No te vayas, 18

por Jacinto Muñoz (JM18V)

Era un día soleado, el sol iluminaba ampliamente la Tierra sin que ninguna nube lo molestara, todo era alegría y felicidad en ese pequeño planeta, la Paz reinaba por todos lados; pero los más felices sin duda eran los recién casados Krilin y #18, ellos vivían disfrutando su dicha en Kame House. ¿Quién iba a pensar que el hado del destino les tenía reservada una dura prueba para separarlos definitivamente o unirlos para siempre? En Kame House…

Krilin: ¡Levántate, amor!, es un día maravilloso.

#18: ¿Hmm?, es muy temprano, tengo sueño.

Krilin: Vamos 18, ven conmigo.

Diciendo esto, Krilin toma el brazo a su esposa y la lleva fuera de la casa.

Krilin: ¿No es un día precioso?

#18: Viéndolo bien, sí, es un día bonito.

Krilin: ¿Sabes qué lo hace mejor?

#18: No, ¿qué?

Krilin: Tonta, hoy cumplimos un mes de casados.

#18: Wow, ¡cómo pasa el tiempo!, parece que fue ayer cuando le di esa paliza a Vegeta, ja, ja, ja.

Krilin: No cambias, 18.

#18: Bueno, bueno, mejor cambiemos el tema, no quiero arruinar este día hablando de Vegeta.

Krilin: Está bien, pero fuiste tú quien empezó. ¿No?

#18: Ya, ya, bueno ya estoy totalmente despierta. ¿Quieres comer?

Krilin: Ahora que lo mencionas, sí.

#18: Iré a preparar algo.

Krilin: Oye, ¿Por qué no preparamos una fiesta esta noche para celebrar que cumplimos un mes de casados?

#18: Si eso te hace feliz.

Krilin: No se diga más, iré al Centro Comercial a hacer las compras.

#18: Oye, no irás solo, yo también iré contigo.

Krilin: Entonces después de comer vamos.

#18: Bien.

El día pasa y los tórtolos lo disfrutan al máximo y al caer la noche celebran junto con los demás en Kame House.

Gohan: ¡Felicidades, Krilin y 18!

Vegeta: ¡Esto es una tontería!, los humanos sólo celebran idioteces.

Bulma: Ja, nunca te han interesado nuestras celebraciones.

Vegeta: Porque son tontas, por eso.

Krilin: ¡Cálmense, chicos!, este es un día para estar alegres, no para pelear.

Todos la pasaban muy bien, menos Vegeta, claro. #18 estaba contenta aunque aún no se acostumbraba a ese tipo de celebraciones; pero pronto toda esa alegría acabaría, de pronto #18 comenzó a sentirse extraña y…

#18: No me siento bien.

De pronto la mirada de 18 se pierde, sus piernas le fallan y cae desmayada al suelo; al verla, Krilin sale corriendo para ver qué ocurre.

Krilin: ¿Qué te pasa, 18?, ¿Qué tienes?, ¡Respóndeme!

Al ver que la Androide no reaccionaba, todos se preocuparon y la llevaron al hospital; #18 pronto se recuperó del desmayo, y luego de hacerle unos análisis, el Doctor le pidió a ella y a Krilin que hablaran con él. En el consultorio del Dr…

Dr.: Los he hecho venir aquí porque tengo que decirles algo muy delicado.

#18: ¿Pasa algo malo conmigo?

Krilin: ¿Tiene algo mi esposa, Doctor?

Dr.: Lamento tener que decirles esto; Sra. 18, usted tiene una rara enfermedad… incurable y… mortal.

Krilin y #18: ¡¡¡Qué!!!

Krilin: ¡Eso no puede ser!, ella… ella… ¡Ella es una Androide!

Dr.: Precisamente es debido a ello su enfermedad.

#18: ¿?

Dr.: Les explico: nos sorprendimos bastante cuando descubrimos los microimplantes en su cuerpo, pero pronto llegamos a la conclusión de que la enfermedad se debe a una incompatibilidad entre el cuerpo de la Sra. 18 y los implantes que en él se encuentran.

#18: ¿Está tratando de decir que estoy rechazando mis implantes?

Dr.: Sí.

#18: ¡Eso no puede ser!, siempre creí que era 100% compatible, además ¿después de tanto tiempo?

Dr.: La enfermedad no es reciente, sólo que es ahora cuando han aparecido los síntomas. Me temo que le quedan pocas semanas de vida, Sra. 18.

La noticia conmocionó a Krilin al extremo que cayó desmayado; luego de eso Krilin fue atendido por el mismo Doctor y cuando se recuperó, él y 18 le contaron a los demás la terrible noticia y todos decidieron acompañarlos a Kame House; los días pasaron y todo era tristeza en esa casa donde hacía poco la alegría era la reina, ahora Krilin y su amada esposa esperan el fin de un momento a otro, todos estaban afligidos (hasta Vegeta, pues él no quería que #18 muriera sin tener la revancha con ella). Todos esperaban ese fatídico día, hasta que éste se presentó. Una mañana, en Kame House…

Krilin: ¡¡¡#18!!!, deja esos platos, yo lo haré.

#18: ¡No!, ya me cansé de ser una inútil. Si voy a morir, quiero que sea con dignidad y sin dejar de ser lo que siempre he sido.

Krilin: Por favor 18, no hablemos de eso, me hace mucho daño.

Krilin comienza a llorar y #18 lo abraza.

#18: Ya, ya, no te pongas triste, amor.

Krilin: ¡¿Cómo me pides eso?!, te amo demasiado y cuando apenas te tengo, te marchas.

Los dos no pueden evitarlo y abrazados comienzan a llorar profusamente, de pronto.

#18: No me siento bien, no es posible, por favor, no ahora, por…

Las palabras de 18 se cortaron, pues cayó inconsciente al suelo ante la mirada impotente de Krilin.

Krilin: ¡Por favor, no me dejes!, ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOO!!

Krilin lleva a su esposa al Hospital y les avisa lo sucedido a los demás, quienes al saber la noticia fueron a acompañar a Krilin. Todos estaban en la Sala de Espera sin saber qué hacer y completamente callados, de pronto la silueta del Dr. Aparece y Krilin sale en su encuentro.

Krilin: ¿Qué pasó?

Dr.: Aún no lo sabemos, pero no se ve muy bien. Le practicamos unos exámenes y ahora esperamos los resultados.

Krilin: ¿Cómo está ella?

Dr.: Está dormida por los efectos de un sedante.

Krilin: Quiero verla, por favor.

Dr.: Bien, acompáñeme.

En la habitación, Krilin lloraba inconsolable al ver el cuerpo inmóvil de su mujer, no era justo que la felicidad se le fuera de las manos como lo hace el agua cuando alguien quiere atraparla entre sus dedos, lo único que lo consolaba era que #18 estaba tranquila, pero eso estaba lejos de la realidad. En la mente de #18…

#18: ¿Dónde estoy?

De pronto, #18 se aterra al ver a dos seres del pasado.

#18: ¡No puede ser!, Uds.

Dr. Gero: Hola, #18.

Cell: Bienvenida al Infierno.

#18: No, esto no puede estar pasando.

Dr. Gero: Pues sí está ocurriendo, ¡resígnate!

#18: Esto quiere decir que he muerto, ¿no?

Dr. Gero: Aún no, pero pronto lo harás.

#18: Jamás pensé que volvería a verlos.

Cell: Ja, ¿Creíste que irías al cielo al morir?, eres una asesina al igual que yo, no lo olvides.

#18: Te equivocas, yo nunca maté a nadie.

Dr. Gero: ¿Te olvidas de mí?

#18: Eso lo hizo #17.

Dr. Gero: Tú fuiste su cómplice.

Cell: Éste es tu castigo, niña tonta, justo cuando estabas en lo mejor de tu vida, cuando la felicidad era total, mueres y lo pierdes todo. Ja, ja, ja, ja, ja.

Cell y Dr. Gero: Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

#18: ¡Son unos malditos!, ¡Auxilio!, ¡Sáquenme de aquí!, ¡Están cometiendo un error!

Cell: No te servirá de nada gritar, ¡Te quedarás aquí para siempre!

Cell y Dr. Gero: Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

#18: ¡¡¡NOOOOOOOO!!!, ¡¡¿Me Oyen?!!, ¡No soy una asesina!, ¡No soy mala!, ¡No merezco estar aquí!, no merezco este castigo, ¡¡¡¿Me Oyen?!!!, ¡¡¡No Quiero Este Castigo!!!, ¡¡¡NOOOOOOOO!!!

De pronto #18 despierta y se da cuenta que todo era una pesadilla. Cuando ve a Krilin…

#18: ¡¡Krilin!!, ¿Dónde estoy?

Krilin la pone al tanto de lo sucedido, luego 18 le cuenta Krilin los detalles de la pesadilla, y al terminar ambos se abrazan llorando por el dolor que les causa saber que pronto deberán separarse para siempre, y de esa forma se quedaron dormidos. Al día siguiente…

Krilin: Oiga Dr., ¿Ya tiene los resultados de los análisis?, ¿De verdad no hay nada que se pueda hacer?

Dr.: Vengo a darles una noticia muy importante.

Krilin y #18: ¿De qué se trata?

Dr.: Primero quiero pedirles disculpas por mi anterior diagnóstico, estaba errado.

Krilin y #18: ¡¡¡Qué!!!

Dr.: Lo que pasó es que algo estaba interfiriendo con los implantes de la Sra. 18, y los síntomas eran similares a los del rechazo.

#18: Si… si eso es verdad, ¿Por qué mis mareos y desmayos? ¿y qué es lo que interfiere con los implantes?

Dr.: Muy simple, me complace informarles que Uds. van a ser padres.

Krilin y #18: ¡¡¡Qué!!!

Dr.: Sí, como lo oyen. Sra. 18, usted está embarazada.

Los dos aún no salen de su asombro, eran muchas emociones juntas, la alegría de saber que 18 no moriría, el bebé, era muy complicado de asimilar y los dos estuvieron callados y abrazados de la emoción un buen rato, en lo que se calmaron fueron corriendo a darle las excelentes noticias a los demás. Nadie lo podía creer, primero 18 estaba a punto de morir y ahora resulta que está esperando un hijo, pero Milk y los demás se mostraron un tanto escépticos.

Milk: Pero, ¿están seguros?, yo no creo que un robot pueda tener hijos.

Bulma: Bueno, aunque #18 no es un robot propiamente dicho.

#18: Soy una Androide, voy a explicarles, yo era un ser humano normal hasta que el Dr. Gero me reconstruyó, adaptándome las micromáquinas del dispositivo de energía ilimitada y la bomba, pero él no alteró, dañó ni modificó los demás sistemas de mi cuerpo, por eso puedo tener hijos sin problema.

Milk: Pero, ¿por qué no te diste cuenta que estabas embarazada en un principio?, una siempre lo sabe.

#18: Creo que porque es mi primera vez, esto es totalmente nuevo para mí.

Bulma: Eso es verdad.

Vegeta: Ja, lo que faltaba… un hijo de ese montón de chatarra.

#18: No voy a dejar que tú arruines este día, así que no haré caso a tus insultos.

Vegeta (pensando): Grrrrrrrrrrrrrrr. Rayos… ¿y a quién molesto ahora?

Todos regresan muy contentos a Kame House a celebrar la buena nueva (todos menos Vegeta, quien se fue a las montañas a entrenar, pues no quería estar en otra celebración ridícula); luego de terminar la celebración, todos se fueron dejando a los futuros padres solos a la orilla del mar.

Krilin: ¡Menudo susto me llevé, #18!

#18: Yo también sentí miedo.

Krilin: La idea de perderte para siempre me aterraba. Te amo, 18, te necesito, eres todo para mí.

#18: Tú también… me… me… haces falta, yo… yo… te amo, Krilin.

Krilin: Aún te cuesta decírmelo ¿no?

#18: Creo que sí.

Krilin: Realmente quiero pasar el resto de mi vida contigo, quiero que estemos juntos y felices los tres; tú, yo y el bebé que está por llegar.

#18 no respondió con palabras, pues no era buena para expresar sus emociones, pero unas lágrimas brotando de sus ojos, un fuerte abrazo y un tierno beso fueron suficientes para que Krilin entendiera que #18 lo amaba como a nadie en el mundo y que era muy feliz con él; sin que se dieran cuenta, el día había terminado y les había dejado como regalo una noche clara y muy estrellada.

Krilin: Esta noche estrellada me confirma tu alegría, cuando estás feliz se ven muchas estrellas en el cielo.

#18 dejó escapar una ligera risa.

#18: Tonto, ¿crees en esas cosas?

Los dos se miraron a los ojos, se abrazaron y se dieron otro beso, más largo y apasionado que el primero, luego se acostaron en la arena para demostrarse todo el amor que se tenían; los únicos testigos de aquello fueron las estrellas y la luna (sin contar a un viejo pervertido que asomaba un periscopio por la ventana de la casa, mientras babeaba y sangraba a chorros por la nariz), quienes también fueron testigos de todas las dificultades que ellos superaron para mantener su amor, incluyendo ésta, pero hoy, ellos han demostrado que están dispuestos a pasar su vida juntos; esperemos que no tengan más problemas y que definitivamente sean felices para siempre.

El Amor Verdadero

por Jacinto Muñoz (JM18V)

Después que #18 se fue del Templo del nuevo Kamisama (Dende), se quedó pensando en lo hecho por Krilin.

#18: ¿Cómo es posible que después de todo lo que pasó por nuestra culpa Krilin haya pedido ese deseo?… Fue tan… no sé… tan lindo.

La verdad es que #18 había comenzado a darse cuenta de la clase de persona que era Krilin y eso le agradaba. Meses después decidió ir a visitarlo para ver cómo le iba; cuando llegó a Kame House causó cierto pánico, pero éste fue pasajero, pues #18 rápidamente indicó el motivo de su visita. Krilin se quedó sin habla cuando bajó las escaleras y la vio (él pensaba que el Maestro Roshi le jugaba una broma cuando le dijo que #18 lo esperaba abajo).

Krilin: Ho…ho…hola, ¿Cómo estás?

#18: Bien.

Krilin: ¿A qué has venido?

#18: Sólo vine de visita; ¿Cómo está todo por aquí?

Krilin: Bien.

Krilin no encontraba la forma de hacer que todos se fueran para quedarse a solas con la Androide, pero #18 le resolvió el problema.

#18: ¿Quieres dar una vuelta?

Krilin: ¡Claro!, digo, claro.

Los dos se fueron volando sin saber exactamente a dónde ir; luego de un rato de vuelo, #18 rompió el silencio existente.

#18: ¿Por qué pediste que nuestras bombas fueran removidas?

Krilin: Bueno,… verás,… este;… no es agradable andar con una bomba en el cuerpo.

#18: ¿Sólo por eso?

Krilin se sonrojó y prefirió cambiar el tema pues temía que #18 lo rechazara al saber la verdadera razón.

Krilin: ¿Te gustaría que fuéramos a ese lago?

#18: Bien.

Los dos descendieron a la pequeña laguna; era un lugar hermoso; los árboles, los peces revoloteando en el lago, el reflejo del Sol en el azul del agua; todo era digno de ser visto y a #18 le fascinaba el lugar; los dos paseaban por la orilla cuando Krilin resbaló y cayó al agua; #18, después de reírse un buen rato, lo ayudó a salir diciéndole que era un tonto descuidado, Krilin se sonrojó y de pronto sus miradas se cruzaron y en silencio comenzaron a observarse sin que ninguno de los dos pudiera dejar de hacerlo; #18, que ya se comenzaba a ruborizar, le pidió a Krilin que le contara los detalles de la batalla contra Cell y éste con mucho gusto lo hizo; los dos la pasaron muy bien, pero luego de un rato.

#18: Bueno; debo irme.

Krilin: …Es… por… Tan… Bueno, adiós.

#18 alzó el vuelo y se fue. Cuando Krilin quedó solo:

Krilin: Soy un imbécil; no fui capaz de decirle nada, ahora si perdí toda oportunidad con ella.

Lo que Krilin no sabía era que él despertaba sentimientos nuevos, pero bonitos, en la Androide, por lo que #18 comenzó a visitarlo más seguido y esos sentimientos se fueron afianzando en ellos, aunque no lo demostraran. Un día, los dos caminaban por la ciudad, la noche era estrellada y la pareja observaba el reflejo de la Luna en el río sin emitir ningún sonido; Krilin disfrutaba al máximo de esos momentos; y poco a poco se enamoraba más y más de la Androide; él pensaba que ella sólo buscaba la amistad en él y eso lo hacía sufrir mucho por lo que, después de mucho meditar, se decidió a romper la calma de aquel momento.

Krilin: #18, quisiera que no volvieras a visitarme.

#18: ¿?, ¿Eh?, ¿Por qué?

Krilin: Por favor, no me pidas explicaciones.

#18: No lo haré si no me dices el motivo.

Krilin: No quiero hablar de eso.

#18: Bien,… entonces me quedaré y seguiré viéndote.

Krilin ya un pudo más.

Krilin: …Bueno… Es… Lo que pasa, #18, es que estoy completamente enamorado de ti y sé perfectamente que mi amor no es correspondido por eso es que no quiero volver a verte, por lo menos por un tiempo, pues lo que hago es hacerme ilusiones y hacerme daño.

#18 se sorprendió al oír tales palabras y por un rato se quedó callada sin saber qué decir o hacer.

Krilin: Bueno, adiós.

Cuando Krilin levantaba el vuelo, un «espera, no te vayas» casi imperceptible salió de los labios de #18.

Krilin: ¿Eh?

#18: ……..

Krilin: Te ruego que me perdones por lo que acabo de decir; sé que he abusado de nuestra amistad y entenderé si no vuelves a hablarme.

Sin proferir palabra alguna, #18 levantó el vuelo y se fue, dejando a Krilin solo y con el corazón hecho pedazos.

Krilin: Lo sabía; era tonto pensar que podía quererme.

Pero la Androide no se había ido por la razón que pensaba Krilin, había otra más poderosa.

#18: ¿Por qué no pude hablar?, ¿Qué me pasó?, no logro entender mi comportamiento.

Varios meses pasaron desde ese encuentro; Krilin, un poco más recuperado de lo sucedido con #18 en su último encuentro, seguía viviendo en Kame House; #18 se radicó en una ciudad cercana a la isla donde tenía una vida si se quiere normal, pero no podía dejar de pensar en aquel peladito; muchas veces sintió deseos de buscarlo, pero finalmente no lo hacía por temor a cómo reaccionaría él y por temor de la reacción de ella si volvían a encontrarse; lo que ambos desconocían era que el destino quería que unieran sus vidas para siempre y les tenía una sorpresa. Un día, #18 fue de compras al Centro Comercial, sin sospechar que Krilin se encontraba en ese lugar; de pronto un ruido de cosas cayéndose llamó su atención y, movida por la curiosidad, fue a ver lo que ocurría y su sorpresa fue mayúscula al ver que el responsable de todo era Krilin, ella se acercó y ayudó al pobre peladito a arreglar el desastre que había hecho.

#18: Sigues tan tonto como siempre.

Krilin: Sí, creo que soy un idiota.

#18 soltó una ligera sonrisa y luego le preguntó a Krilin si quería acompañarla a lo que él respondió que sí. Al terminar las compras, Krilin acompañó a #18 al estacionamiento.

Krilin: Bueno, aquí estamos.

#18: Pon todo eso en el asiento de atrás.

Krilin: Bien.

Tras hacerlo…

Krilin: Eeeh… B…Bueno, debo irme, adiós.

#18: Si quieres te llevo.

Krilin: B…Bien.

Mientras iban en el auto…

Krilin: Discúlpame por lo sucedido la última vez.

#18: No te preocupes.

Krilin: Fui un estúpido al decirte eso; no debí ofenderte de esa manera; tú mereces algo mejor que yo.

Krilin no pudo contener 2 lágrimas que rebeldes se pasearon por sus mejillas.

Krilin (visiblemente afectado): Lo siento, pero tengo que irme, adiós.

Cuando Krilin levantó el vuelo y se fue, #18 sintió un vacío en el estómago; el mismo vacío que sentía cada vez que estaba con él, cada vez que se iba, cada vez que la miraba, cada vez que le hablaba y después de mucho pensar finalmente comprendió que ella también lo amaba; pues él despertaba en ella emociones que no sentía en ningún otro lugar ni con ninguna otra persona. Por eso decidió dejarse de rodeos e ir a buscarlo para confesarle su amor; pero cuando llegó a Kame House, Krilin no estaba; entonces decidió esperarlo, pero el tiempo pasaba y él no llegaba, por lo que #18 comenzó a inquietarse. Al día siguiente y luego de ver que Krilin no había hecho acto de presencia en toda la noche, #18 fue a buscarlo; por más que lo buscó no logró dar con él; entonces volvió a Kame House para ver si Krilin había regresado, pero todo fue en vano; #18 se puso muy triste, pues pensaba que ya no volvería a ver a su peladito amado; en ese momento, y viendo la tristeza de la Androide, el Maestro Roshi le dijo que tal vez Krilin estaba en el Templo del nuevo Kamisama (Dende), pues Krilin y Dende eran muy amigos; #18 fue a toda velocidad hasta allá y al llegar encontró a Krilin muy afectado hablando con Dende y observó a Piccoro, quien estaba a cierta distancia de los otros dos.

Piccoro: ¿Qué haces aquí?

#18: H…Hola, venía a hablar con Krilin.

Krilin: ¿Qué quieres, #18?

#18: ¿Podemos ir a otro lugar?

Krilin: ¿Dónde?

#18: Sólo sígueme.

Los dos volaron un buen rato hasta que llegaron al lago donde había ido la primera vez que salieron. Al descender…

Krilin: Te pido disculpas por haberme ido de esa forma la otra vez, lo siento.

#18: No hay problema; además, no te fui a buscar por eso.

Krilin: Entonces, ¿Por qué me fuiste a buscar?

#18 no respondió y se sentó a la orilla del lago.

#18: Gracias por haberme enseñado este lugar, realmente es muy lindo.

Krilin: De nada, este es un lugar muy hermoso,… casi tan hermoso como tú… y tu presencia lo embellece aún más.

Esas palabras hicieron sonrojar a #18.

Krilin: Lo volví a hacer ¿no?, creo que será mejor que no me sigas buscando, porque me he dado cuenta que en lugar de olvidarte, cada día me enamoro más de ti y ya que tú sólo quieres tener una relación de amistad conmigo, sería muy incómodo para los dos.

Krilin comenzó a llorar y bajo la cara para que #18 no lo viera, pero ella tomó suavemente la barbilla de él, le levantó la cara y le dio un beso largo y tierno al que él respondió. Al separarse…

Krilin: ¿Por qué lo hiciste?, no es necesario que finjas para hacerme sentir mejor, #18.

#18: No estoy fingiendo; la razón por la cual te fui a buscar es porque quería confesarte que yo estoy…

Krilin no dejó que la Androide terminara la frase y la besó dulcemente; luego ambos se abrazaron y se demostraron mutuamente el amor que sentían el uno por el otro, un amor sincero, un amor que se impuso ante todo, un amor que no conoció barreras, un amor puro, un amor tierno y bonito; en fin, un Amor Verdadero.

Two X-mas Tales

por Nyaar

1.- A CHRISTMAS GIFT

24 de Diciembre.

Era noche cerrada, oscura. La luna brillaba en su plenitud, vaciando el cielo de estrellas con su luz. Esa luz que se colaba por la ventana, pensó Son Gohan, debía ser parecida a la luz de los ángeles.

Hacía ya varias noches que se iba a su cuarto pronto y apagaba la luz, sentándose en su cama junto a la ventana. Miraba a la luna cambiar de fase, proyectar su luz desde diferentes ángulos. Era algo que comenzó a hacer bastante tiempo atrás, en la isla donde le dejó Piccolo para entrenar.

Gohan suspiró. Ángeles. ¿Sería su padre uno de ellos? Seguramente sí. Ahora que, Gokuh con alitas emplumadas y un sayón ancho y blanco… Sonrió al imaginarse la escena y agitó levemente la cabeza. No, él nunca se vestiría así. Además, estaba seguro de que seguiría entrenando incluso en el Otro Mundo, y por eso mismo no se habría dejado vestir así.

Él echaba de menos a su padre, pero como bien sabía, era su madre quien más le extrañaba. Era cierto que pasaba mucho tiempo entrenando y que tendría que haberla hecho más caso, pero aún así, Chichi le quería como era y extrañaba sus risas y sus infinitos «Chichi, ¡tengo hambre!»

Cambió su postura y apoyó la cabeza en el quicio de la ventana. Eso no ocurriría si él no se hubiera comportado de esa manera. Si hubiera acabado con Cell cuando le derrotó la primera vez, su padre no tendría que haber muerto por salvarlos. Por mucho que le hubiera dicho que no le importaba estar muerto, que se estaba muy bien allí, no podía creer que realmente estuviera mejor en el Otro Mundo que con su familia en Chikyuu. Ni siquiera sabía que iba a tener otro hijo.

Un hermanito… no estará mal, pensó el muchacho. La casa estaba muy vacía con sólo ellos dos, y otro niño en casa llenaría algo ese hueco, aunque nunca totalmente.

Escuchó desde abajo a su madre llamarle para que la ayudara con el árbol de Navidad, que aún no estaba terminado. Presto, Gohan bajó las escaleras de su cuarto y se encontró con toda la mesa llena de suculenta comida esperando a los comensales

«Creo que has preparado mucha comida, mamá» Comentó acercándose al lugar donde Chichi luchaba contra las ramas más altas del abeto para colocar las bolas de brillantes colores

«Sí, creo que todavía no me he acostumbrado a cocinar para nosotros dos…» La mujer esbozó una triste sonrisa colocando una bola roja con franjas azules en la rama más sobresaliente del árbol, sobre todas las demás. Era la más grande, la más bella, su rojo relucía apagando los colores azules, verdes y naranjas del resto de los adornos.

Bajo el árbol, había varios paquetes envueltos en papeles de colores. Cada uno de ellos tenía una etiqueta colgando con el nombre al que iba dirigido. Había uno envuelto en cuadros verdes y rojos que llamó la atención del muchacho. Mientras su madre colocaba las bandas de espumillón, Gohan se agachó para descubrir que el paquete estaba destinado a su padre en un principio, pero que había al lado otra etiqueta con su nombre.

Chichi se dio cuenta de que Gohan estaba observando algo con mucho interés e intuyó de que se trataba «Verás hijo, en realidad el regalo era para tu padre, pero ahora será para ti. Claro que, tendrás que crecer todavía un poco para poder usarlo…»

El chico levantó sus ojos y miró a su madre, viendo que sonreía «Anda, pon esta estrella en lo alto del árbol y vamos a comer»

Tras la cena, ambos se acercaron al árbol de nuevo. Era la hora de abrir los regalos. Chichi abrazó fuertemente a su hijo cuando abrió su regalo y encontró un precioso vestido y una pañoleta a juego junto con unos patuquitos azules. Son Gohan no pudo sino sonreír cuando abrió sus paquetes y encontró varios libros, cuadernos, bolígrafos y algún que otro comic escondido entre las hojas de una carpeta nueva. Por fin llegó el turno de abrir el paquete de cuadros verdes y rojos. Gohan tenía gran curiosidad por lo que habría dentro, así que rompió el papel en varios trozos y cogió en sus manos un kimono azul y unas muñequeras rojas

«Lo hice pensando en que cambiara de traje de una vez por todas, pero ya ves, ahora será para ti, aunque todavía te queda un poco grande– la mujer buscó entre la tela buscando algo que echaba a faltar. Al no encontrarlo tampoco, rebuscó entre los papeles que había roto el chico, pero ni aún así lo halló– Vaya, no sé dónde he echado el cinturón del kimono… Bueno, no te preocupes, ya te haré otro…»

Gohan sonrió y abrazó a su madre, dándole las gracias por los regalos tan estupendos que le había hecho. Los cogió todos en sus brazos y subió a su habitación cuando el reloj daba las doce de la noche.

De nuevo, se sentó en la cama a contemplar la luz de la luna, que se proyectaba en la pared del cuarto, donde bailaban las sombras de los árboles del exterior.

De pronto, las sombras en el muro empezaron a agitarse violentamente y acabaron por cubrir totalmente la luz. Justamente después la habitación se vio alumbrada con otro destello, más potente. El chico se sorprendió por el extraño hecho y se giró hacia la ventana para ver qué es lo que estaba pasando. Sus cejas se enarcaron, sus ojos se abrieron completamente.

Sentado en el alfeizar de su ventana, entre un brillo blanquecino, se encontraba Gokuh.

Gohan agitó su cabeza con fuerza. Estaba viendo visiones. ¡Pero hasta podía sentir su aura! No podía ser verdad. Incluso cerró los ojos, mas al abrirlos, Gokuh seguía allí, brillando y sin moverse

La mano del muchacho se estiró lentamente hacia la ventana. Sin quitar los ojos de la aparición, tanteó con sus dedos el frío cristal hasta tocar el abridor, que accionó con suavidad. Tenía miedo de que si hacía ruido, su padre desapareciese.

En el momento en el que Gohan corrió el cristal, Gokuh se giró hacia él y el destello se atenuó bastante, dejando solamente un halo blanco a su alrededor. Su cara estaba seria, su pelo se movía con el aire helado. Sus ojos negros fijos en la pared frente a él.

El muchacho sintió un escalofrío cuando el viento se coló entre sus ropas «¿Papá…?» Le llamó, su voz temblando por el frío y la emoción

El Saiya bajó los ojos hasta encontrarse con los de su hijo. Entonces sus rasgos se suavizaron y una sonrisa tocó sus labios «Hola, Gohan» Dijo suavemente

Alargó su mano para tocarle, deseando saber si realmente no era su imaginación la que le estaba jugando una mala pasada. Son Gohan sintió sus ojos humedecerse cuando sus dedos rozaron el brazo caliente de Gokuh. ¡Su padre estaba allí, con él!

Gokuh dio un salto hasta el medio de la habitación, colocándose frente a la ventana y frente a su hijo quien rápidamente se bajó de la cama para abrazarle. El hombre sonrió, agitando el pelo oscuro de su hijo con una mano.

Cuando unos minutos después, el muchacho se separó de él, Gokuh buscó algo que había guardado en su bolsillo.

«Feliz Navidad, hijo» Dijo tendiéndole un cinturón de color rojo. El muchacho abrió la boca al ver que era justamente lo que le faltaba al kimono azul de su madre. Gohan lo recogió con manos temblorosas sin dejar de mirar a su padre, quien ahora resplandecía con más fuerza. El resplandor se intensificó aún más, y el chico sintió el aura de Gokuh alejarse cada vez más de allí.

Son Gohan cerró la ventana de su cuarto y se sentó en la cama, aún con el cinturón rojo entre sus manos, mirando la pálida luz de la luna colarse entre las hojas de los árboles y hacer sombras de hojas en la pared de su cuarto. La luz de la luna, pensó Gohan, se parecía a la luz que emitían los ángeles, aunque no era tan brillante.

«Feliz Navidad, papá» Susurró mirando al cielo por la ventana.

2.- CHRISTMAS TALE

«¡Ni hablar! Sabes de sobra que yo no creo en esas tonterías, así que no hay ninguna razón por la que tenga que aguantarles a todos y encima celebrar una fiesta. Ni en broma»

«¡Oh, vamos Vegeta, por favor! ¿Qué te cuesta? Si además, ellos también son tus amigos…»

«¿Mis amigos? Buen chiste, mujer ¿desde cuándo yo tengo amigos? He dicho que no tengo nada que celebrar y se acabó. No pienso estar aquí esta noche»

«Hazlo por Trunks entonces. Al chico le haría mucha ilusión que estuvieras en casa hoy que vienen Goten y compañía»

«Por eso mismo no voy a estar, para que se dé cuenta de que no tiene ningún sentido el celebrar esas tonterías»

«¿Es que no piensas pasar ninguna Navidad con nosotros? Llevas tiempo aquí más que de sobra para saber que en Chikyuu, las Navidades se pasan en familia. Y aunque no creas, o te parezcan una tontería, deberías quedarte en casa esta noche e intentar divertirte como todo el mundo. Ya está bien de ser un asocial, Vegeta, ¡cambia! Además, ¡no es tanto! Sólo te estoy pidiendo que pases la Nochebuena con tu familia y con los Son. No creo que eso sea un gran sacrificio»

«Di lo que quieras, mujer, me resbala todo el sermón que me acabas de soltar. Me marcho»

Ya era noche cerrada cuando me detuve. Acababa de llegar a mi destino, mi hogar fuera de la Capsule Corp. Mi montaña. Lejos de todo y de todos, podría estar tranquilo. ¿Qué tontería era esa de tener que estar todos juntos esta noche? Es igual que las demás, no tiene nada de especial. ¿Qué es lo que se supone que celebran? ¿Y no lo pueden hacer de otra forma? Y sin los Son, si puede ser.

Me adentré en la cueva y encendí dos antorchas. Más o menos estaba todo como lo había dejado. Y es que hacía bastante tiempo que no paraba por allí. No sé, ya no me iba tanto de casa como podía hacerlo antes…

Bueno, ¿Y eso qué importa? La verdad es que no tengo ganas de pensar, sólo de dormir. De repente me encuentro así como cansado… Habrá sido culpa de Bulma y su sermón. Desde luego, cuando empieza, no hay quien la calle.

Así pues, encendí una pequeña fogata, apagué las antorchas y me acosté en aquel futón que me hice con ramas secas, hojas y plumas. En nada de tiempo me había dormido.

Cinco minutos más tarde, algo me despertó. Ah, sólo es Nappa, que vuelve de algún sitio… ¿Nappa?

Me levanto bruscamente y me encaro con mi antiguo compañero, totalmente sorprendido

«Te maté hace muchos años, ¿qué haces aquí?»

«Soy el fantasma de las Navidades Pasadas y vengo a llevarte conmigo»

«¿Cómo dices? ¿Que eres qué? ¿Qué demonios estoy soñando?»

«Vengo a llevarte conmigo»

Sin previo aviso, desaparecemos de mi preciosa cueva y viajamos por una especie de canal con miles de colores a los lados. Cuando el canal acaba, aparecemos en otro lleno de relojes a los lados. Relojes que giran al revés.

Por fin, dejamos de viajar y acabamos en un planeta desconocido. Un momento, ¿desconocido? Yo juraría que he estado aquí antes…

Uno de los habitantes del planeta pasa por delante de nosotros sin inmutarse. Estoy totalmente seguro de que no puede vernos. Le sigo con la mirada, ya que no soy capaz de mover otra cosa que mi cabeza y por fin logro identificar el lugar

«Esto es Jiljksei, ¿verdad Nappa? ¿Se puede saber qué estamos haciendo aquí? ¿Se puede saber por qué demonios apareces en mi sueño en me llevas a un estúpido planeta que borramos del mapa hace al menos 50 años? ¿Qué tontería es ésta?»

Por más que pregunto, el burricalvo de mi ex-compañero no me contesta nada en absoluto, pero señala a una extraña construcción en la que entramos tan mágicamente como salimos de mi cueva.

Miro a lo que me señala el mastodonte éste. Los marcianitos azules están devorando algo con mucha ansia y parecen muy contentos, como si celebraran algo. De repente, oigo un zumbido y hay una tremenda explosión. Cuando se va el humo, la casa está hecha cenizas.

Otra vez me señala algo, esta vez me hace mirar al cielo. Arqueo las cejas al verme a mí mismo con 50 años menos carcajeándome de la suerte de los marcianitos azules. Nappa a mi lado hace lo propio. Me oigo decir «Hey, Nappa, no estaban hoy celebrando algo esos marcianitos azules?»

«Sí, Radditsu me dijo que celebraban que su dios les había dejado estar a todos juntos, o algo así»

«Pues que sigan celebrándolo todos juntos en el Infierno» Dice mi muy joven yo riéndose de nuevo. La verdad es que recuerdo bien eso, y no sé pero, a pesar de todo el tiempo que ha pasado me sigue haciendo gracia el chiste, así que sonrío divertido.

Por la forma en que me mira parece que a Nappa no le hace mucha gracia…

«Bueno, y apareces en mi sueño sólo para que me ría de un chiste antiguo?

«Estoy aquí para enseñarte qué es lo que has hecho en las Navidades pasadas»

«Muchas cosas…»

«Y todas malas»

Volvemos a Chikyuu, más exactamente a mi casa. Hum, eso debe haber sido hace 10 años…

«Tus primeras navidades en Chikyuu. No quisiste celebrarlas y te marchaste a otra parte»

Bueno, solo fallé por dos años…

«¿Y qué?» Pregunto mientras me veo discutir con Bulma –como no– por lo de las navidades

«Llevas 12 años aquí y todavía no las has celebrado»

«¿Y qué?» Repito la pregunta con la ilusión de que me la conteste

«Llevas 12 años perdidos. Muy mal…»

Odio que me reprochen las cosas, pero que me las reproche una montaña bigotuda me repatea más que nada. Voy presto a decirle cuatro cosas bien dichas cuando de pronto estoy otra vez en mi cueva. Demonios, ¡Nappa se ha ido antes de que le pueda decir nada! Si será…

De repente, otro alguien aparece a mi lado. Cuando le miro, me sorprendo casi más que cuando vi a Nappa

«Kakarot, ¿qué haces tú aquí?»

«Soy el fantasma de las Navidades Presentes. Estoy aquí para enseñarte lo que está ocurriendo»

¿Pero qué paranoia de sueño es éste? Primero Nappa me da la brasa, y ahora Kakarot dice que me quiere enseñar lo que está ocurriendo. Pues se lo voy a decir. Me están fastidiando el sueño, eso es lo que está ocurriendo.

De nuevo, la cueva desaparece y entramos en el túnel de los colorcitos. Y después en el de los relojes, sólo que ahora las agujas no se mueven.

Estamos en mi casa otra vez. Veo a Goten y a Gohan jugar con Trunks, mientras que Bulma y Chichi hablan con todos los amigos de Kakarot que ha invitado. Fíjate, qué lástima, me lo estoy perdiendo…

«¿Y qué me quieres enseñar? ¿Lo bien que se lo pasan? Pues muy bien por ellos. Hala, ya lo he visto. ¿Te importaría desaparecer de mi sueño?»

«Escucha» Es todo lo que contesta a mis preguntas. ¿Qué ocurre aquí? ¿Por qué no me quieren contestar decentemente? De todas formas hago lo que me dice y escucho a Chichi hablar con mi mujer

«¿Dónde está Vegeta, Bulma? No me digas que tampoco lo has conseguido este año…»

«No, no lo conseguí. Ese hombre… ¿por qué tiene que marcharse todas las Nochebuenas? No sabes cómo me gustaría darle un guantazo cada vez que me dice Yo no celebro esas tonterías. ¡Idiota! Eso es lo que es. Un verdadero idiota. Va a llegar un día en el que me canse de sus tonterías, y cuando me diga que se marcha, le diré que no vuelva más»

«Ojalá Gokuh estuviera con nosotros… Con lo que le gustaban a él estas fiestas… recuerdo cómo poníamos juntos el árbol de Navidad… ¡Y qué bien se lo pasaba Son Gohan!»

«Sí, yo también lo recuerdo. Ojalá Vegeta tuviera una décima parte del espíritu navideño de Gokuh…»

¡¡Ah!! ¿Pero cómo se atreven a decirme eso? ¿Que me va a echar de casa? ¡Venga ya! No se lo cree ni loca. Perro ladrador… Pero espera, que ahora va a decir algo mi hijo.

«Jo, Goten, mi padre tampoco estará este año»

«¿Por qué nunca quiere estar en Navidad con nosotros, Trunks? No lo entiendo, si nos lo pasamos muy bien, verdad Gohan?»

«Sí Goten, pero ya conoces al tío… Él jamás estaría en una fiesta. Piensa que todo esto es una tontería y por eso siempre se va. Más tonto es él por no quedarse. De todas formas, no te enfades, Trunks, pero pienso que estamos mejor sin él. Así no podrá aguarnos la fiesta. En cambio, si estuviera aquí mi padre…»

¡¡¡Ahhh!!! ¡Miserable mocoso! ¿Cómo se atreve? ¡Vamos Trunks, defiende a tu padre!

«Tienes razón Son Gohan, mi padre es tonto… Yo… ¡¡no quiero un padre al que no le guste la Navidad!!»

Me acabo de quedar helado. ¡No me lo puedo creer! ¡Mi propio hijo me ha vendido! ¡Se ha pasado con el enemigo!

«¡Kakarot! ¡¿Qué les has hecho para que se pongan todos en contra mía?!» Quiero moverme y estrangularle hasta que responda el por qué de ese complot, pero no puedo mover más que la cabeza. ¡No es justo!

«Lo has hecho todo tú solo. Llevas 12 años haciéndolo»

«¿Cómo? ¿Qué quieres decir?» De nuevo, la imagen cambia y estoy en la cueva

¡¡¡Malditoseamilveces!!! ¡Se ha marchado igual que Nappa sin contestarme! ¿Cómo se atreven? ¿Cómo se atreven todos a tratarme de esa forma? Primero Nappa, luego Kakarot, ¿y ahora quién más? ¡¡Hasta mi mujer y mi hijo están en mi contra!! De nuevo, siento una presencia. A mi derecha, una figura encapuchada anda hacia mí. ¡Un momento! No anda hacia mí porque no tiene pies. Y ahora que me fijo, ¡no hay nada bajo la capucha! ¿Qué clase de broma es ésta?

¡Oh, no me digas que me va a llevar a alguna parte esta túnica flotante! A ver, si Nappa era el de las Navidades Pasadas, Kakarot el de las Navidades Presentes, ¡¡esta capa vacía será la de las Navidades Futuras!!

En un momento hemos pasado el lugar de los colores y estamos en el túnel de los relojes. ¡Pero espera! ¡¡Esta vez las manijas giran hacia delante!!

¿Dónde estamos ahora? ¿En mi casa? Sí, reconozco ese ángulo torcido del techo del corredor… ¿Y quienes son todos esos? No los conozco… ¡espera! El caso es que me son familiares… ¡¡¡Ah!!! Ese de ahí es… ¡Trunks! Qué mayor se ha hecho… ¿cuánto tiempo habrá pasado? La verdad es que me gustaría preguntarlo, pero dudo que esa túnica flotante me conteste… ¡Y ahí está Kakarot, hablando con él! ¿Cómo habrá resucitado? A ver qué dicen…

«¿Dónde está tu padre, Trunks?»

«Yo no tengo padre. Hace mucho tiempo que dejé de tenerlo…»

«¿Por qué dices eso?»

«Ah, claro, tú no sabes nada, como acabas de resucitar… Hace muchos años que mi madre le echó de casa… estaba harta de su carácter, y yo también. Fue un gran acierto, estamos mucho mejor sin él»

«¿Y dónde está?»

«No lo sé, ni me importa. Aunque supongo que estará en un desierto sin nada y sin nadie. Por cierto Gokuh, me alegro mucho que estés entre nosotros esta noche. Desde siempre Gohan nos ha contado a Goten y a mí de tu gran espíritu navideño…»

No escucho más. Me niego. Esto es el colmo. Ya basta de toda esta tontería. Ya he tenido suficiente por este sueño. Estoy seguro de que todo eso es mentira, de que yo estoy en mi cueva, al lado de una hoguera, con las plantitas y los animalitos esperando a que yo salga. Y no puedo creerme que Bulma me echara de casa y que a Trunks no le importara lo más mínimo. Es algo IM-PO-SI-BLE

De repente todo cambia y estamos la capa y yo en otro planeta, totalmente desierto. No hay árboles, ni plantas, ni gente, ni nada. Espera, sí que hay algo a lo lejos. Es… ¡Yo! Estoy sentado en medio de la nada, ¡más solo que la una! ¡No hay nadie conmigo! ¡Ni siquiera hay plantitas, ni animalitos! No me lo puedo creer. Así que todo era cierto… me han… abandonado. Todos. Y sólo por no querer estar en las cenas de Nochebuena.

«No lo permitiré, ¡¿me oyes, capucha estúpida?! ¡¡Si creen que pueden abandonarme así como así, están muy equivocados!! ¡¡¡Vamos, trozo de tela flotante, llévame de vuelta a mi cueva inmediatamente!!!»

Como una exhalación me levanto del futón. Con lo lentos que son los humanos, estoy seguro de que aún llego para terminar de cenar. Maldita sea, incluso mi mujer y mi hijo… ¡No lo consentiré! Salgo fuera y me transformo en SSJ para llegar aún más deprisa a mi casa.

Una vez allí, casi, casi eché la puerta abajo para entrar dentro y, cuando me presenté en medio de mi salón, todo el mundo se me quedó mirando con cara de entre asombro y susto. Humanos…

«Bueno, ¿qué pasa, es que no voy a poder celebrar la… –cómo era? Ah, ya sé– Nochebuena en mi propia casa?»

¡Pero bueno! ¡Si todos han dejado caer los cubiertos sobre los platos! ¿Tanto les ha impresionado? Humanos… Cojo la única silla vacía que queda en la mesa, o sea mi silla, y me siento a terminar de cenar con el resto de los invitados. Pero… ¿por qué todo el mundo me está mirando? ¿es que tengo monos en la cara?

«¿Queréis continuar con lo que estabais haciendo de una maldita vez?» Casi les grito mientras devoro una pechuga de pollo. Alguien empieza a cuchichear algo, y al momento el resto le sigue cada vez más alto. ¡Vaya! ¡Si incluso han vuelto a recoger sus cubiertos! Bueno, por fin parece que van a seguir a su tema, así que yo podré comer tranquilamente.

¡Ah! ¿Qué hace la capucha ésta otra vez aquí? Mira, si nadie más la ve… ¿Qué querrá ahora? ¡Ah! ¡Si ahora hay alguien debajo de la capa! ¡Y está escribiéndome algo en la sopa de letras que tengo en el plato! A ver, dice… «Se te olvida algo»

¿Que se me olvida algo? ¿El qué? ¡Ah! No será que… oh, bueno, en fin… todo sea por el futuro…

«Feliz Navidad» Digo casi en voz baja. Al momento todo el mundo se calla, se les caen los cubiertos de nuevo y se giran a mirarme. Humanos…

The Second Meeting

por Nyaar

I lie awake with open eyes,
my love just died I’m cold inside
Can’t face the thought to be alone
All by myself, on my own
Love’s come and gone

Eran las ocho de la tarde. Trunks acababa de llegar de un duro día universitario y, como cada día desde hacía más de una semana, después de dejar la cazadora y la carpeta en su habitación se dirigió al cuarto de su padre.

Todos los días le encontraba sentado al borde de la cama y la vista perdida en la ventana enfrente de él, perdido en sus pensamientos.

Realmente, la muerte de Bulma había sido un duro golpe para todos, pero especialmente para Vegeta. Nunca se había planteado antes la importancia que tenía para él Bulma, ella siempre estaba allí y por eso no hacía falta pensar aquellas cosas, pero ahora era distinto. La mujer se había marchado y le había dejado solo con dos hijos a su cargo.

El muchacho llamó a la puerta de la habitación «¿Puedo pasar, papá?»

Esperó unos momentos fuera, esperando escuchar su ya consabido «No me molestes», pero nada sucedió, así que resolvió entrar dentro.

La luz de la habitación estaba apagada, lo único que iluminaba el interior era el sol que lentamente se ocultaba tras los edificios de la zona oeste de la ciudad. Desde la puerta, Trunks vio a su padre sentado, como ya bien sabía, al borde de la cama, pero su cabeza estaba gacha, sus brazos apoyados sobre sus rodillas.

El joven suspiró y se acercó a él «Vamos papá, tienes que animarte…» Le dijo suavemente a la vez que ponía una mano sobre su hombro. Vegeta no respondió, ni siquiera se movió, y Trunks continuó con la misma suavidad «Que te encierres aquí no va a cambiar las cosas»

El Saiya apretó los puños ligeramente, pero al instante los relajó de nuevo «Déjame solo, Trunks, no quiero compañía» Le pidió en voz baja

«¿Cómo dices? –dijo Trunks enfadado– Creo que no te he oído bien. ¿Que no quieres compañía? ¡¡O sea, llevo viniendo aquí durante todos estos días para ver cómo estás y siempre me dices lo mismo!! ¡¡Estoy harto de todo esto! ¡No sé si te habrás dado cuenta de que yo también la echo de menos! ¡Y Bra! ¡Y no por eso desconectamos del mundo! ¿Te enteras? ¡¡Ya está bien de estar aquí sentado, ahora mismo vas a venir a luchar al jardín!!» El muchacho agarró a su padre del brazo y empezó a arrastrarle hacia fuera «¡Y me da exactamente lo mismo que quieras o no!»

Una vez estuvieron el uno enfrente del otro, Trunks le advirtió que sería mejor que estuviera pesando en ponerse a luchar en serio, porque él no se iba a cortar un pelo.

Mientras que subía la guardia, pensaba que tal vez tendría que haberse cambiado de ropa, ya que los vaqueros ajustados no le iban a dejar gran libertad de movimientos. Cuando miró al frente y descubrió que su padre seguía en la misma postura en la que le había dejado, sintió rabia surgir en su interior «¿Se puede saber a qué demonios estás esperando para subir la guardia, pedazo de…?» Logró reprimirse a tiempo, pero por muy poco

«No quiero luchar. ¿Para qué?»

Los ojos del muchacho se abrieron con sorpresa, rápidamente remplazada por la ira que estaba a punto de volver a estallar «¡¡¡¡¡HAZLO!!!!!» Rugió mirándole fieramente por no hacer algo peor

Lentamente, Vegeta levantó los brazos hasta la posición de defensa, obligado por su hijo.

*¿Pero qué demonios le ocurre?* Pensó Trunks para sí. ¡Si siempre era su padre el que le tenía que obligar a él a luchar cuando era más pequeño! Además, sería él quien empezaría atacando, sus músculos tensos, totalmente preparado para la batalla. Apretó los dientes con rabia al ver que realmente no tenía ninguna intención de entrar en combate, no se podía creer que fuera él, ¡él! el que le hubiera preguntado que para qué iban a luchar.

El joven sacudió la cabeza para librarse de todos sus pensamientos y reunió su ki provocando una llamarada azul alrededor de su cuerpo que hizo que su pelo y su camiseta se agitaran violentamente. Se lanzó contra su padre, quien no parecía saber qué es lo que estaba a punto de pasar por la postura de sus brazos, de nuevo a los lados de su cuerpo.

El puño de Trunks golpeó a Vegeta en la mandíbula, haciéndole volar unos metros hacia atrás antes de aterrizar sobre el suelo

«¡¡Vamos, levántate!!» Le gritó mientras su aura cambiaba hasta tomar el color dorado del SSJ. Viendo que no se levantaba, se acercó a él y le agarró por la camisa, levantándole a pulso con una mano. Por supuesto, él no opuso resistencia

«¿Es que ni siquiera piensas defenderte? ¡¡Cobarde!! ¿Qué crees que adelantas con todo esto, eh? ¡¡Mamá se avergonzaría de ti si te viera en este estado!!» Le gritó de nuevo, clavando sus ojos azules en los negros de su padre antes de lanzarle de nuevo contra el suelo. Su aura dorada le abandonó, volviendo su pelo a ser morado «Jamás hubiera esperado esto de ti, padre» Le dijo ya más calmado

Vegeta escuchó a su hijo mientras contemplaba el sol caer tras los edificios cercanos. Una imagen cruzó rápidamente su cabeza: Una puesta de sol en el mar sobre una montaña, la que le enseñó a Bulma el día que comenzaron a «salir» juntos.

I look around and see the hearts
That still are broken.
I can’t believe all of our hearts
remain unopened
We can’t go on and on with the same old song
So wipe off the frown and turn around
and face each other.
Come on, come on, let’s sing a song

Trunks avanzaba de nuevo hacia la casa cuando se giró al escuchar algo, y entonces descubrió a su padre arañando el suelo y arrancando tierra y hierba a la vez. Lentamente, Vegeta comenzó a levantarse, con una extraña mirada en sus ojos «¿Cómo te has atrevido a decirme eso?» Dijo en voz baja sin dejar de mirar a su hijo.

Una vez levantado, apretó los puños con fuerza y restalló su aura de SSJ a su alrededor «¡¡¡¿¿¿CÓMO TE HAS ATREVIDO, MALDITO MOCOSO???!!!» Era como si las palabras de Trunks unidas a la imagen del atardecer hubieran desencadenado una explosión en su interior

El muchacho miró a su padre atónito. ¿Qué es lo que le había ocurrido para cambiar tan radicalmente de actitud? Los ojos azules de su padre destellaban asesinos mientras le miraban y, sin que Trunks se lo esperara, Vegeta se lanzó al ataque, golpeándole fieramente. Con una patada en vuelta le mandó al suelo.

Trunks se levantó limpiándose la sangre de la boca y al ver a su padre avanzar hacia él con un rugido silencioso impreso en su cara y esos ojos asesinos, decidió convertirse de nuevo en un SSJ «Padre, ¿Qué…?»

«¡¿Cómo has osado insultar mi honor de guerrero de esa forma?! ¡¿Quién demonios te crees que eres para hablarme en ese tono?!» Rugió haciendo estallar de nuevo su aura

«Pero padre…»

«¡Cállate! Voy a acabar con esto para siempre. ¡En guardia!»

Trunks, que no salía de su asombro, hizo lo que su padre le ordenaba, y al instante se encontraba parando las acometidas de su padre, que no le dejaba ni un momento de respiro. Era como si hubiera sacado fuera todo el dolor de aquella semana y lo estuviera usando contra su propio hijo. Trunks pensó que había sido una suerte que su padre no se hubiera transformado en SSJ2, ya que sino hubieran acabado devastando toda la ciudad.

Después de estar un rato parando los golpes de su padre, el chico pensó que así no iban a llegar a ninguna parte, así que decidió atacar él también y, en un descuido le golpeó fieramente, de modo que Vegeta se estrelló contra el muro de la Capsule Corp con tal fuerza que incluso lo atravesó y cayó en medio de la calle.

El Saiya se levantó entre pitidos de coches y gritos de gente que se encontraba por allí en esos momentos. Aunque debido a alguna herida la sangre corría por su brazo derecho, ahora sólo recubierto por varios jirones de tela, no le importó en absoluto, ya que lo levantó a la altura del pecho y apuntó a través del boquete que había practicado en el muro.

Trunks arqueó las cejas al ver lo que su padre estaba a punto de hacer «¡¡Padre, no lo hagas!!»

Pero si Vegeta escuchó las palabras de Trunks, no las hizo caso, ya que un potente Big Bang Attack salió de su mano directamente hacia el muchacho, quien apenas podía creer que estuviese luchando a muerte contra su propio padre.

Tenía que hacer algo, y pronto, o media ciudad acabaría en ruinas. En ese momento recordó algo que había practicado con Gotten hacía tiempo ya y decidió probar suerte a ver si conseguía que le saliera bien. Se tumbó en el suelo, concentrando su energía en la palma de las manos y cuando el energy ha iba a pasar justamente por encima de su cabeza, con un chorro de su propia energía lo desvió hacia el cielo, donde explotó momentos más tarde, creando aún mayor pánico entre la gente.

Vegeta rugió con rabia al ver que su ataque no había servido para nada y entró de nuevo en el recinto de la C. Corp, dejando así libre la circulación rodada.

Trunks, que se había levantado y estaba totalmente alerta para detener cualquier otro ataque, pensaba cómo podría detenerle antes de que destruyera media ciudad. No entendía muy bien por qué estaba intentando matarle. ¿Quizás por lo que le había dicho? Con eso esperaba que reaccionase, pero no podía imaginarse que se lo fuera a tomar tan en serio.

*¡¡Ya está!! Seguro que si le doy un buen puñetazo puedo hacer que entre en razón* El joven apenas tuvo tiempo de esquivar una patada de su padre antes de agarrar su puño derecho a escasa distancia de su cara. En ese momento, un haz de luz de los faros de algún coche hizo que algo brillara en el brazo de Vegeta. Mientras Trunks miraba aquello que le había distraído del combate, el Saiya aprovechó la ocasión para golpearle y separarse de él varios metros.

Frente a frente, los dos se miraron unos instantes y cargaron contra su adversario, pasando el uno al lado del otro con el puño derecho por delante. Hubo un flash de luz al chocar las dos auras y golpearse, y ambos quedaron dándose la espalda, de nuevo en estado normal. Trunks apoyó una rodilla en el suelo y puso una mano donde su padre le había golpeado. Respiró hondo un par de veces y giró la cabeza hacia atrás, comprobando que su plan había resultado.

Se levantó con un poco de trabajo y se dirigió hacia Vegeta, que estaba de rodillas en el suelo intentando recuperar la respiración «Padre, ¿estás bien?»

Él asintió y se levantó, poniendo una mano en su brazo derecho. Ambos se miraron durante unos instantes, sin saber qué decir hasta que Trunks, movido por la curiosidad, preguntó «¿Qué es lo que brilló en tu brazo mientras combatíamos?»

«Huh, no es nada…» Dijo evadiendo su pregunta y poniendo su mano sobre el objeto. Aunque era noche cerrada, quizás Trunks podría hacerse una idea de lo que era si veía la silueta

«Pero yo vi…»

«Te he dicho que no es NADA. ¿Es que no me oyes?» Le contestó molesto

Trunks sonrió a sus palabras. Ese sí era su padre. Parecía ser que aquella lucha había servido para algo más que para romper el muro de la Capsule Corp y destrozar la ropa de ambos «Vale papá, tú ganas. No me lo digas si no quieres. Por cierto, deberíamos cenar algo, se está haciendo tarde» Comentó mientras miraba su reloj «Voy a llamar a una pizzería, ¿vale?»

Él asintió y ambos anduvieron hacia el interior de la casa.

Mientras esperaban las pizzas, Vegeta entró en el baño con intención de ducharse. En pocos minutos el vapor de agua había llenado la habitación, y por consiguiente empañado el espejo y la ventana. Entró en la ducha y dejó que el agua caliente cayera sobre su magullado cuerpo, acabando así con la tensión de los músculos. Tras estar unos minutos bajo el chorro constante de agua sin moverse apenas miró al objeto sobre el que Trunks le había preguntado. Por suerte, no se había rallado.

Una vez seco observó si en la lucha se había hecho alguna herida, ya que apenas recordaba sobre lo que había pasado antes de encontrarse jadeando en el suelo y no encontró nada importante aparte de algún raspón que otro. Mientras se ponía una camiseta limpia decidió que lo mejor sería metérselo en el bolsillo de los vaqueros, por lo menos hasta que el muchacho se hubiera marchado.

Cuando llegó al salón-comedor, Trunks ya se había sentado a la mesa y estaba flanqueado por dos torres de cajas de pizza de distintos ingredientes. El Saiya se sentó también y ambos comenzaron a engullir.

De vez en cuando Trunks miraba de reojo a su padre desde detrás de las cajas de cartón, intentando descubrir el misterioso objeto hasta que su padre le preguntó ya fastidiado por su escrutinio «¿Podrías dejar de mirarme como si fuera un bicho raro?»

«Eh, esto, yo… lo siento…» murmuró el chico bajando la cabeza avergonzado por haber sido descubierto

El asunto no tuvo mayor trascendencia, por lo que al cabo de un rato todas las cajas estaban totalmente vacías.

Entonces, Trunks se levantó de la mesa «Esto… papá, me voy, que he quedado con… bueno, con mis amigos»

«Así que con tus amigos…» Le dijo, sospechando que había algo detrás de todo aquello

«Sí, claro, con mis amigos del insti…» Al sentir que estaba ruborizándose cambió de tema «Pero, vamos, no te preocupes, que Biddle traerá pronto a Bra»

«¿Por qué? No me dijo que fuera a venir a dormir a casa…»

«¿No? ¿Estás seguro? Mira que me extraña… Bueno, el caso es que Biddle nos dijo que hoy no se podía quedar allí a dormir ya que iban a ir Mr. Satán y Mr. Boo y ya no les quedaban más camas» Dijo mientras se abrochaba la cazadora vaquera. Al abrir la puerta continuó «¿Estarás bien si te dejo aquí solo?»

«Sí, vamos, vete, que las mujeres tienden a enfadarse si no llegas puntual»

Los ojos de Trunks se abrieron como platos y de nuevo el rubor tocó sus mejillas «Eh… bueno… pero, ¿seguro?» Dijo volviendo al tema

«¡Seguro! ¡Ahora márchate!» Le dijo casi echándole de casa

«Venga, hasta luego, no vendré muy tarde» Dijo justo antes de que su padre le cerrara la puerta. Ya era bastante mayorcito para tener niñera…

Se sentó en el sillón y puso la televisión, esperando encontrar algo interesante que ver, aunque realmente lo dudaba. Al rato se acordó de lo que tenía guardado en el bolsillo y se lo volvió a poner, ya que no había peligro alguno de que nadie se lo viera.

Diez minutos después de que Trunks se hubiera ido llamaron a la puerta. Lentamente, Vegeta se levantó del sillón y fue a abrir. Sus cejas se arquearon, totalmente sorprendido al ver quién estaba en la puerta.

«¡¡Buenas noches, Vegeta!!» Saludó jovialmente

«¡¡Kakarot!! ¿Qué estás…?»

«Anda, no sabía que llevaras una esclava…» Le cortó

«¡¿Y a ti qué demonios te importa lo que lleve o deje de llevar?!» Le espetó

«Bueno, hombre, que sólo era un comentario…» Puntualizó un poco dolido por su reacción

«Además, no es mía…» Dijo en voz baja dándole la espalda a Gokuh

Evidentemente que no era suya. Gokuh lo comprendió enseguida «Era de Bulma, ¿verdad?» Le dijo suavemente

Él no contestó, sólo cerró los ojos en un vano intento por contener un suspiro. El Saiya puso una mano en su hombro «Lo siento, yo no quería…»

Vegeta puso su mano sobre la de Gokuh y la quitó casi suavemente de su hombro «No quiero tu compasión»

«No era esa mi intención…»

«¿Qué has venido a hacer aquí?» Cambió de tema quedando los dos frente a frente

«Trunks me dijo que si me podía pasar por aquí esta noche y aquí estoy»

«No deberías haber venido, no necesito compañía»

«Lo sé, pero el muchacho me lo hizo prometer, y ya sabes que soy un hombre de palabra…»

«Muy bien, pues como ya has venido, te puedes marchar. Jamás he necesitado niñera y no la voy a necesitar ahora. De todas formas ya hablaré con Trunks de esto…»

«Vegeta, no regañes al muchacho. Lo hace con toda su buena intención, porque está preocupado por ti, nada más. Creo que esa no es razón para castigarle»

«Se preocupa demasiado…»

«Porque tú le das razones para hacerlo. Vamos, no me mires así, Trunks me lo ha contado todo. El chico intenta ayudarte y consideró que no debías quedarte solo, eso es todo»

Vegeta gruñó y cruzó los brazos, mirando hacia otro lado como siempre hacía cada vez que le quitaban la razón

«Bueno, pues ya que veo que aparentemente no tienes ningún problema y no quieres MI compañía, me marcho a casa. Le prometí a Chichi que fregaría los platos de la cena»

«Yo no he dicho eso»

«¿A qué te refieres?»

«En ningún momento dije específicamente que no quisiera tu compañía. Me apetece estar solo, nada más»

«¿Estás diciendo que no me estás echando de tu casa?»

«Vamos, vete ya. ¿No tenías que fregar los platos?» Cambió de tema

«Tienes razón» Sonrió «Como no esté allí pronto para fregar lo mismo no me deja entrar en casa. Te prometo que volveré otro día» Gokuh comenzó a flotar en el aire y tras despedirse con la mano se marchó.

Vegeta le siguió con la mirada hasta que el Saiya se perdió en la noche. Se quedó unos momentos mirando a las estrellas que se podían ver incluso con las potentes luces de la ciudad. Orión siempre le había parecido una constelación digna de ser contemplada y hacía mucho tiempo que Betelgueuse era una de sus estrellas favoritas.

Pero hacía tiempo que no estaba de humor para ver las estrellas como antaño, así que de nuevo entró en casa.

Al ver la hora que era decidió acostarse, no sin antes apagar la televisión, donde estaban poniendo un horroroso programa en el que la gente, más que debatir se lanzaba los trastos a la cabeza. Por Trunks no tenía que preocuparse y por Bra… bueno, no la pasaría nada por que llegara a casa y él no estuviera en el salón…

You let the time pass by
Big boys don’t cry, believe that lie
A broken heart that never mends
Is this the end? Listen my friend!

Subió las escaleras que conducían al piso de arriba y llegó a su cuarto. Encendió la luz y lo observó desde fuera. El interior seguía tal y como ella lo había colocado la última vez. Una innumerable colección de cajas de cristal y porcelana de distintos tamaños repletas de anillos, pendientes, collares y pulseras adornaban el tocador. En el gigantesco armario empotrado seguía aún toda su ropa, y en el puff rojo destacaba aquella camiseta azul que ponía «Bulma» en la parte de delante. Lo único que hacía era estirar la cama por las mañanas. Le resultaba duro ocupar aquel cuarto tan grande y la cama él solo.

Sacudió la cabeza, obligándose a no pensar en esas cosas. Tenía que aceptar que se había ido, y que no iba a volver, aunque no le iba a resultar nada fácil. Había descubierto que ella, su compañera, era la razón por la que había estado luchando durante todos aquellos años, por la que no se había marchado de aquel planeta, y era ella quien le había dado dos maravillosos hijos. Había cambiado su vida de tantas maneras… Si no, ¿cómo se podía explicar que hubiera pasado de ser el cruel y despiadado Príncipe de los Saiyas a ser el hombre que echa de menos a su mujer?

Claro que habían hecho falta muchos años para todo eso, pensó viendo en su reflejo, en el espejo del tocador al que se había acercado, algún que otro cabello blanco. Y es que los años no pasan en balde…

En el marco del espejo, había un pequeño papelito pegado. Era el estribillo de una canción, que resumía todo su contenido. Por alguna razón desconocida para él, Bulma llevaba el pequeño trocito de papel con ella a todas partes, como si le recordara algo que no tuviera que olvidar.

[…] Que en mi eterna oscuridad
el cielo tiene nombre: tu nombre
Qué no daría yo por contemplarte
Aunque fuera un solo instante
A. Sanz. «Siempre es de noche»

Despegó el papel con cuidado y lo dobló, guardándoselo en el bolsillo. Había pensado que quizás así podría descubrir por qué era tan importante para ella.

Se sentó en la cama, y en ese momento, sintió algo extraño, como si tirasen de él o algo parecido. El cuarto a su alrededor comenzó a difuminarse y todo se volvió oscuro…

Unos momentos después, empezó a ver otra vez las cosas a su alrededor y, cuando desapareció la extraña sensación, descubrió que no estaba sentado, ni tampoco en su cuarto.

Miró a su alrededor; el lugar le era familiar. El suelo estaba recubierto de nubecillas amarillas que pisaron sus botas al empezar a andar hacia un edificio cercano, el único en la zona.

Según se iba acercando a él se dio cuenta de que era el edificio del Juez Supremo. No sabía qué estaba haciendo allí. ¿Acaso había muerto? Decidió comprobarlo asomándose a un estanque que había cerca de allí. No encontró la aureola sobre su cabeza, por lo que esa no podía ser la razón.

Cada vez entendía menos lo que estaba ocurriendo allí, así que decidió entrar a hablar con Enma Daioh.

«¿Que hago aquí?» Le preguntó al Juez

«¿Huh? ¡Ah, sí, eres tú! Bien, bien…» Murmuró sin dejar de mandar almas al Cielo o al Infierno

«¿Bien qué?» Preguntó de nuevo, percatándose de que no le había prestado demasiada atención debido a la cantidad de almas que tenía que juzgar.

«¡Pues eso, que te marches con tu acompañante, que te está esperando!»

«¿Acompañante que me está esperando?» Vegeta repitió las palabras del Juez mentalmente ¿A qué se referiría? En ese momento, enfrente de él, apoyado en el marco de la puerta apareció el susodicho acompañante, del que sólo se distinguía la silueta entre la luz que llegaba del Cielo.

La mujer que debía acompañarle se adelantó unos pasos, dejándose ver. Llevaba un aro dorado sobre la cabeza, signo inequívoco de que estaba muerta. Lentamente se apartó un mechón de cabello morado-grisáceo que le caía sobre la cara.

El Saiya abrió la boca, incrédulo. No podía creerlo. ¡Allí estaba! «¿Bulma…?» Murmuró

Ella sonrió y asintió, acercándose más a él para abrazarle. «No has cambiado nada, mujer. Sigues tan fea como siempre» La dijo cuando se separaron

«Oh, vamos…» Le dijo sin dejar de sonreír. Le agarró de un brazo, obligándole a seguirla «Vamos, que no tenemos todo el tiempo del mundo»

Mientras Bulma le conducía a la entrada del Cielo, Vegeta le preguntó «¿Qué significa todo esto, Bulma? ¿Qué estoy haciendo aquí?»

«Verás, ya sabes que los muertos tienen derecho a volver a la Tierra un día si ellos lo desean. En mi caso, yo decidí que sería mejor que fueras tú el que viniera aquí al Cielo en vez de bajar yo. Pensé que esto era lo mejor para Trunks y Bra…»

«Aha…» Asintió dejándose llevar por la mujer, que le estaba conduciendo a través de un pasillo de luz brillante. Tras ese pasillo, se abría el Cielo en todo su esplendor.

Comenzaron a pasear por las rojas baldosas que cubrían un bello paseo lleno de almas que circulaban de arriba a abajo o charlaban animadamente sentadas en delicados bancos de madera. Algunas de ellas, las más avispadas se les quedaban mirando de reojo, ya que sabían que alguien del mundo de los vivos había subido a hacerles una visita. Al pasar al lado de una fuente de aguas encarnadas, Bulma comentó «¿Sabes? Esto es un aburrimiento… Ya estoy harta de salir de excursión con todos estos que están por aquí. Y para colmo, ni siquiera tienen un taller donde pueda inventar algo…»

«La verdad es que prefiero estar aquí aburrido a pasar otra temporada en el Infierno…»

«Sí, claro, viéndolo así… –le dio la razón– pero de todas formas esto es muy aburrido. Tú al menos podrías seguir con tu entrenamiento, como hacía Gokuh, pero yo…»

El Saiya estuvo unos segundos en silencio antes de preguntar «Entonces, ¿preferirías volver a la Tierra… conmigo?»

Bulma sonrió tristemente «Claro que sí –al momento cambió su expresión para decirle con malicia– aunque, bien visto, por aquí hay un buen mozo que me echa piropos cada vez que me ve, y me regala rosas, y me invita a comer…»

Vegeta se paró en seco y agarró las manos de Bulma, obligándola a pararse también. Ella deseó saber qué es lo que le ocurría, nunca había visto esa expresión en su cara. Clavó sus ojos oscuros en los de la mujer y la dijo «Bulma, yo…» Calló durante unos instantes, realmente le era difícil decir lo que iba a decir «Debería… debería decirte que… Sólo es que… yo…» Tragó saliva y bajó la cabeza, incapaz de continuar. Bulma puso una mano en su mejilla «Siempre lo he sabido. Lo veía en tus ojos cuando me mirabas casi a escondidas, lo sentía cada vez que estabas conmigo… Incluso en aquel último momento, en el instante antes de morir sabía, incluso si no me lo hubieras dicho, que me querías»

Estuvo un momento en silencio y continuó «No digas nada, sólo mírame» Le dijo en voz baja. Aunque no quería hacerlo, él obedeció, levantando sus ojos lentamente hasta encontrarlos con los de ella. Todavía estaban aquellos muros, aquellos malditos muros que no le dejaban hablar.

Bulma vio en su mirada antes de que sus ojos se nublaran por las lágrimas lo que realmente sentía. Y es que sus ojos negros eran el único fallo que tenía su sistema de ocultar emociones, por mucho que él lo intentara evitar.

«Eres el hombre más maravilloso y adorable de todos cuantos he podido encontrar en la Tierra» Susurró mientras le abrazaba

Vegeta no dijo nada, sólo cerró los ojos y la apretó contra su pecho. No tenía ni idea de como había sido capaz de decírselo aquel día, qué dios había obrado tal milagro, pero le gustaría volver a conseguirlo

«Ojalá hubiera algo que pudiera devolverme la vida…» Suspiró la mujer separándose un poco de él

«No hay que perder la esperanza, mujer» Les dijo una voz

«Aquel dios viejo….»

«¡Más respeto, joven! Ehem, no he podido dejar de oír vuestro diálogo. Realmente no hay nada material que pueda devolverte la vida, pero eso no quiere decir que no mantengais la esperanza. ¿O es que no sabéis que es lo último que se pierde? Hum, jóvenes… –sopló el viejo dios– En fin… El caso es que no os he interrumpido para daros clases de moral. Enma Daioh me ha pedido que te comunique que te queda aquí muy poco tiempo, aproximadamente 5 minutos»

«¿Sólo 5 minutos? Pero me prometió que tendríamos toda la noche…» Se quejó la mujer

«Exactamente, ese es el tiempo que queda hasta que amanezca. Lo siento, pero no puedo hacer nada…»

Bulma suspiró. Era muy poco tiempo el que les quedaba, y no quería que pasara, deseaba que siempre quedaran 5 minutos. Dio un respingo al recordar algo que tenía preparado «Vegeta, quiero darte algo…» Sacó una cadena de debajo de su camiseta y la cogió en su mano «¿Sabes lo que son?»

«Hum… creo que… me recuerdan a algo…» Dijo mirando los anillos detenidamente

«¿Cómo es posible que no te acuerdes? Son nuestras…»

Él puso un dedo en sus labios para callarla «Tonta… ¿Cómo no me voy a acordar? Con el jaleo que armaste para conseguir que me la pusiera en aquella iglesia tan antigua…»

La mujer sonrió divertida recordando aquél evento mientras se desabrochaba la cadena, sacando los dos anillos antes de volvérsela a poner «Toma, con esto sabré de ti en todo momento… ¿También recuerdas qué es lo que se hacía con ellas?»

Suavemente, Vegeta cogió la mano de su mujer y le colocó el anillo en el anular derecho, como había hecho ya una vez hacía bastantes años. Después le tocó a ella el turno. Mientras lo hacía, se fijó en su brazo «¿Esa pulsera no es mía?» Preguntó

Él asintió, y cuando se la iba a quitar para devolvérsela a su dueña ella le detuvo «No, quédatela, quiero que tengas algo mío cuando regreses…» Dijo intentando reprimirse para no volver a llorar «No quiero que te vayas…» Se abrazó a él «Cuando llegué aquí estaba sola y asustada, no tenía nadie a mi lado que me dijera *no te preocupes, aquí estoy yo* Me faltabas tú a mi lado…»

These walls of hate that separate
one from the other
Time to rebuild bridges of love
one to another
Come on, come on, let’s sing a song

Vegeta liberó uno de sus brazos durante unos instantes, en los que rebuscó en sus bolsillos. Entonces sacó un pequeño papel doblado que le entregó a la mujer *El cielo tiene nombre: tu nombre. Qué no daría yo por contemplarte aunque fuera un solo instante* Ella abrió la boca al leerlo. Había reconocido aquel pedacito de papel que a tantos sitios la había acompañado. Le miró y sus ojos azules descubrieron que él también la miraba, los ojos oscuros brillando «Yo… no quiero volver solo… Te… te hecho de menos, Bulma» Por fin había consegido volver a hacer caer aquellos muros que tantas veces les habían separado

Entonces se besaron. Este era el beso que se dejaron a deber en vida, aquel que ninguno tuvo el valor de realizar. Sabían que con aquello se despedían del otro hasta que se volvieran a encontrar ya ambos en la otra vida.

Bulma vio cómo su marido empezaba a brillar. Su tiempo se había acabado. Unos segundos después, cuando el resplandor era demasiado intenso para mirarlo, él desapareció.

Ella cayó sobre sus rodillas, ocultando la cara entre las manos «Daría cualquier cosa por volver…» Dijo entre sollozos

«No hace falta nada de eso…» Dijo enigmático Ro Kaioh-Shin. Bulma levantó la vista desconcertada

Con sobresalto se incorporó. Miró un par de veces en la oscuridad, intentando averiguar dónde se encontraba. Su corazón latía rápidamente, como un caballo desbocado.

Cuando por fin sus ojos se habituaron a la oscuridad, descubrió que de nuevo estaba en su cuarto, en la cama. Así que todo había sido una alucinación. Un maldito sueño. Pero… si no había sido real, ¿cómo es que llevaba su anillo de casado?

Se levantó desconcertado, dispuesto a levantar la persiana para que los primeros rayos del sol echaran un poco de luz sobre el asunto. Al levantarla un poco, escuchó un débil gemido de protesta. Se dio la vuelta, pero no había nadie más en el cuarto. ¿Qué es lo que había escuchado entonces? ¿O es que se lo había imaginado?

Iba a rodear la cama para encender la luz de la habitación cuando escuchó otro ruido. Esta vez no había duda. Había alguien más allí, y parecía como si se estuviera arrastrando por el suelo, o algo.

Lentamente llegó al otro lado de la cama, desde donde supuestamente salían los ruidos. Contuvo una exclamación y andó precipitadamente hacia atrás chocando contra el tocador y haciendo que las cajitas repicaran al chocar unas contra otras. Se escuchó otro suave gruñido. Andó despacio hacia la figura que se rebullía nuevamente en el suelo y se arrodilló a su lado para cogerla suavemente en sus brazos. Lentamente y con mucha suavidad para que no se despertara la dejó en la cama y luego salió de la habitación. En el mismo momento en que bajaba al salón encontró a Trunks entrando en la casa.

«Ah, hola papá, ¿qué haces levantado a estas horas?»

«Creo que eso debería preguntártelo yo, ¿no?» Dijo cruzando los brazos «¿Qué horas son estas de llegar a casa?»

«Esto… yo…» En ese momento Trunks creía que no habría suficiente tierra de por medio en el mundo para escapar al castigo que le estaba a punto de caer

«Por hoy pasa, pero sólo por hoy, ¿entendido?»

Trunks asintió aliviado sintiendo de nuevo la saliva bajar por su garganta «¿Y Bra?»

«En su cuarto, durmiendo. Antes de bajar he ido a ver si estaba»

El chico asintió de nuevo, y tras dejar la cazadora en el sillón comenzó a andar hacia la cocina. Su padre le detuvo «Trunks, ven conmigo»

Él le miró extrañado, pero Vegeta ya había comenzado a subir las escaleras «¿Qué…?»

«No preguntes y sígueme sin hacer ruido»

El joven se encogió de hombros y le siguió por el pasillo de la segunda planta hasta el cuarto de sus padres. Allí, el Saiya abrió la puerta suavemente, sin hacer ruido, y le indicó a Trunks que entrara dentro y mirara a la persona que dormía en la cama. Desconcertado, hizo lo que le mandaban y boca se abrió en sorpresa la identidad del durmiente

«¡¡Santos Gatos!!» Exclamó dando un paso hacia atrás.

«Calla!» Le regañó el otro en voz baja

La mujer de la cama se despertó y se medio incorporó, apoyando la espalda en la pared «¿Qué ha ocurrido? ¿Trunks?» Preguntó con sorpresa al ver al muchacho en medio del cuarto

Él sonrió, sintiendo las lágrimas mojar sus mejillas «Sí, mamá…» No pudo remediarlo y se echó en sus brazos como un niño pequeño «Oh, mamá, es increíble…» Unos segundos más tarde se levantó y se marchó corriendo de la habitación. Unos momentos después apareció de nuevo, llevando a Bra de la mano, quien se frotaba los ojos con cara de sueño. Al ver a su madre frente a ella, sentada en la cama, corrió hacia allí para abrazarla, llorando de tal forma que incluso Bulma se agitaba. Trunks también se acercó de nuevo a ella, y Vegeta se sentó en la cama. Disimuladamente estiró su mano y la puso sobre la de ella, apretándola suavemente.

El viejo Kaioh sonrió. Hacía mucho tiempo que no hacía nada para ayudar a los humanos, y realmente le había resultado muy fácil convencer a Enma Daioh de que la devolviera a la Tierra, ya que una inventora como ella no iba a hacer más que incordiarle al intentar explicarle la nueva forma de organización que se había inventado tras observar la vida de las caballas del mar Naranja…

A song for you, a song for me
a song for love
All for one and all for all together
singing a song for love
You and I are none without the other
singing a song for love

From Extreme «A song for love»

The First Dawn

por Nyaar

Continuación de «Don’t be silly!»

«Debe de estar al llegar», pensó Bulma mirando su reloj. Efectivamente, cuando pasaban treinta y tres minutos de las siete, llamaron a la puerta. La mujer cruzó el salón y abrió la puerta, encontrando a la persona que estaba esperando. «Konban wa, Yamcha. Vamos, entra y siéntate». La mujer cerró la puerta y comenzó a andar hacia las escaleras que conducían al piso de arriba. «Espérame aquí, enseguida vuelvo». Tras decir esto, desapareció en el piso de arriba. Iba a cambiar sus zapatillas, puesto que había pensado que sin duda alguna se las mancharía al andar con la tierra y realmente no la apetecía nada.

Yamcha observó el salón de la Capsule Corp unos instantes y se sentó sobre un mullido sillón blanco que se encontraba cerca de una mesa de cristal, dejando que su mente divagara, recordando los tan dulces momentos que habían pasado sobre él no hacía más de un mes…

Las pisadas de Bulma le alejaron de sus ensoñaciones. Se levantó algo ruborizado por haber recordado cierto momento especial y se acercó a la puerta, justo en el momento en el que la mujer llegaba al salón.

«Eh, Yamcha, ve fuera y elige el sitio que más te guste para empezar, que voy a por los utensilios. Ahora te alcanzo», dijo con una sonrisa.

Él asintió y salió fuera, comenzando a andar por el paseo empedrado del jardín, observando centros de petunias y macizos de margaritas de muchos colores que él mismo había ayudado a plantar. Tras pasar por debajo de un arco formado por rosales trepadores, se acercó a un joven roble del que se veían algunas ramas secas. Utilizando su ki, se elevó hasta dichas ramas y sacando las tijeras de podar que había traído de su casa del bolsillo trasero del pantalón, las podó tal y como le había enseñado Bulma.

La verdad es que al principio él odiaba todo lo que tuviera que ver con plantas y vegetales, pero Bulma le dijo que la gustaría mucho que aprendiese jardinería para poder ayudarlas a ella y a su madre en el tremendo jardín de la Capsule Corp. A pesar de que no quería, lo hizo por no llevarla la contraria y curiosamente le acabó gustando, dedicándose a ello como hobby en su casa y ayudando a la mujer en su jardín.

Paseando, llegó a una parte en la que habían estado trabajando recientemente, un lugar donde los árboles eran aún pequeños y desde donde se podía ver la cámara de gravedad. Se paró y apretó los puños con fuerza, destrozando las secas ramas del roble que aún llevaba en su mano. Todavía no había aceptado que Bulma le hubiera cambiado por aquel hombre. No comprendía qué demonios había podido ver en ese bastardo insensible. Aún se preguntaba si habría conseguido hablar con él o si sólo le atraía por su físico. «Imposible», pensó, «¿Cómo se podría enamorar alguien del físico de un enano pelopincho?». Sopló con disgusto mirando hacia la cámara y de repente se dio cuenta que había algo anormal en toda aquella historia. Estaba negando asuntos evidentes, cegado por los celos. Era evidente que el Saiya tenía mucho mejor cuerpo que él, cualquiera podría decirlo, pero él conocía a Bulma, y ella no era una mujer que se enamore sólo por el físico, por lo que debía de haber algo más…

Apretó los puños con rabia, mirando fieramente hacia la cámara, sin darse cuenta de la presencia de Bulma

«Eh, Yamcha», le dijo tocando su brazo. «Te ocurre algo?»

«Eh… no, nada Bulma», dijo el muchacho riendo nerviosamente. «Vamos, mira, ese es el lugar que he elegido…»

Yamcha comenzó a andar hacia un pequeño claro, aún más cerca de la cámara donde entrenaba el Saiya tan duro como de costumbre. Bulma se encogió de hombros y siguió a Yamcha.

El joven, que estaba agachado cavando un hoyo para plantar un pequeño arbusto, se incorporó rápidamente

«Qué ocurre, Yamcha?», preguntó la mujer inquieta por la reacción de su amigo

Él miró hacia la cámara de gravedad. Estaba sintiendo cómo crecía a cada segundo la energía del Saiya, tanto que parecía llegar al infinito.

De repente, un resplandor dorado surgió desde dentro de la cámara y salió por sus ventanas antes de que ésta saltase por los aires.

Yamcha se colocó delante de Bulma para protegerla de la onda expansiva y de los escombros que salían despedidos a causa de la explosión. Ésta había destrozado más de media cámara y Yamcha consiguió vislumbrar en su interior a través del humo una silueta que desprendía destellos dorados justo antes de que el resto de la cámara se desplomase.

Al oír el estruendo, Bulma, que no se había dado cuenta de lo que había pasado, se asomó por detrás de la espalda de Yamcha y abrió la boca totalmente asustada cuando descubrió una montaña de escombros donde antes se encontraba entrenando su Saiya.

Empujó a Yamcha a un lado y corrió hacia el lugar totalmente desesperada, comenzando a quitar los escombros que le cubrían. De repente, una mano surgió de entre los cascotes, asustando a la mujer, que cayó hacia atrás y quedó sentada en el suelo.

Vegeta surgió de entre los escombros, jadeando. La sangre salía por las numerosas heridas en todo su cuerpo y su pelo negro estaba totalmente enmarañado. Avanzó unos pasos, tambaleándose, con la vista perdida en el horizonte.

Bulma se levantó del suelo, susurrando su nombre: «Vegeta…»

Él bajó los ojos hacia la mujer antes de desplomarse sobre los cascotes

«¡¡Vegeta!!», exclamó Bulma escalando los escombros para intentar llegar a su lado

Antes de que ella llegara, él se incorporó de nuevo e intentó levantarse, lo que consiguió tras algunos intentos fallidos.

Cerca de él, Bulma le regañó: «¡Vas a terminar con ese entrenamiento tan bestia ahora mismo, Vegeta! ¡Vas a conseguir acabar con tu vida antes que llegar a ser un SSJ como Gokuh si no lo dejas!»

«No hará… falta…», dijo con dificultad esbozando una pequeña sonrisa antes de desplomarse de nuevo

Bulma colocó su cabeza sobre sus rodillas y acarició su frente suavemente, manchándose la mano con su sangre, que resbalaba por su cara contraída por el dolor. En ese momento se fijó en sus heridas, que al principio no la habían parecido importantes pero, tras mirarlas de cerca, descubrió que eran más graves de lo que ella había supuesto

«L-lo… con…seguí…», musitó antes de quedar inconsciente sobre la mujer.

«¡¡Yamcha, llama a un médico!! ¡¡Rápido!!», le urgió muy preocupada.

El joven, que había contemplado la escena desde lejos, reaccionó ante las palabras de Bulma. Tras musitar algo que la mujer no entendió, corrió hacia la casa.

Ella le siguió con la vista hasta que se perdió en el interior. Luego bajó la mirada hacia el hombre que tenía sobre sus rodillas y suspiró. Yamcha aún no había perdonado que hubiera elegido al Saiya antes que a él. Cuando levantó la vista, descubrió que el joven ya había regresado.

«Por favor, ayúdame a llevarle dentro…», pidió ella.

Yamcha miró al cuerpo inconsciente primero y luego a los ojos azules de la mujer. «Por favor…»

Él suspiró y le levantó, colocándole sobre su hombro. «Que conste que esto lo hago por ti y no por él», dijo duramente. Bulma no pudo más que sonreír débilmente a sus palabras antes de guiarle hasta una habitación, donde Yamcha le dejó acostado.

Al momento, llamaron a la puerta. Bulma iba ir a abrir, pero el joven se le adelantó: «Quédate aquí, ya voy yo».

Ella le sonrió y él bajó a abrir.

En un momento el médico estaba vendando las heridas del Saiya. Cuando terminó, colocó una mascarilla de oxígeno en su cara

«¿Se pondrá bien, doctor?», preguntó la mujer.

«Seguro que sí, pero necesita descansar. Creo que no he visto a nadie tan cansado en mi vida…», comentó el doctor acercándose a la puerta. «De todas formas, llámenme si para mañana no ha despertado, ¿de acuerdo?».

«De acuerdo. Gracias por venir».

El médico hizo un saludo con la mano y se marchó de la habitación. Pocos segundos después, el sonido de la puerta al cerrarse les indicó que se había marchado.

Yamcha, que había estado todo el tiempo en la puerta de la habitación, se decidió a hablar «Bueno Bulma, veo que hoy no vamos a dar clase de jardinería» –Dijo el joven sonriendo y medio en broma– «así que me voy. Mañana volveré para ver cómo estás»

Cuando se iba a marchar, Bulma le llamó «Yamcha…»

Él se giró y vio que la mujer se había acercado a él «Gracias por todo, Yamcha, eres un sol…» Le dijo dándole un beso en la mejilla. Él sólo sonrió y besó su frente; luego se marchó.

Bulma colocó una silla cerca de la cama y se sentó en ella «El bueno de Yamcha… sería capaz de ir a la Luna si yo se lo pidiera…» Pensó con un suspiro

Acto seguido, cogió entre las suyas la mano de Vegeta y entonces, en su muñeca pudo ver el corte que ella misma se había hecho tres semanas atrás…

Vegeta andaba hacia su cuarto con la intención de ponerse una camiseta para marcharse durante unas horas lejos de la ciudad. En el momento que atravesaba un pasillo, Bulma pasó corriendo a su lado, llorando y llevando un cuchillo en su mano. Le empujó contra la pared en su frenética carrera y entró en el baño, cerrando la puerta de golpe.

«¡¡Maldita sea, mujer!! ¡¡Vuelve a hacer eso y…!!»

«¡¡DÉJAME EN PAZ!!! Déjame en paz…» El fuerte grito del principio se convirtió en petición entre sollozos «nunca más volveré a molestar a nadie…»

El Saiya miró hacia la puerta cerrada y frunció el ceñó, pensando que era otra tontería humana. Cuando se iba a marchar, de pronto, algo se le pasó por la cabeza «El cuchillo…» Pensó inconfortable

«¡Mujer, abre la puerta!» Ordenó

«¡Vete! Déjame…» Respondió entre sollozos

«¡No me obligues a tirar la puerta, mujer! ¡Abre de una vez!»

Como ella no le contestaba, con un certero golpe rompió la cerradura de la puerta. Al entrar, descubrió a Bulma cortándose la muñeca derecha con el afilado cuchillo

«Se puede saber qué demonios estás haciendo?»

«¡¡A-atrás!! ¡¡Atrás o te apuñalo!!» Dijo empuñando el cuchillo, amenazadora

«¿Qué se supone que vas a hacer? ¿Matarme antes de acabar con tu vida? ¿Y eso de qué te va a servir? Los humanos tenéis unas ideas realmente estúpidas…» Dijo fastidiado

«¡Cállate! ¡A ti que te importa si me suicido! ¡No es asunto tuyo!»

«Lo ves? ¡Además de ser la mujer más fea que he visto, estás como una cabra! A mi me da lo mismo si te suicidas o no, lo que me parece una tontería es la razón» Explicó cruzando sus brazos «Es una completa estupidez que te quites la vida por un patético humano como ese Yamcha»

«¡¿Qué?! ¿Cómo te has enterado?»

«Con las voces que habéis dado, hasta Kakarot en su nave espacial se habrá enterado» Exageró, acercándose más a ella

«¡Estate quieto! ¡¡Estate quieto o te juro que te apuñalaré con él!!»

«Dame ese cuchillo» Dijo cada vez más cerca

La mujer cumplió su amenaza y dirigió su mano contra él, con la intención de clavarle el cuchillo. Él, con mucha calma, sujetó la muñeca de la mujer cuando la punta del cuchillo se hallaba a escasos centímetros de él.

«Una mujer como tú no debería dejar que un baka como Yamcha le incitara a cortarse las venas por él. No se merece semejante honor» Dijo con suavidad

Se escuchó el tintineo del cuchillo al caer al suelo de baldosas. Acto seguido, la mujer se desmayó por la pérdida de sangre.

Él la cogió en sus brazos y la llevó a una habitación, donde vendó su muñeca para que dejara de sangrar y la dejó descansar.

Cuando se despertó y se encontró en el cuarto, deseó saber si él la había llevado hasta allí…

Vegeta abrió los ojos lentamente y se quitó la mascarilla de oxígeno «Qué ha pasado?» Pensó tocando las vendas en su cabeza. Al ir a mover su brazo derecho, encontró que algo lo aprisionaba. Giró sus ojos y vio que la mujer tenía su mano entre las suyas y la cabeza apoyada en su brazo.

Una pequeña sonrisa cruzó su cara y con mucho cuidado para no despertarla, sacó su brazo de debajo de ella. Se levantó sin hacer ruido y salió después de la habitación.

Nunca había pensado que le importara tanto a la mujer como para estar toda la noche a su lado.

«Humanos…» Pensó «Siempre preocupándose demasiado…»

En ese momento, algo contradictorio a sus pensamientos le impulsó a volver sobre sus pasos. Dentro de la habitación, cogió una manta de la cama, se la echó a la mujer por los hombros y acarició su cara suavemente.

Después de esto, dejó la habitación y salió fuera, con la intención de ver amanecer. Puede que después de todo, el también se preocupara por alguien…

Al llegar fuera y ver el sol comenzar a elevarse en el cielo, intuyó que ese iba a ser un nuevo amanecer; el primer amanecer de una nueva vida.

Tras esto, se elevó a la altura del astro y los rayos dorados que de la esfera surgían se mezclaron con los cabellos rubios del Saiya, convertido en SSJ…

Don’t be Silly!

por Nyaar

Bulma acababa de terminar de recoger su laboratorio, puesto patas arriba al volverse medio loco el prototipo de robot minero que estaba fabricando, cuando fue a la cocina, dispuesta a hacer la cena. Sopló al abrir la nevera y encontrarla vacía. Aquella mañana no se había acordado de ir a comprar, liada como estaba con su trabajo, y habían gastado lo último que le quedaba en la comida.

Se encogió de hombros con resignación y se dirigió a su cuarto, dispuesta a marcharse a la compra. No quería pensar en lo que la gritaría Vegeta si encontraba la mesa vacía…

Nada más abrir la puerta de su cuarto, encima del taquillón de madera oscura, sus ojos se posaron en una foto de marco dorado que había hecho su madre hacía tres meses escasos. Estaban Yamcha y ella abrazados en el jardín de la Capsule Corp.

Anduvo lentamente hasta el mueble, cogió la foto con sus manos y se sentó en la cama; las lágrimas bajaban desde sus tristes ojos azules.

No hacía ni un mes que lo habían dejado, y aún recordaba aquellos buenos y no tan buenos momentos que habían pasado juntos.

Ahora, todo aquello que habían planeado –su vida juntos, su boda– se había roto para siempre en mil pedazos.

Con enfado, Bulma lanzó el marco contra la pared, haciéndose añicos el cristal.

Debía olvidarse de aquel hombre, Yamcha nunca había sido para ella. Bueno, quizás sí, al principio de su relación, cuando aún era un forajido del desierto. Pero todo aquello acabó al llegar juntos a la ciudad. Con aquello de jugar al béisbol y los Tenkaichi Budokai, Yamcha se había convertido en una figura pública, y las chicas le acosaban a todas horas, incluso plantándose delante de su casa esperando a que saliera. Pero si sólo hubiera sido eso, a ella no le hubiera importado. El problema era que él no sabía resistirse a las otras chicas, y aprovechaba cualquier día de los que ella tenía que quedarse trabajando por la noche para marcharse por ahí de juerga con otras mujeres. Y eso pasaba con bastante frecuencia.

No es que ella quisiera que su novio estuviera a su lado a todas horas; ella era una mujer independiente, y a veces demasiado ocupada, pero su trabajo era así, y ella no podía cambiarlo, ni a él tampoco. Quizás era por eso por lo que el hombre buscaba compañía de otras mujeres…

Pero es que además había otra razón, y es que después de todos aquellos berrinches ya no sentía lo mismo por él, y eso era una situación insostenible. Por eso una tarde, la tensión se desató y todo acabó.

Así, ahora que había terminado con Yamcha, por el bien de los dos, quizás podría encontrar a otro hombre para sustituirle, alguien a quien no le importara demasiado que tuviera una agenda laboral tan apretada que la obligara a estar algunos días sin parar por casa.

La verdad es que hacía tiempo que se fijaba en alguien totalmente independiente e inmerso en sus cosas, y tan perseverante que le recordaba a ella misma. Él había estado bastante considerado tras su discusión con su ex novio y era algo que nunca habría esperado de él. Estaba casi segura de que había sido él quien la había llevado a la cama después de que se desmayara en el baño…

Yamcha y Son Gohan la habían advertido sobre su forma de tratar a los demás, y la aconsejaron que se alejara de él lo más que pudiera.

Al principio sí que les hizo caso, porque aquel hombre se comportaba como un verdadero bastardo rebelde, pero meses más tarde descubrió que el lobo no es tan malo como lo pintan.

Además, era guapo y aunque no excesivamente alto, si que tenía un cuerpo musculoso y bien proporcionado.

En la cámara de gravedad, Vegeta luchaba contra sus propias limitaciones, llevando su resistencia al máximo con duros entrenamientos. No pararía hasta que no consiguiera ser un Super Saiyajin como Kakarot y aquel muchacho que vino del futuro para advertirles del Jinzouningen.

Era extraño pero, aquel muchacho le resultaba familiar, como si le hubiera visto antes en alguna parte…

Rugió con frustración. Aunque había sacado todo su poder, no había sido bastante para transformarle en SSJ. Debería probar a entrenarse con una gravedad más alta…

En ese momento, alguien, desde fuera, activó el telefonillo. Antes de que la persona pudiera comenzar a hablar él rugió, deteniéndose «¡Creí que había dejado suficientemente claro que no me molestaran mientras entreno!»

«Lo…lo siento… ¿Puedo pasar, Vegeta?» Dijo la mujer con voz débil

El Saiya sopló y se acercó a la máquina que controlaba todo aquello, bajando la gravedad a una atmósfera. ¿Qué la ocurriría a esa mujer? Parecía triste…

Agitó su cabeza sorprendido. ¿Desde cuándo le importaban a él los problemas de los demás, y en especial los de aquella mujer?

Al ver la luz verde, Bulma giró el cierre de seguridad, que cedió con facilidad y pasó dentro, encontrándole cerca de la máquina esperando a que ella le dijera el motivo de su visita «Tengo que ir a comprar… ¿Te importaría venir conmigo?»

Vegeta sopló fastidiado «¿Y para eso detienes mi entrenamiento? Que vaya ese Yamcha contigo, mujer, que no me sobra el tiempo para estar perdiéndolo con tonterías»

Al oír su dura respuesta, Bulma bajó la cabeza «Esta bien… siento haberte molestado. Y-ya iré yo sola» Dijo sollozando antes de abandonar corriendo la estancia

Él levantó una ceja, entre confuso y sorprendido. No entendía nada, pero como desde luego quedándose allí parado tampoco lo iba a conseguir, abandonó la cámara dispuesto a encontrar a la mujer. No le fue muy difícil detectar su presencia; en su carrera, Bulma había salido de la casa y estaba en el jardín, cerca de la puerta de entrada.

«Mujer…» La llamó acercándose al macizo de petunias en el que ella se había detenido

«Mi nombre es Bulma, ¿entiendes?» Le gritó sin darse la vuelta. Él continuó sin hacer caso a su comentario «¿Qué demonios he hecho para que te pongas así? ¿Es que es tan importante que vaya a comprar contigo?»

«Yamcha…»

Vegeta frunció más su habitual ceño sin entender a qué se refería la mujer «¿Yamcha? ¿Y qué tiene que ver él con todo esto?»

«¿Que qué tiene que ver? ¿Es que no recuerdas que corté con él y no le he vuelto a ver desde entonces, baka?»

«Pues no había caído…»

«Pues a ver si lo recuerdas para la próxima vez y no… me lo vuelvas… a nombrar…» Apenas sí pudo terminar la frase, y dándose la vuelta se abrazó a él llorando.

*¿Y qué demonios se supone que debo hacer?* Se preguntó en silencio el Saiya, que mantenía sus brazos levantados a la altura del pecho como si no supiera que hacer con ellos. Bulma había hecho algo que jamás se hubiera imaginado, y no sabía qué hacer al respecto. Es cierto que la mujer había estado deprimida durante los últimos días, incluso llegando a intentar algo de lo que se habría arrepentido en el Otro Mundo, pero jamás se hubiera podido imaginar que acabaría llorando sobre él.

Sin dejar de llorar, la mujer le resolvió el problema «Abrázame, por favor…»

Tras unos segundos de dudar si debía o no hacerlo, hizo caso a la petición de aquella mujer, rodeándola con sus brazos. En cierto modo sentía que era culpa suya lo que había ocurrido, y no era un hombre muy dado a sentir eso…

Mientras Bulma se desahogaba sobre su camiseta, Vegeta pensó que aquello que estaba haciendo no era normal, e instantáneamente recordó lo que había ocurrido aquella tarde en la que la mujer y Yamcha habían discutido tanto que incluso se les oía dentro de la cámara. Aquella tarde en la que impidió que Bulma acabara con su vida.

Lentamente, la mujer se fue calmando, aunque seguía abrazada al Saiya «Gracias…» Dijo suavemente «Siento haberte gritado. Ni que tú fueras la causa de mis problemas…» Se quedó unos momentos en silencio «Quiero pedirte algo…»

Vegeta no dijo nada, esperando pacientemente a lo que la mujer iba a decir. Bulma, comprendiendo su silencio continuó «Verás, estoy segura de que Yamcha va a volver y… Si estuvieras delante cuando eso ocurriera me sería más fácil mantener mi resolución… ¿Lo harías?» La mujer puso sus ojos azules en los suyos

El estómago del Saiya respondió por él, dejándole totalmente en evidencia «Ehh… yo… em…» Masculló avergonzado

Mientras, Bulma intentaba en vano contener la risa. Era la primera vez en mucho tiempo que se reía con tantas ganas «Será mejor que me vaya pronto a la compra…» Dijo entre risas «Espero que puedas aguantar dos horas más sin comer» La mujer se separó de él aún con una sonrisa en su cara y buscó en el bolsillo de sus vaqueros azules la cápsula del aerocoche.

Antes de que pudiera expandirlo, sintió una mano agarrando su cintura

«Vegeta, ¿qué…?» No terminó la frase, porque cuando se quiso dar cuenta estaban sobrevolando la ciudad. Rápidamente se agarró con fuerza a su cuello, temiendo que se fuera a caer, pero un poco después aflojó su garra. Estaba segura de que no la dejaría caer.

Miró cautelosamente hacia abajo; no sabía a cuanta altura podían estar volando y podría darla vértigo, pero Vegeta no iba muy deprisa.

Observó debajo de ella las calles de la ciudad repletas de coches y gente, incluso los aerocoches volaban por debajo de ellos. Desde luego, era una forma de viajar sin tráfico… y más interesante que volar en avión. Alguna vez Yamcha la había llevado de esta forma, pero siempre porque habían tenido que ir a sitios a los que no podían llevar el aerocoche. Aquel día, ni siquiera sabía a dónde se dirigían.

Así, pensó que iba siendo hora de poner remedio a eso y dejó de mirar al suelo para contemplarle con ojos interrogantes, a lo que él respondió «¿No íbamos a comprar?»

Bulma sonrió a su respuesta. De nuevo aquel bastardo indomable se amansaba para hacerla feliz. Pensó que debía aprovechar bien aquellos momentos en los que estaba tan tratable, porque eran realmente extraños.

Unos minutos de vuelo más tarde, aterrizaron en el centro comercial más grande de toda la ciudad, causando miradas de extrañeza entre los compradores que allí se encontraban.

Realmente el centro comercial era un infierno, pensó Vegeta. Él, que estaba acostumbrado a estar en lugares sin mucha gente, aquellas multitudes le sacaban de quicio. Pero ya que lo había empezado no podía echarse atrás

Después de dos horas de subir y bajar escaleras mecánicas, de aguantar colas larguísimas y de aguantar empujones y codazos a diestro y siniestro consiguieron acabar todas las compras.

Al salir del edificio, ambos estaban rodeados de cajas y bolsas de todos los tamaños, formas y colores. El Saiya miró todo aquello que había en el suelo, y luego a la mujer, que parecía buscar a alguien

«¿Cómo demonios se supone que llevas todo esto? Porque tú sola no podrás…»

«No, desde luego que no lo llevo yo. Para eso ya están ellos» Dijo la mujer señalando un trailer que acababa de aparcar a su lado «No olvides que soy una mujer importante, y es bueno para la imagen del centro comercial que yo venga aquí a comprar. Esto es lo que llaman *atención al cliente*» Terminó muy orgullosa observando a los muchachos cargar el camión. Cuando se marcharon, Bulma le preguntó «¿Nos vamos?» y él se encogió de hombros y la agarró por la cintura.

Era casi de noche cuando abandonaron los comercios y las luces de la ciudad ya se empezaban a dejar ver. Como Vegeta iba algo más deprisa que al principio, Bulma veía bajo ella aquellas luces como flashes bajo ellos, al igual que la gente que aún paseaba eran pequeños puntitos de colores.

De repente la mujer se dio cuenta de que había dejado de ver los neones de las calles y fue entonces cuando observó que hacía rato que habían dejado la ciudad «Creo que te has equivocado, mi casa está hacia el otro lado…»

Él no dijo nada a su comentario, pero aumentó la velocidad, por lo que la mujer se agarró más fuerte de nuevo temiendo que se pudiera caer. Pasaron unos minutos, y el paisaje volvió a cambiar bajo ellos. Esta vez estaban atravesando el océano.

«Allí» Fue la escueta respuesta a la pregunta que había formulado Bulma varios minutos atrás

*¿Allí? Pero si es una isla… mejor dicho, es una montaña en medio del mar… ¿Qué habrá?* Pensó la mujer mientras se agarraba de otra manera, ya que sus brazos se estaban cansando de aquella tensión.

Le miró, tratando de adivinar qué es lo que pretendía llevándola a ese sitio en medio de ninguna parte, pero pronto sus pensamientos se desviaron. Realmente él tenía un cuerpo de impresión, fuerte, musculoso. Siempre se había maravillado de lo bien que le quedaban aquellas camisetas de tirantes que se ponía para entrenar, justo como la que llevaba en ese momento. Su pelo negro ondeaba por el viento, dándole un aspecto realmente imponente, y cuando soltó una de sus manos de su cuello y la puso sobre la que él tenía en su cintura sintió su calor, casi como fuego.

Vegeta desvió ligeramente los ojos de su destino al sentir la mano de la mujer, y fue entonces cuando comprobó que le estaba observando, lo que le hizo sonreír un poco. Le resultaba graciosa la forma en que le miraba, como si nunca le hubiese visto antes… Claro que, tampoco la podía reprochar nada, ya que él también la había estado mirando mientras compraba, aunque ella no se había dado cuenta, faltaría más.

Recordaba un día en que se marchó a entrenar fuera, al bosque. Antes de llegar allí tenía que atravesar toda la ciudad de arriba a abajo, y movido por la curiosidad había bajado a ver si realmente todas las mujeres de Chikyuu se pasaban la vida gritando de esa forma o si sólo era cosa de Bulma.

Después de observar a unas cuantas, llegó a la conclusión de que no era sólo ella la que gritaba sin parar hasta dejar sordo a todo el mundo –eso parecía bastante común entre las mujeres–, pero que lo hacía de una forma especial… Además, ella llevaba como nadie esas camisetas ajustadas… Incluso aquel mono azul que utilizaba para trabajar la quedaba bien…

«Ya hemos llegado…» El Saiya frenó bruscamente, quedándose flotando a un lado de la montaña y haciendo que la mujer cerrara los ojos en acto reflejo.

Cuando la mujer abrió los ojos pensaba en gritarle ligeramente que se detuviera más despacio la próxima vez, pero antes de poder decir nada, enmudeció.

Frente a ellos, el sol se escondía tras el horizonte de agua, trasladando su color dorado al plateado de las aguas. El cielo alrededor del sol formaba una aureola coronada con pequeñas nubes anaranjadas por el reflejo de la luz, mientras algunas aves marinas graznaban y se lanzaban al agua a pescar. Una suave brisa llegaba hasta ellos y los envolvía con el olor salado del mar.

Bulma contemplaba todo aquello extasiada, sin palabras para describir aquello tan lindo que estaba observando. Jamás hubiera imaginado un espectáculo así, con las pequeñas olas rompiendo en la base escarpada de la montaña, y las gaviotas volando a su alrededor, y jamás hubiera pensado que él, especialmente él, la llevaría a verlo.

Apretando la mano que aún tenía sobre la de él, le dijo muy bajo, casi en un susurro «Es precioso… Gracias por enseñármelo…»

Vegeta flotó hasta un saliente de la montaña y se posó allí. Aunque ya estaban sobre tierra firme, Bulma seguía agarrada a él.

Levantó lentamente la mano que tenía libre y alcanzó su suave melena morada, apartándola de su cara. Ella se volvió a mirarle y en ese instante la besó suave y dulcemente, sin motivo alguno, sólo por deseo.

Después de unos momentos la alejó ligeramente de él, esperando sentir el débil golpe que la mujer le iba a dar por su atrevimiento, pero nada sucedió, ella sólo se ruborizó como una chiquilla a quien la dan su primer beso.

En todo el tiempo que había salido con él, Yamcha nunca la había besado de aquella manera tan… especial. Sus besos nada podían contra aquél que acababa de recibir de un hombre que apenas sí conocía, pero que ardía en deseos de conocer.

Los dos se miraron durante unos instantes, sin saber qué decir, sólo contemplando los ojos del otro hasta que Bulma desvió su vista al cielo y comentó que el sol ya se había ocultado. «Deberíamos irnos a casa…»

Vegeta asintió ligeramente y ya la había agarrado de la cintura cuando Bulma le detuvo «¿No podrías llevarme de otra manera…?»

Él volvió a asentir, subiendo la mano que tenía en sus caderas por su espalda, justo por su columna, haciéndola sentir un escalofrío de placer. La cogió por debajo de los hombros, y la levantó con un pequeño impulso para luego poner su otra mano bajo sus piernas.

Ella colocó sus brazos alrededor de su cuello y apoyó la cabeza en su pecho, que se movía al ritmo de su respiración.

Despegaron lentamente del risco de la montaña, volando bajo la luz de las muchas estrellas que se veían en una noche sin luna. Mientras volaban, Bulma podía tocar sus poderosos pectorales a través de las aberturas de su camiseta y podía sentir su respiración acelerarse ligeramente mientras que con su otra mano acariciaba su espalda.

«Por favor, ¿podrías ir un poquito más despacio? Desde aquí se ven tan bonitas las estrellas…»

El Saiya no contestó, pero redujo la velocidad sensiblemente y la mujer se lo agradeció con una nueva caricia dentro de su camiseta. Bajo su mano, Bulma sintió sus músculos tensarse, como si le doliera. Levantó sus ojos, interrogativa, a lo que él sólo dijo «entrenamiento», pero la bastó para entender. No la extrañaba nada que se hubiera hecho daño, lo raro era que todavía no le hubiera ocurrido algo realmente malo debido a las burradas que hacía en esa cámara.

Podría decirle algo al respecto, pero sabía de sobra que iba a ser como intentar que entrara en razón una pared, y además, no quería estropear aquellos momentos tan especiales, por lo que decidió mantener su boca cerrada y acariciarle suavemente y con cuidado para evitar empeorar las cosas «Mejor, mmh?»

Vegeta cerró los ojos y dejó que su cuerpo se relajara bajo sus suaves manos mientras seguían viajando por el cielo estrellado.

«Mira que estrella tan bonita…»

Abrió los ojos y se fijó en la estrella que Bulma le señalaba «Es… Betelgeuse, del cazador Orión…»

«¿De veras?» Preguntó ella sin dejar de mirar la estrella, que emitía destellos rojizos «No sabía que te gustara la astronomía…»

«Para viajar por el espacio hay que saber reconocer las constelaciones»

«Sí, claro, tiene sentido…»

En todo el tiempo que tardaron en cubrir la distancia que les separaba de la Capsule Corp, Bulma iba señalándole constelaciones que él iba nombrando. Si no recordaba el nombre que le daban en Chikyuu se lo decía en Saiya, lo que maravillaba a la mujer, que nunca antes había escuchado ese idioma.

Una vez llegaron a su destino, Vegeta descendió hasta sentir el suelo bajo sus pies. Entonces bajó a Bulma lentamente, quien corrió dos dedos por su cara mientras le agradecía de nuevo todo aquello que la había enseñado aquella tarde «Me voy a hacer la cena, en cuanto acabe te aviso. ¡Ah! Y luego, cuando terminemos me comentas si te duele en algún otro sitio y yo intentaré ponerle remedio, ¿mmmh?» Le dijo picarona guiñándole un ojo mientras andaba hacia la casa.

El Saiya se permitió una pequeña sonrisa irónica mientras andaba hacia la puerta exterior de la cámara de gravedad. Si alguien le hubiera dicho que iba a acabar así con una mujer lo hubiera matado por decir tantas tonterías.

Como Bulma iba a tardar un rato en tener la cena preparada, él aprovecharía para continuar lo que había dejado a medias al irse a comprar.

Un rato después, cuando Bulma ya había colocado todo lo que el servicio del centro comercial le había dejado en casa y estaba haciendo la cena, llamaron a la puerta. Se limpió las manos en un trapo de cocina y anduvo hasta la puerta, intentando adivinar quién podía ser que el ordenador principal de la casa lo reconocía como amigo.

Al abrir realmente encontró a un viejo conocido «Hola Bulma, perdona que venga tan tarde pero me gustaría hablar contigo…» Dijo Yamcha un poco nervioso.

La mujer, al verle al que había sido su novio durante tanto tiempo recordó lo que había estado hablando con Vegeta unas horas antes, y durante unos segundos pasó por su imaginación la idea de llamarle para que estuviera con ella, pero al momento la desechó. Debía hacerlo sola, aunque no tenía ni idea de cómo iba a decirle que no iba volver con él. Y además estaba lo de aquella tarde…

Bulma suspiró y accedió a lo que el muchacho le pedía, comenzando a andar por el jardín de la C. Corp que ambos cuidaban al menos tres veces por semana. Se detuvieron en un banco al lado de una pequeña fuente en cascada, iluminada por un farolillo.

«Bulma, quiero que vuelvas conmigo… –comenzó Yamcha– Ya sé que estuvo mal que me fuera de juerga mientras tú trabajabas, pero eso se acabó. Te lo juro –paró un momento para tragar saliva– No sabes lo solo que me he sentido durante este mes. Yo no quiero a esas chicas… Pero me aburría estando tantas noches en casa, ya sabes cómo soy… Quería estar contigo, pero tú siempre trabajabas… He pensado que podría venir por las noches a ayudarte, al menos así estaríamos juntos… –su voz temblaba, al igual que sus manos– Sólo quiero otra oportunidad…» Bajo la luz del farolillo, Bulma vio lágrimas de pesar en la cara del hombre

En la cámara, Vegeta intentaba por todos los medios que uno de sus ejercicios le saliera bien. Incluso había rebajado un poco la gravedad para que le resultara más fácil, pero ni aún así lo conseguía.

Se paró en mitad de la habitación, respirando rápidamente «No hay manera, no estoy suficientemente concentrado… ¡Cht! ¿En qué demonios estaré pens…?»

Se calló de repente al posarse sus ojos en dos siluetas del jardín. Aunque estaban lejos de la cámara, su vista de Saiya le permitía distinguirles con toda claridad. Abrió la boca sorprendido cuando vio a la mujer tomar a Yamcha de las manos

«Yamcha, por favor, no llores…» Le suplicó

«Sólo una oportunidad, por favor!» Gimió él, sus ojos oscuros tristes como ella nunca los había visto

«Oh, Yamcha, yo…» Susurró la mujer abrazándole

El Saiya apretó los dientes y se apartó de la ventana, no queriendo ver más. Ese maldito bastardo… ¿Cómo se atrevía a abrazarla? ¡Si ella le había dicho esa misma tarde que no quería volver con él! ¿Entonces por qué le dejaba que lo hiciera? Le habían tomado el pelo a base de bien, y él era tonto por no haberse dado cuenta.

Se acercó al aparato que controlaba la sala y aumentó la gravedad a 360 atmósferas, pensando furioso si podría salir por la puerta de la cámara sin tener que agacharse para no darse con los cuernos en el marco.

*De todas formas –pensó con rabia lanzándose a atacar a su enemigo invisible al máximo de su resistencia– me está bien empleado por confiar en una mujer… ¡Idiota!*

Mientras realizaba una complicada llave suspendido en el aire, su concentración se rompió debido a un intenso dolor en el lado derecho de su abdomen, cerca de las costillas.

Cayó al suelo jadeando por el dolor y con los dientes apretados «Maldita sea!» Gritó con rabia golpeando el suelo con su puño, con tanta fuerza que llegó incluso a romper varias baldosas

Tras estar un rato abrazados, Bulma se separó de Yamcha «Lo siento, no puede ser…»

«Pero Bulma, por favor! Qué más quieres que te prometa?»

«Nada, Yamcha, no quiero que me prometas nada, pero hay dos razones por las que no puede ser. Una de ella ya la conoces, y es que sé que no serías feliz si hicieras todo eso que me dices» Bulma se calló, no sabía cómo continuar

«¿Y la otra? ¿Qué es lo que ocurre?»

«Verás, es que yo… hay otro hombre…» Dijo girando su cabeza hacia la cámara. Yamcha al principio no lo entendió bien, pero cuando se dio cuenta de a quién se refería se levantó de la sorpresa «No…no será… Pero Bulma! Ese bastardo no se merece a una mujer como tú! No podrá hacerte feliz!»

«Tú no le conoces, Yamcha, él…»

«¡Oh, claro que le conozco! No sé si recuerdas que nos mató a Tien, Chaoz, Piccolo y a mí. ¡¡Bulma, el maldito bastardo hubiera destruido Chikyuu de no ser por Gokuh!!» Casi gritó bastante agitado

«¡Cállate Yamcha!» Dijo la mujer en su mismo tono poniéndose de pie también «¡Me da igual lo que pienses de él, le quiero y si no te calmas ahora mismo le llamaré para que te eche de mi casa!»

Ambos se miraron durante unos instantes; un tenso silencio se abría entre los dos

«Perdona, me pillaste por sorpresa… No debería haber dicho eso sobre él. Después de todo es tu elección, por mucho que me duela» Dijo Yamcha cruzándose de brazos, ya más calmado «Bulma, ¿de veras le habrías llamado para echarme de aquí? Más que nada porque no le caigo demasiado bien… Ese desg-eh, hombre sería capaz de matarme aquí mismo…»

«Bueno, a ti tampoco te cae excesivamente bien… pero no, más que nada porque te podría hacer daño… Te aprecio, Yamcha, en serio y quiero lo mejor para ti…»

«Sí, ya sé. Bueno, al menos confío que de vez en cuando salgas conmigo a bailar. En plan de amigos, ya sabes…»

«Claro… cuando quieras»

«Bien, pues… me voy. No tengo nada más que hacer aquí» El hombre se dio la vuelta para marcharse y dio unos pasos antes de volverse a mirarla «Pero te juro que como te haga algo, yo…» Empezó a amenazar

«¡Yamcha!» Le llamó, poniendo las manos en sus caderas

«Vale, vale, ya me callo… Adiós» Con esto el luchador se despidió de la mujer a la que aún quería y se marchó del edificio

Bulma entró en su casa y se quedó apoyada en la puerta cerrada, donde suspiró. Realmente la había sido difícil decirle aquello, pero estaba orgullosa de sí misma por haberlo hecho sin ayuda. Después de todo, ella había buscado las Dragonball por todo el mundo, incluso se había embarcado en una aventura espacial… Pero, para qué engañarse? Esto la había parecido una prueba bastante más dura…

Agitó la cabeza para deshacerse de todos aquellos pensamientos y se marchó de nuevo a la cocina, a terminar la cena. La verdad es que no le quedaba mucho por hacer, sólo un par de platos más y todo estaría listo.

Así, cuando cerca de 10 minutos más tarde lo tuvo todo a punto, incluso la mesa preparada en la cocina –para qué iban a usar las del comedor, estando los dos solos–, anduvo por los pasillos hasta la puerta doblemente blindada de una aleación especial que daba a la cámara por el interior de la casa.

Cuando iba a activar el telefonillo se dio cuenta de que el aparato que controlaba la gravedad no estaba activo, ya que el piloto tenía color verde.

Giró el cierre de seguridad, que era como el que se usaba para ajustar las escotillas de los submarinos, y la puerta se abrió con facilidad, justo en el momento en el que Vegeta lanzaba una patada al aire. Bulma abrió la boca al ver que la mano izquierda del Saiya descansaba en su costado derecho. Al verla él detuvo inmediatamente su ejercicio

«¿Te sigue doliendo? Déjame que te vea…» Dijo la mujer preocupada andando hacia él

El hombre apretó los dientes y la dio bruscamente la espalda, andando hasta su camiseta, tirada de cualquier forma en un rincón. La cogió y pasó al lado de la mujer sin decirla nada, sus ojos negros lanzando una fría mirada.

Bulma se dio la vuelta y vio como se marchaba por donde ella había venido sin decirla nada. No entendía nada de lo que estaba pasando. ¿Por qué se había comportado así con ella? No encontraba ninguna explicación para aquello, pero decidió que debía averiguarlo. Así, anduvo hasta fuera y cerró la puerta, encaminándose hacia la cocina.

Cuando llegó allí comprobó que Vegeta se había sentado a la mesa y que había comenzado a comer sin esperarla, cosa que no solía hacer y que no hacía más que acrecentar sus sospechas de que algo le ocurría.

Se sentó ella también, y comenzó a cenar sin perderle de vista. Ni siquiera sabía si estaba enfadado con ella, ya que cuando realmente lo estaba no se callaba una y comenzaba a gritarla, pero el caso es que si no era así no tenía motivos para actuar de esa manera.

Comenzó a comerse el postre, y cuando iba por la mitad de la manzana vio como el Saiya se levantaba de la mesa y se marchaba escaleras arriba. Esto ya fue lo último, no había acabado con todos los platos!

*Cuando el pájaro no canta, algo tiene en la garganta* Pensó Bulma terminándose la manzana *Veamos por qué no canta éste*

Dejando la mesa sin recoger, subió las escaleras y anduvo hasta su cuarto, descubriendo la puerta cerrada. Bulma llamó suavemente «Vegeta, ¿puedo pasar?»

«Déjame en paz, mujer!» La dijo con enfado desde dentro

«Vamos, ¿Qué te ocurre? –dijo la mujer abriendo la puerta y entrando en la habitación– ¿Estás enfadado por algo?»

Él estaba sentado en la cama, su camiseta tirada de mala manera sobre una silla. Bulma no recibió respuesta a sus preguntas, así que optó por no preguntar lo obvio «Así que es por mí… ¿Por qué? ¿Qué es lo que…?»

Sin dejarla terminar, y rugiendo un «Márchate!», Vegeta lanzó un puñetazo a la pared, dejando su puño incrustado a escasos centímetros de la cara de la mujer. Ella abrió la boca totalmente aterrada y agarró en autodefensa lo primero que tocaron sus manos –una silla– y se la rompió en las costillas, dejándole casi sin respiración. Gimió de dolor ante el inesperado ataque de Bulma y se dobló sobre sí mismo, apoyando una rodilla en el suelo y apretando su mano donde ella había hecho añicos la silla.

Bulma dejó caer los trozos de silla que aún conservaba sobre la ropa que había echado al suelo en su ataque y se tapó la boca con las manos, horrorizada con lo que había hecho. Nunca antes había golpeado a nadie de esa manera, y menos a alguien que la importara, pero se asustó tanto que no supo lo que hacía hasta que fue tarde.

Le observó durante unos instantes y comprendió que no podía hacerla nada, por lo que se agachó a su lado. Respiraba deprisa y apretaba los dientes con fuerza.

Bulma se dio cuenta de una cosa, y es que no podía haberle hecho tanto daño al darle con una silla, pero en ese momento recordó que le había visto media hora atrás entrenando sin gravedad y con una mano ligeramente más abajo de donde le acababa de golpear!

«Lo…lo siento… yo…» Le dijo en voz baja pasando un brazo por encima de sus hombros «¿Te duele mucho?»

Él agitó la cabeza «No… Además, me lo merezco por imbécil» Contestó incorporándose con ayuda de la mujer y sentándose en la cama.

Ella se sentó a su lado, aún sintiéndose culpable por haberle golpeado y le preguntó suavemente «¿Ahora me contarás por qué estás enfadado?»

«Si con eso voy a evitar que me rompas otra silla encima, tenlo por seguro…» Murmuró más para sí que para ella mientras miraba al suelo

Bulma tragó saliva «Lo siento, de veras que no quería golpearte ahí… Pero qué demonios, si tú no hubieras empezado…»

«Da lo mismo, lo hecho, hecho está»

«Vale, si tú lo dices… ¡Pero ahora cuéntame lo que te pasa! Mira que aún hay más muebles en esta habitación…» Le amenazó en broma

El Saiya suspiró. Y él que pensaba que quizás la acabaría desviando de ese tema… «Mientras entrenaba lo vi todo…»

«¿Todo el qué?» Preguntó la mujer sin entender

«¿Qué te crees, que estoy ciego? Estabais en el jardín, junto a la fuente…»

La mujer le miró extrañada, pensando si había estado en el jardín hace poco con alguien, y qué es lo que había hecho allí que le pudiera haber molestado. Unos momentos después se hizo la luz en todo aquello y Bulma comenzó a reírse a carcajada limpia

Vegeta frunció el ceño «¿Qué es tan condenadamente gracioso? Más que nada, para ver si me río yo también…»

«¿Y por eso estabas enfadado?» Le preguntó sin dejar de reírse. Al ver que realmente a él no le hacía ninguna gracia, se calmó un poco y empezó a contar «Yamcha vino a pedirme que volviera con él, y como le dije que no, se puso muy triste y le abracé, eso es todo»

«¿Seguro?»

«¡Oh, vamos, no seas tonto! ¿Para qué iba yo a querer volver con él, que no me da sino disgustos, si ahora… te tengo a ti? No estarías celoso de Yamcha, ¿verdad?»

«¿Celoso yo? ¿De ese inútil? ¿Por quién me has tomado, mujer?» La contestó fastidiado cruzándose de brazos. Sin darse cuenta se tocó en el golpe, lo que le hizo gemir y apretar los dientes

«Anda, túmbate y déjame ver qué es lo que te he hecho…» Le dijo empujándole suavemente hacia atrás, a lo que él no opuso resistencia.

Bulma se medio tumbó también y comenzó a tocarle suavemente para no hacerle daño. De repente sintió una mano jugueteando en su pelo y se giró para ver qué es lo que quería. Entonces su mano la atrajo hacia él y ella sintió el segundo beso que la daba aquella noche…

Just… Death

por Nyaar

Era una preciosa mañana de Primavera. Los árboles a mi alrededor estaban repletos de flores, los pajarillos cantaban.

No tenía ni idea de lo que me iba a ocurrir.

Había ido a buscar a Krilin a su casa, ya que pensé que podríamos entrenar juntos. Aunque él no era tan fuerte como yo, eso no importaba. Además, tampoco tenía a nadie más con quien hacerlo. La lucha había dejado de ser el fuerte de Yamcha y Tensinhan no sabía dónde estaba. Gohan supuestamente había ido a entrenar a las montañas con su sensei Piccolo, y Vegeta… bueno, no sé si estaba en casa, pero estaba seguro de que no querría practicar conmigo. Al menos, no hasta que hubiera logrado ser un SSJ como yo.

La Primavera iba apareciendo bajo mí de múltiples maneras, incluso cuando comencé a cruzar el mar, me di cuenta de que éste estaba algo cambiado por el tiempo.

Cuando llegué a la Kame House, me extrañé de no ver a Lange por allí. Más tarde, Krilin me explicaría que se marchó siguiendo a Tensinhan, del que se había enamorado. Mutenroshi-sama me ofreció quedarme allí un tiempo, pero de antemano él ya conocía la respuesta. Le sonreí y Krilin y yo nos marchamos al bosque.

Al empezar a luchar, me di cuenta de que mi amigo estaba poniendo todo su empeño en ello. Quería darme una buena lucha. Sonreí a su gesto y me empleé a fondo también, pero sin llegar a SSJ. Krilin siempre me había dicho que quería que luchara contra él usando todo lo que sabía.

Comenzamos a descargar golpes el uno contra el otro. Para mi sorpresa, Krilin había mejorado mucho en el año que estuve viajando por el espacio. Era capaz de parar muchos de mis golpes cuando no los conseguía esquivar. Aun siendo tan diestro, le cogí desprevenido con una patada sobre los riñones que le hizo volar unos cuantos metros hacia atrás. Esperé hasta que se levantara, pero eso fue un error por mi parte porque, en un segundo, le había perdido de vista.

Miré por todas partes, intentando sentirle, pero se movía demasiado rápido. Mis sentidos parecían embotados, como si no pudieran seguir el ritmo de mi mente y me di cuenta de que a mi cuerpo le ocurría algo similar.

De repente, Krilin apareció delante de mí y me golpeó en el estómago, cogiéndome totalmente desprevenido. Me doblé a causa del impacto, pero rápidamente me rehice e intenté golpearle. Demasiado lento.

Krilin se rió entre dientes por mi torpeza y me golpeó en la mandíbula, lanzándome hacia el suelo.

Me levanté, intentando ignorar el zumbido en mis oídos y sacudí la cabeza, esperando que mi visión se aclarase, algo que no sucedió. De repente, me di cuenta de que estaba jadeando.

No tenía ningún sentido. Sólo habíamos intercambiado un par de golpes y me sentía más cansado que en toda mi vida. Aquel zumbido persistía en mi cabeza, al igual que mi visión borrosa.

Krilin se rió de nuevo ¿Qué, ya te has cansado?

Apreté los dientes con su comentario y me lancé contra él, con la intención de pillarle desprevenido.

Y entonces te golpea. Fuerte, en el pecho. Caes de rodillas al suelo, mientras escuchas la voz de tu amigo a tu lado, gritando tu nombre.

Intentas responderle, pero duele mucho para hablar. Colocas una mano en el lado izquierdo de tu pecho, sobre tu corazón, creyendo que con eso vas a aminorar el dolor. Error.

Un grito de agonía sale de tu garganta. De repente, tus rodillas no pueden sostenerte y caes al suelo. Duele demasiado para pensar qué es lo que te ocurre, porqué tu cuerpo se rebela contra ti de esa manera.

Krilin te zarandea, intentando que le expliques qué es lo que te ocurre y gimes como contestación a sus preguntas.

Como tu amigo ve que te retuerces en el suelo de agonía, te coloca sobre su hombro y despega velozmente. Allí a donde vaya, espera encontrar una solución a tus problemas.

Casi ni te das cuenta de que habéis llegado, cuando una sombra se coloca sobre ti. Reúnes fuerzas y consigues abrir un ojo y descubres a un gato blanco observándote.

Gritas de nuevo, el dolor recorre tu cuerpo como si hiciera una carrera.

Alguien te introduce algo en la boca, y escuchas algo que te sonó como a «cómetela». Sin pararte a pensar en porqué lo haces, masticas aquello que han metido en tu boca, pero nada sucede.

Escuchas entre tus gritos los gritos angustiados de tu amigo y sientes cómo te levantan de nuevo.

Krilin te coloca sobre su hombro y despega de nuevo. Antes de quedar semi-inconsciente sobre su hombro le escuchas gritar con rabia y dolor ¡¡¡¡NO ES JUSTO!!!! ¡¡¡¿¿POR QUÉ A ÉL??!!!

***

Cuando despiertas, sientes que hay debajo de ti algo blando y suave. De nuevo, haciendo acopio de tus mermadas fuerzas, entreabres los ojos y te descubres en tu casa. Una mujer morena se abraza a ti llorando. Al principio te preguntas quién será, pero tu silenciosa pregunta es respondida por un susurro tuyo Chichi…

Entrevés a Krilin en el fondo de la habitación hablando por teléfono antes de que tu mujer coloque sus ojos frente a los tuyos Gokuh… Te responde con tu mismo tono ¡¡Oh, Gokuh!! Dijo antes de deshacerse en lágrimas sobre ti ¿Por qué me abandonas de nuevo? Apenas podía hablar por culpa de sus sollozos.

***

Una nave aterriza al lado de tu casa y una mujer de pelo azul y un hombre con cicatrices en la cara bajan de ella. Los dos corren a introducirse en tu casa.

Más lejos, tres personas sienten que algo va mal y cuando descubren la razón de la extraña sensación, despegan rápidamente rumbo a tu casa.

***

Algo en tu embotada mente parece estar suficientemente lúcida para decir algo congruente Te quiero… Chichi…

No puedes decir nada más. De nuevo el dolor te agarrota las entrañas. Entre tus gritos escuchas dos voces familiares, pero tu mente está demasiado ocupada divagando entre los mares del dolor y la inconsciencia para pensar quién ha llegado.

Fuera, un hombre que lleva una armadura y otro que tiene la piel verde, acaban de llegar.

De repente, todas las voces se silencian, y entonces aparece una distinta. Una que hacía muchos años que no escuchabas Gokuh… levántate…

Abres los ojos, incrédulo. De repente, te encuentras bien. Te incorporas para ver quién te había hablado y tus ojos se agrandan con sorpresa ¡¡Ojiisan!!

¿Qué haces aquí?

El anciano no dice nada, pero le tiende una mano a su nieto. Te levantas de la cama y le das la tuya.

Al instante, cambiáis de dimensión. Te sientes extraño en aquel lugar. No sabes por qué, pero hay algo que te carcome. Algo que no estás acostumbrado a sentir. Miedo. Miedo porque no sabes qué es lo que te estaba pasando. Miedo porque de repente, no sabes a dónde se ha marchado Chichi. Y miedo porque sientes que no la volverás a ver. Al fondo de aquél sitio, descubres algo que te hace abrir la boca con asombro. Allí se encuentra un corazón. TU corazón. Y cada vez late más lentamente.

Entonces te das cuenta de que son los últimos minutos de tu vida. Minutos que jamás volverás a recuperar. Momentos que sólo perdurarán en tu memoria. Sensaciones que serán olvidadas tras el paso del tiempo. Y vuelves a sentir miedo. Pero esta vez, lo que te asusta es una figura encapuchada que está muy cerca de ti.

Como un niño, te escondes tras tu abuelo. Aquella figura encapuchada te asusta. Has visto la Muerte muchas veces, pero nunca las visto así. Es imponente; su largo vestido arrastra por el suelo y su capucha, negra como el carbón, la oculta los ojos.

Quizás esa Muerte no es igual a las otras. La vez anterior, nadie se había presentado para llevarte a cualquiera que fuera aquel extraño lugar. Sólo habías tenido la sensación de alejarte cada vez más de donde estabas, perdiendo la consciencia de todo. Pero esa no era la sensación que ahora te embargaba. En ese instante podías sentir todo a la perfección. Incluso podrías reconocer el lugar entre miles.

Abres la boca cuando tu abuelo te indica la figura encapuchada delante de ti. Le miras, intentando que cambie de opinión, pero el anciano entorna los ojos y asiente lentamente.

¿Y qué hay de Chichi? ¿Y de Gohan? ¡¡No puedo abandonarles así!! Quieres gritarle, pero de nuevo, tu cuerpo se niega a colaborar. ¿Qué iba a ser de los dos? No quieres que tu hijo crezca sin su padre. Tienes aún muchas cosas que enseñarle, y muchas cosas que hacer con Chichi.

De repente escuchas una voz de mujer en tu cabeza, suave y melodiosa No puedes retrasar lo inevitable. Tu destino y el suyo están escritos ya. No hay vuelta atrás

La Muerte te tiende su blanca mano de mujer y, sin poderlo evitar, tú la recoges con la tuya. Y entonces tu corazón se detiene.

Fuera, un muchacho llega corriendo desde el horizonte y llega a la casa. Aún estás a tiempo, le dice Krilin al chico. Gohan entra corriendo a su casa, pero antes de que pueda acercase a su yaciente padre, la muerte le detiene en seco. Sus ojos se agrandan y abre la boca. Era demasiado tarde…

What is that you are feeling at this moment?What is this strong pain in your heart?

It is the one which arrive to all us

It is only the death

What is these that hurt our friends souls,

And leave our lovers all alone?

It is those that takes all us

It is always the death

And who is that white, cold woman?

Who is that wears black clothes?

She is the one who gives us her hand

She is just… Death

La Navidad de Vegeta

Fiestas navideñas… eran realmente insoportables para Vegeta. Había buscado por todas partes, pero no había forma de ocultarse. No importaba donde fuera, el ruido del cántico de villancicos, los estúpidos árboles con esos ridículos adornos, la repugnante figura del mequetrefe regordete vestido de rojo, y toda la gente con cara de idiotamente felices estaban por todas partes.

Era época de navidad, obviamente, y hacía ya bastante tiempo que Vegeta se había casado con Bulma. Ya habían pasado tres años desde que Goku muriera salvando a la Tierra del maligno Cell. Vegeta esperaba que su rol de padre no fuera tan terrible, pero vivir con los humanos en esta temporada de paz y amor era demasiado para él. Tal vez en la cámara de gravedad podría entrenar en calma hasta el día siguiente, cuando la Navidad hubiera pasado, de modo que se dirigió hacia ella.

Logró llegar antes de volverse loco con los villancicos, pero su sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que incluso su sala de entrenamiento estaba cubierta de adornos. Bulma había ordenado a sus robots que decoraran toda la casa, y lo habían hecho en serio. Eso fue demasiado. La sala de gravedad era para él un lugar sagrado, y nadie tenía el derecho de «ensuciarla» con ridículos adornos navideños. En el tope de la máquina estaba una figura de ese maldito viejo del traje rojo. Fue entonces cuando en la mente de Vegeta surgió la idea: si eliminaba a ese apestoso gordo, no habrían más navidades.

Inmediatamente se dirigió a toda velocidad hacia el Polo Norte, donde se decía que habitaba el viejo ése. Buscó por todas partes, pero no vio nada. Entonces, sintió unas presencias muy pequeñas cerca de allí, pero no podía verlas. Se acercó un poco más, y de pronto apareció ante sus ojos una gigantesca fábrica de juguetes. ¡Había encontrado el refugio de Santa Claus, oculto bajo una ilusión!

Zona de destrucción, en eso pensaba convertir este lugar. Derrumbó una pared, y se encontró con cientos de pequeños duendecillos que lo miraban asombrados. Vegeta interrogó a los duendes acerca del paradero de Santa Claus, y ante su silencio, desintegró a unos cuantos. Finalmente, uno de ellos le dijo que Santa ya había salido a entregar los regalos. Vegeta había perdido mucho tiempo buscando el lugar, ¡y para nada! Su víctima no estaba allí. Furioso, destrozó todo el lugar, y donde antes se erigía un inmenso castillo dedicado a la creación de todo tipo de obsequios, solamente quedaron ruinas y destrucción.

No tenía idea de dónde comenzar a buscar. «¿Dónde estará ese viejo maldito?», se preguntó Vegeta. Recorrió todo el mundo buscándolo, viendo varias veces a lo lejos el destello del trineo de renos, pero nunca pudo llegar a tiempo, Santa Claus era muy rápido. Lo persiguió por todo el planeta, hasta que finalmente encontró su trineo sobre el tejado de una gran casa. Emocionado, Vegeta se preparó para destruir el trineo, pero pensó que sería mejor hacer que ese viejo idiota estuviera presente en ese momento, para que viera esfumarse lo último que le quedaba antes de morir.

Ahorcarlo, descuartizarlo, desintegrarlo… eran algunos de los pensamientos de Vegeta. Queriendo atraparlo por sorpresa, entró a la casa por una ventana que estaba abierta, y ahí lo vio… ese viejo sinvergüenza estaba comiendo las galletas que esa familia le había dejado. Pero no las disfrutaría mucho tiempo más… Velozmente, agarró a Santa Claus por el cuello, obligándolo a soltar la bolsa con juguetes para los niños. Con tal de hacerlo sufrir un poco más, destrozó unos cuantos obsequios, aplastándolos con el pie.

Vegeta tomó uno de los regalos y lo abrió. «Es un ridículo muñeco», pensó, pero al verlo más de cerca, notó que se parecía sospechosamente a él. Viéndolo más detenidamente, se dio cuenta que era efectivamente un muñeco de Dragonball, el suyo. Curioso, leyó en la tarjeta a quién estaba destinado. Era para su pequeño hijo Trunks. De no haber sido por su orgullo de príncipe de los saiyajins, allí mismo habría soltado unas lágrimas.

Incapaz de moverse por la sorpresa, tardó un poco en darse la vuelta al oír un pequeño llanto. Una niña estaba llorando al ver los juguetes destrozados. Vegeta se imaginó la decepción de su pequeño hijo al no recibir regalos de Navidad. En parte se sintió débil por permitirse esos sentimientos humanos, pero fueron más fuertes que él. Soltó a Santa, y se alejó rápidamente, rumbo a su casa.

Debía actuar de prisa. Sin que nadie lo notara, tomó el radar y se fue a buscar las esferas del dragón. El sólo imaginarse a Trunks llorando le dio una velocidad que nunca hubiera soñado siquiera, y en pocos minutos ya había reunido las siete esferas. Invocó al dragón, y su primer deseo fue restaurar todo lo que había destruido ese día. No sabía qué más pedir, y luego de pensar un rato… ¡qué diablos! pidió que la niña que lo vio olvidara lo ocurrido.

Al fin, todo estaba arreglado. Regresó a su casa justo a tiempo, faltaba muy poco para medianoche. Vegeta pensó que tal vez podría acostumbrarse a la Navidad. Después de todo, es tan sólo una vez al año. Bulma le dijo: «Vegeta, ¿dónde estabas? Vas a tener que ayudarme, mi padre no podrá venir».

Demonios. Primero destruye la navidad, luego la salva, y ahora le vienen con insensateces. ¿Qué rayos le importaba a Vegeta que su suegro no viniera? Pero poco después deseó fervientemente que el Doctor Briefs llegara, ya que no había nadie más que se disfrazara de Santa Claus…

Kakaroto – Capítulo 5

Capítulo 5: «Incertidumbre»

Fanfic: Kakaroto

Videl vuelve con los niños cuando ve salir con caras largas al grupo. Tiene deseos de preguntarle a Gohan el porqué de estas expresiones, pero se detiene al ver que la de él es peor o igual.

Guiados por Bulma, se dirigen a la salida. Ya se habían puesto de acuerdo para reunirse al día siguiente y discutir el ‘problema’.

Están llenos de preocupación, dolor, tristeza y, en el caso de Goten, confusión y culpa. Caminan silenciosamente. Para llegar a la salida, atraviesan el jardín interior de la corporación, que aún tiene los restos de la fiesta de esa tarde, los agujeros en la pared, las mesas volteadas, las enormes torres de platos y la mesa con los álbumes fotográficos con los que se divirtieron tanto.

Pasando junto a esta mesa, un dinosaurio que olfateaba curioso saluda a Goten con un movimiento de cabeza, feliz de verlo; había jugado con él en la fiesta, Goten responde a su saludo con una triste sonrisa.

Como para invitarlo a jugar de nuevo, el dinosaurio gruñe estruendosamente.

El ruido de su gruñido hace que todos volteen. Con la fuerza del aliento del enorme animal, los álbumes se abren y de ellos salen volando las fotografías en todas direcciones y llueven sobre el grupo.

El destino cruel se burlaba de ellos.

Donde vieran había una fotografía, y en la mayoría de éstas se encontraban a su amigo Goku, de todas las edades, con cola o sin cola, peleando, entrenando, comiendo, como un adulto o un inocente niño, pero en todas con su sonrisa, su expresión alegre y despreocupada, igual a la que mostraba hacía unas horas, pero totalmente diferente al frío y fiero mirar que ahora debía tener.

No podían huir de esa imagen, no había a donde desviar la vista, sólo podían agachar la cabeza y cerrar los ojos.

Bulma, casi a punto de llorar, se cubre la cara. Vegeta se para a un lado de ella, no la abraza, ni le dice una palabra de consuelo, la simple cercanía, el hacerle saber que él estaba con ella, es su forma de consolarla.

Goten y Gohan estaban igual de tristeza. Pero a cada uno una mano en el hombro los apoyó: a Gohan, Videl y a Goten, Trunks.

Para Chichi esto es el acabóse. Está de espaldas al grupo, sus ojos y labios tiemblan imaginando que tal vez esas fotografías serían los únicos lugares en donde lo volvería a ver de esa manera, tan inocente, tan… tan… tan Goku, siempre dispuesto a dar una sonrisa y ayuda a quien lo necesitase.

Ya no puede más… Voltea, todos consolados por alguien, Vegeta a Bulma, Videl a Gohan, Trunks a Goten, 18 a Krilin, Ten Shin Han a Chaoz… todos tienen a alguien… menos ella… Comienza a sentir un vacío y frío que no había sentido jamás, necesitaba un abrazo, alguien que sólo la dejara llorar en su hombro y que le dijera que todo saldría bien… es demasiado pedir en esa situación.

«Bulma… ¿no te molesta que nos quedemos hoy? Estoy un poco cansada» –pide con la voz como un hilo y tratando de que no se le quebrara.

Bulma no se sorprende de la petición, de la súplica, de su amiga.

«Claro. Goten, tú puedes quedarte en el cuarto de Trunks. Gohan, Chichi, síganme» –les dice. Voltea hacia los demás–. «Hasta mañana, muchachos».

Nadie le contesta, y ella no esperaba una contestación. Trunks lleva a Goten, que ésta como zombie, a su cuarto. Bulma guía a Gohan y a Chichi a sus habitaciones.

En el jardín, todos se retiran de nuevo, pero antes de irse, a Krilin le llama la atención una foto. La recoge y observa más detenidamente. Es de cuando entrenaban juntos él y su amigo con Kame Sennin, ambos aparecen bastante cansados y golpeados, despues de un entrenar JUNTOS todo el día.

Comienza a reír. Todos lo miran extrañados. Calma su risa y observa la fotografía con una sonrisa, a pesar de que sus ojos expresan tristeza.

«No les he contado cómo fue que conocí a Goku… Caí cabeza abajo en la arena y él me sacó, ja, es gracioso… yo nunca le di las gracias por eso» –lo dice como si fuese una broma.

«Krilin…» –calla el maestro sabiendo del dolor que Krilin expresaba tras esas palabras.

«Claro…» –continúa–. «Después se las di por revivirme, por salvarme la vida a mí, al planeta, a la humanidad, pero nunca le agradecí que me sacara de la arena ese día» –cierra los ojos con unas pequeñas perlas de lágrimas saliendo de ellos. Arruga la fotografía que tenía en sus manos al cerrar el puño… acababa de perder a su mejor amigo.

Se dirige a la puerta, todos lo siguen, cuando aparecen en escena Mr.Satán, Mr.Boo y la Sra.Brief volviendo de comer. Los pobres ingenuos que no sospechaban los hechos.

«Los pastelillos estaban deliciosos» –dice de lo mas contento el monstruo rosa.

«Ay, Boo, eres un glotón, jajajaja» –continúa con su risa histérica hasta que voltea a ver las caras de funeral que tenían los demas–. «¿Qué les pasa? ¿Ya nos vamos? Tanto que nos estábamos divirtiendo Boo y yo aquí».

Nadie le contesta, pero su hija le lanza una mirada de ‘por favor, cállate’. Con su enorme intuición, no se da cuenta de esta mirada, pero sí nota que faltan personas en el grupo.

«Oigan, ¿y dónde está la anfitriona? No me he despedido, no quiero ser maleducado».

«Papá, vamos» –le dice su hija, jalándolo.

«Oigan, tampoco veo a Goku ni a su familia, ¿no me digan que aún no se recupera? Tal vez si le llevamos algo de comer, se sienta mejor» –Va hacia una mesa y toma una bandeja con bastantes postres–. «Vamos, Boo. Conociendo a Goku, de seguro esto lo pondrá sano antes de que nos demos cuenta, jaja» –Se dirige con la charola hacia el jardín para ir al cuarto donde pensaba que estaba el ‘enfermo’.

Su hija lo detiene del traje.

«Papá, no se siente mal, no esta ahí, vámonos» –dice su hija tratando de callarlo.

«¿No está ahí? ¿Dónde está? ¿Qué pasó?» –preguntó.

Videl iba a comenzar a contarle, pero se detiene al ver las caras de sus extraños amigos. En ese momento no deseaban hablar de nada, mucho menos de eso, y debía respetar el dolor ajeno.

«Luego te explico, vámonos».

«Pero…».

«Vámonos» –gruñe amenazante.

Lo jala y se lo lleva hacia la salida. Mr. Boo los sigue.

Todos se van. Nadie sabía qué sucedería el día de mañana, sólo sabían que enfrentarían el ‘problema’ juntos, como habían hecho con otros, pero esperaban no tener que solucionarlo de la misma manera que muchos.

Mientras Chichi, Gohan y Bulma atravesaban en fila india uno de los tantos pasillos de la Corporación…

Se detienen junto a una puerta. La mujer de cabello azul presiona un interruptor y la puerta se abre automáticamente.

«Puedes dormir aquí, Gohan» –le ofreció Bulma.

El joven entra a la habitación.

«Buenas noches, Bulma. Hasta mañana, mamá».

«Buenas noches» –contesta.

«Hasta mañana, hijo».

El muchacho entra en la habitación y presiona el interruptor desde adentro para cerrar la puerta.

Bulma deja a Chichi en la habitación de al lado de la de su hijo.

«No te preocupes, Chichi, todo se solucionará, ya verás».

Ella no comenta nada, sólo entra en la habitación. Cierra la puerta tras de sí, no enciende la luz, da unos pasos dentro de la impecable, pero fría habitación de huespedes. Por la oscuridad, no se distingue ni su rostro, sólo una tenue luz creada por los postes de luz que se filtraban por la ventana dejaba observar su silueta en medio de la oscuridad. Esta misma luz permite observar el brillo de una pequeña lágrima que resbala por su cara.

Dentro de sí era un caos total, por un lado sabía que esa persona que la golpeó no era la persona con que compartió su vida tantos años, y al mismo tiempo guardaba la esperanza de que hubiera un rastro, una sombra de él.

Ya lo había perdido tantas veces, pero esto, esto es una pérdida total. Las otras ocasiones sabía que se encontraba entrenando, viviendo aventuras, comiendo, incluso muerto podía imaginarse que él la recordaba y la extrañaba, que sus rezos le llegaban, que su presencia en espíritu le daba fuerzas para seguir sola, pero ahora ni siquiera ese pequeño consuelo le queda.

No era nada justo, ahora que por fin había vuelto a casa, esos últimos años después de la batalla con Boo, su sueño se había cumplido, estaba en casa con ella y sus hijos, su hijo menor tenía un padre, y ella, después de tantas penas, tenía lo que más anhelaba, su familia y su compañero…

En su habitación, Trunks, tratando de ser amable, él mismo destiende el saco de dormir de su amigo, le da ánimos y le ofrece que juegue con sus juguetes favoritos, pero nada logra sacarlo de su estado de ánimo triste y culpable.

«Goten, ¿quieres jugar con el robot que me construyó mi abuelo?».

Menea su caída cabeza negativamente.

«¿Quieres jugar con mis juguetes nuevos?».

Menea nuevamente la cabeza negativamente. Nada de lo que hiciera lograba cambiar su expresión.

En ciudad Satán, Videl les explica la situación a su padre y a su rosado amigo, o eso trata de hacer, pues no comprenden nada y no pudo darles más detalles.

«¡¿QUÉEEEEEEEEE?! ¡¿QUE GOKU QUÉEEEEE?!» –gritó histerico Mr.Satan–. «¡¡¡NO PUEDE SER!!! ¡¿Ahora quién salvará el mundo para aumentar mi fama?!».

*Pobre Gohan…* –piensa preocupada Videl, sin hacer caso al ataque de histeria de su padre–. *…Iré a mañana a ayudarlo… Después de todo, la Gran Sayaman no puede quedarse al margen…*

«Un momento…» –reflexiona Mr.Satan–. «Si Goku se volvió malo… querrá pelear con la persona más fuerte del planeta… o sea, ¡YO! ¡¡¡NO PUEDE SER!!!» –continúa gritando solo–. «¡¡¡TENGO QUE ESCONDERME!!!» –dice de lo más cobarde–. «Boo, ¡TÚ ME DEFENDERÁS!».

«Papá… no creo que piense en ti…» (-_-U)

Bulma vuelve de mostrarle su hospedaje a los Son. Entrando en su habitación, ve a su esposo con su típica e inexpresiva cara. A pesar de eso, ella podía jurar que noto un pequeño aire de desánimo en él.

Por unos instantes, ninguno dice nada.

Ella rompe el silencio.

«No era cierto lo que dijiste hace un momento, ¿verdad?» –pregunta tranquilamente.

Él no contesta. Su silencio confirma su pregunta.

«¡No pensarás atacarlo!».

«Haremos lo que debamos» –contesta secamente.

«¡Lo que debamos!» –repite Bulma molesta–. «¡Lo que deseas es acabar con Goku! Como ahora ya es más débil, podrás derrotarlo fácilmente como siempre has querido… ¡Cómo eres capaz de pensar en eso en estos momentos!» –le reclama furiosa.

A él el comentario le molesta. Pensó que después de tantos años ella entendía que el que no se expresase como los demás humanos, no quería decir que no se sintiera igual, o peor.

«Sabes que no es él» –reafirma en el mismo tono.

«Pero… pero…» –contradice angustiada–. «Ustedes quieren destruirlo sin más ni más» –le dice desquitando su frustración en él–. «¡Qué rápido olvidan lo que ha hecho por nosotros! Él no… no podemos… ¡ni siquiera lo merecen como amigos!… Ni yo tampoco» –le dice con su voz quebrándose–. «¡¿Por que?! ¡¿Por qué le tiene que suceder a alguien tan bueno como él?! Por qué…».

Él entiende lo que le sucede, pero no está en discusión el luchar o no en contra de un enemigo como era ése.

«No hay otra solución. Lo entiendes, pero no quieres aceptarlo» –le contesta. Recuerda las palabras de ella de hacía unas horas, lo mucho que significa para ella su casi hermano, amigo de tantos años–. «Si hay otra manera, la hallaremos».

«¡Claro que la hallaré!» –dice ella, decidida. Seca sus lágrimas–. «Debe haber alguna manera, no perderé las esperanzas».

Vegeta no pude evitar sonreír, no recordaba que su esposa era demasiado fuerte y terca para dejarse caer sin luchar, pero a pesar de eso no debía dejar a un lado la realidad. Kakaroto no tiene ni piedad, ni sentimientos, ni lealtad, sólo la meta de matar, y no podrían controlarlo más que por la fuerza.

En un lugar alejado, un herido, cansado y hambriento guerrero se refugia en un oscura cueva para continuar, luego de que se recupere, con una batalla pendiente, especialmente en contra de aquel muchacho, es una humillación que supere sus poderes. Se acuesta en el duro suelo para descansar… mañana tendría tiempo para arreglar ese asunto…

Gohan dando vueltas en su cama sin conciliar el sueño.

Chichi, cansada de llorar, dormida.

Goten, desanimado, dando vueltas una y otra vez los hechos en su mente, con la culpa llenándolo.

A miles de Kilómetros de ahí, en una pequeña isla, Krilin.

En un departamento en una ciudad, una estrella del Beisball.

En una cabaña en unas alejadas montañas, un dúo de amigos.

En un templo más allá de las nubes, un joven dios.

Todos ellos sin saber qué sucedería, temiendo y llorando la pérdida una gran persona, amigo, guerrero y compañero, y peor aún, sabiendo que es sólo el principio, no saben qué sucederá, ni si serán capaces de hacer lo que están obligados a hacer. Todo había pasado tan rápido, tantas cosas sucederían, pero… olvidaban a alguien, una persona fuerte que no se dejaría derrotar como ellos lo hacían…

Kakaroto – Capítulo 4

Capítulo 4: «Explicaciones»

Fanfic: Kakaroto

El príncipe Sayajin logra adelantarse al ataque. Trata de detener la brillante esfera con sus manos, pero se encuentra cansado y herido de su lucha de la tarde. La fuerza del ataque comienza a hacerlo ceder, voltea y ve la capital del oeste y, sin tener otra salida, recibe el ataque directamente, quedando en peor estado del que se encontraba.

«[¡Qué! ¿Por qué hizo eso, majestad?]» –le preguntó confundido.

La actitud de su, aunque lo negase, amigo, comenzó a poner nervioso al príncipe. Primero ataca a su familia y al montón de bobos que tiene como amigos. Luego, ¡habla en Sayajin!, le dice príncipe, lo trata con respeto y trata de destruir una ciudad. Une las piezas del rompecabezas en su mente y encuentra la respuesta.

«[No tengo intenciones de destruir aún esta ciudad, Kakaroto. Unos de nuestros aliados se encuentran ahí]».

Kakaroto se muestra un tanto desconfiado con la respuesta, pero asiente.

«[Entiendo]» –luego lo observa un poco extrañado, y su atención se centra en él en busca de algo–. «[¿Dónde esta su cola?]» –pregunta.

«[Es una larga historia, sígueme…]».

«[Sí, majestad…]».

Vegeta se dirige a la Capsule Corp. Ya había hecho la primero, tranquilizarlo. Ahora debía engañarlo y llevarlo con su esposa y los demás para encontrar una explicación a toda esta absurda situación. No continúa con sus pensamientos: un ataque peor que el anterior le llega de lleno por la espalda. El cobarde ataque de su supuesto subordinado lo hace caer de golpe al suelo.

*éste no es el cruel y frío príncipe sayajin. no tiene cola, trata de salvar a las basuras…, se comporta como uno de esos seres inferiores* –piensa Kakaroto.

«¡¿Quién eres?!» –gruñe una voz a sus espaldas.

Era el muchacho idiota que había dejado fuera de combate.

«Te felicito, muchacho. Te recuperas rápido».

«¡Te hice una pregunta!».

«¿Quieres saber el nombre de quién te matará? Muy bien, soy una persona muy benévola, así que te cumpliré ese deseo. Mi nombre es Kakaroto».

«¡¿Qué?!».

«¿Además de estúpido eres sordo?».

«No puede ser» –se dice Gohan, tratando de entender la situación.

«Basta de charla…» –dice el Sayajin puro.

Comienza a atacarlo, Gohan reacciona, pasa a su transformación mística y se defiende.

«No cometeré el mismo error» –dice el joven, decidido.

Lo ataca, lo ataca de verdad. Pronto su padre se ve en una obvia desventaja y sólo alcanza a esquivar difícilmente los golpes. A su hijo le sorprende que ni siquiera se transforme en SSJ.

Gohan está decidido a detener a éste, fuera quien fuera. No era su padre, pero sí un peligro.

Kakaroto, por su parte, comienza a verse en dificultades. Ese muchacho lo estaba haciendo puré. Como último recurso, deja que la fuerza de un golpe lo lance lejos en el aire. Concentra energía en su mano, pero no es la azul de su Kame Hame Ha, era un gran aro de energía anaranjada con pequeñas descargas eléctricas saltando de ella. Se la lanza.

Él la esquiva sin dificultad. Pero la energía cambia de curso abruptamente, formando una curva hacia la ciudad. El joven ve con ojos asesinos a su atacante, a su padre. Éste lo mira con una ligera sonrisa.

Gohan va y de un golpe desvía el ataque hacia las montañas cercanas a la Capital del Oeste.

Cuando trata de sentir el Ki de su oponente, éste ha desaparecido su presencia.

«Rayos…».

Preocupado y confundido, recoge el cuerpo de Vegeta y se dirige a la Corporación. En el camino ve a sus lastimados amigos. Desciende junto a su maestro.

«Señor Piccoro» –lo llama preocupado.

Éste comienza a reaccionar al escuchar la voz de su discípulo. Se incorpora con un poco de dificultades.

«Qué bueno que esté bien, Señor Piccoro».

El Namek se cura con su propia magia y luego ayuda a los demás. Por último, cura a Vegeta.

Todos están confundidos.

«Esto no está nada bien» –comenta Krilin, apretando sus puños preocupado.

«Creo que ése no era mi padre».

«¿Crees que sea otra persona la que nos atacó?» –dijo Yamucha.

«Tal vez sea un clon o algo así. Recuerden que ese doctor Gero tomó células de él» –comentó Ten Shin Han.

«No puede ser que tenga el mismo Ki».

Vegeta se pone de pie. Está de espaldas a ellos.

«¿Tú que piensas, Vegeta?».

«Ése… era Kakaroto».

«Es lo que estamos pensando. Tal vez esté confundido solamente» –dijo sin darle importancia a la afirmación de Vegeta.

«O tal vez este enfermo» –dice inocentemente Chaoz.

Vegeta crispa los puños y voltea a verlos exasperado.

«¿Acaso no entienden? ¡No era Goku, como lo llaman, ése era KAKAROTO!».

«¿A qué te refieres con eso, Vegeta?» –pregunta Piccoro.

«Es el Sayajin que llegó a la Tierra hace años, el que era antes de perder la memoria, que acaba de recuperar».

«¡QUÉEEEEE!» –exclaman sorprendidos todos.

«No es cierto, es imposible» –dice Krilin.

Gohan comienza a analizar los hechos. Todo coincidía.

*»mi nombre es kakaroto»*

«No…».

«Eso no es posible, Vegeta. Él aún recuerda cómo pelear y algunas de sus técnicas» –dice Piccoro, escéptico.

«La pelea es parte del lado Sayajin de Ka—… de él. Es parte de su instinto latente de guerrero».

«Pero no se transformó en SSJ, y tú siempre dices que un Sayajin lucha con todas sus fuerzas. Además de que su Ki era más débil de lo normal».

«Hace falta más que fuerza para transformarse…» –dice Gohan, recordando cómo su padre se lo había dicho en la habitación del tiempo. Él no lograba convertirse y aún así se mostraba paciente con él.

«Entonces… él no es Goku» –dice 18, que también estaba recuperada.

«Así es» –dijo con no muy buenos ánimos el Príncipe.

Nadie dice nada. A todos les cae la noticia de bomba.

«Vayamos a la Corporación. Los demás deben estar preocupados» –dice secamente Gohan. Los demás emprenden el vuelo hacia el lugar.

«Ay…» –18 trata de elevarse, pero no lo logra y cae al piso sentada.

Krilin lo nota y va hacia ella.

«¿Te pasa algo?».

«No puedo volar».

«¡Qué! Qué extraño, Piccoro te curó».

«Pero sólo mi parte humana. Mis circuitos deben estar dañados».

«Ya veo… ¡Tendré que llevarte yo!» –dijo ofreciéndose a hacer tan enorme ‘sacrificio’.

«Qué más nos queda… ¡Pero no creas que porque estoy más débil vas a aprovecharte!» –le advierte su esposa.

Él la carga en sus brazos y van con los demás y les dicen el porqué de que la cargue.

«Vaya, Krilin, esto es igual que en la batalla con Cell. ¿Recuerdas cómo insististe en cargarla?» –comenta divertido Yamucha.

«Sí» –contesta un poco sonrojado Krilin. 18 no dice nada, pero también se sonroja.

Llegan con el preocupado grupo en la Capsule Corp. y les cuentan lo que sucedió.

«¿Por qué hizo eso mi papá?» –pregunta Goten.

Trunks nota la tristeza de su amigo.

Gohan intercambia miradas con Videl. No necesita palabras ni telepatía para darse a entender con ella.

«Vamos, niños, dejemos que hablen a gusto». –La muchacha se los lleva de la habitación, cosa que no les gusta a los pequeños, pero ante la actitud tan grave de todos, no era momento de hacer berrinche.

Vegeta les explica su teoría, más bien la realidad.

«Esto es una desgracia… Nunca pensé que algo así sucediera» –dijo el maestro Rochi.

«Nadie lo esperaba» –comentó triste Bulma.

«Vegeta, nos contaste que él te habló en lenguaje Sayajin. Eso no es posible, él era un bebé cuando se golpeó la cabeza» –argumentó Ten-Shin-Han viendo una esperanza de que no fuese cierto lo que Vegeta decía.

«Las naves de los bebés que son enviados a planetas lejanos tiene un dispositivo que les enseña de manera inconsciente a los soldados el lenguaje, información de la familia, técnicas, imágenes de los gobernantes para asegurar lealtad, y por último les implantaban la misión de matar» –explica el Sayajin.

«Es por eso que nos atacó…» –dijo Lunch.

«¿No hay manera de devolverle la memoria?» –pregunta Gohan.

«No, es imposible. Aunque no nos guste y lo neguemos, Goku era originalmente la persona que vimos hoy… y no podemos hacer nada… Él nunca volverá».

Esas palabras causan que la preocupación e impotencia de todos se convirtiera en pesar y melancolía por esa persona tan especial que conocían y que al parecer ya no verían jamás.

«En ese caso debemos detenerlo… Es un peligro. Escapó y no logró hacer muchos daños ahora, pero su objetivo es matar…» –dijo Piccoro.

«¡Piccoro!» –dijo Bulma.

«…debemos… detenerlo…» –repitió Krilin sin creerlo.

«Ahora debe estar cansado después de tanta lucha. Se esconderá, pero mañana despertará y destruirá la primera ciudad que encuentre» –dijo Gohan.

Bulma no podía imaginar a su amigo cometiendo todas las atrocidades que sus amigos le habían contado.

«Sí, él no hará nada hasta mañana. Nosotros no podemos hacer nada tampoco. Vayan a casa y descansen. Pueden pensar en una solución y mañana nos veremos aquí para decidir lo que haremos» –dijo Bulma.

«O cómo lo atacaremos…» –terminó Vegeta.

El último comentario no le agrada a nadie, ni a él mismo.

«Compadezco a Goku si éstos son sus mejores amigos…» –dice Chichi tranquilamente con la vista fija en una ventana.

«Chichi… Lo sentimos mucho, créeme… pero hay que ver las cosas de manera fría, aunque nos duela» –dijo Yamucha.

«Lo único que veo es cómo se organizan para destruir a su supuesto mejor amigo» –dijo. Lo más escalofriante de todo es que, a diferencia de otras ocasiones, no gritó, no se desmayó, no tuvo un ataque de furia histérica, nada. Eso era lo peor: estaba tan tranquila… eso no es un buen signo en ella.

«Veámonos aquí mañana. Los acompaño a la salida» –dijo.

«Bulma… Sé que no es el momento, pero 18 tiene una descompostura por la pelea y…».

«Con gusto, Krilin» –dijo antes de que terminara.

«Mañana lo veremos, no te preocupes por mí» –le dijo 18, sintiendo el dolor de su esposo, que aún con ese pesar se encargaba de preocuparse por ella.

Todos salen de la habitación, la última en salir fue Chichi. Le da un último vistazo a la ventana en la que estuvo fija desde que despertó su compañero. Desde ella se podían ver las estrellas y el horizonte a lo lejos.

*Goku…*

N. de la A.: Bueno, traté de mejorar más este capítulo, porque el tercero no me quedó nada bien. En los siguientes capítulos no incluiré más notas para que no interrumpan la trama, pero ya va a empezar la época de mis exámenes, así que no escribiré en varios días, pero no se preocupen, en mis vacaciones de semestre les compensaré con varios capítulos. Bye. ^_^.