo haría un luchador al atacar a su oponente. Vegeta, que seguía con sus movimientos, escuchó a Trunks y se detuvo a ver lo que pasaba. Vio a su hijo pateando y luego dándole pequeños golpes con sus puños al muñeco. Cruzando los brazos, el príncipe de los saiyas sonrió…

  • VG : Tan pequeño y ya quiere empezar a pelear –decía orgulloso con una pequeña sonrisa– Cómo se nota que tiene la sangre de los saiyajins. De seguro que si Bulma lo ve haciendo esto, dirá que es por culpa mía y mi mala influencia, jeje –mientras continuaba con sus ejercicios, se decía a sí mismo– La verdad, no creo que sea tan malo pasarla aquí con el niño… está bastante entretenido y puedo mantenerlo así por mucho tiempo… no tengo ningún problema en pasarme entrenando todo el día en la cámara con él –luego frunció el ceño y dijo–. Pero en cuanto llegue Bulma… ¡¡VA A ESCUCHAR TODO LO QUE VOY A DECIRLE!!

Y terminando de decir esto, lanzó una poderosa patada al aire, y Trunks, al verlo, trató de imitarlo pateando a su peluche. Vegeta sonrió suavemente a su hijo y continuó con su entrenamiento…

Tal parece que Vegeta la está pasando bien con su hijo, pero… ¿Seguirá así lo que le queda del día?…